La Policía marroquí no está aceptando a los inmigrantes llegados a Ceuta que intentan ser entregados por la frontera del Tarajal tras alcanzar los arenales después de echarse a nado desde Marruecos.
Es una situación idéntica a la crisis que se produjo entre febrero y marzo de 2024, cuando el bloqueo de las devoluciones derivó en un aumento de las entradas por los dos espigones, tanto el de Benzú como Tarajal.
Aquella postura, que se extendió poco más de un mes, nunca fue explicada por el Gobierno central.
Oficiosamente sí se confirmó que fue la materialización a pie de frontera de un enfado tras una entrega de inmigrantes y una incidencia con uno en concreto, pero Interior regateó una pregunta de Vox en el Congreso para no dar un motivo de manera oficial.
Ahora, el malestar materializado en la no aceptación de inmigrantes anida directamente en la Policía marroquí y coincide con la petición de asilo de uno de sus agentes y la decisión de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional de aceptar como medida cautelar la dispensa de una protección hasta que haya resolución firme.
No hay confirmaciones oficiales al respecto, pero sí hechos que constatan por un lado la existencia de una realidad (el rechazo a esa devolución que se está produciendo a diario) y, por otro, la coincidencia espacio temporal con el caso de esa solicitud de asilo que, con esas características, nunca antes se había producido en Ceuta.
El Ministerio del Interior, a través de la Oficina de Asilo y Refugio que depende de él, rechazó aceptar esa solicitud de protección, así como el reexamen posterior. Esto llevó a que, vía recurso, el caso quedara judicializado, apoyándose la Audiencia Nacional en informes de ACNUR para autorizar la permanencia del agente en España y su libertad de movimiento por territorio nacional.
En el mar la situación no es la misma, la Marina marroquí está haciendo todo tipo de actuaciones, rescates e intervenciones de nadadores que buscan el cruce a Ceuta.
La colaboración existe. Incluso, de acuerdo con fuentes consultadas por este periódico, con más efectividad que antes con servicios a iniciativa propia interceptando salidas de embarcaciones como ocurrió la semana pasada con una lancha que se dirigía de Castillejos a Ceuta tras cargar a varios indocumentados.
Se detuvo al piloto, un español, y se abrió una investigación para ahondar en la búsqueda de colaboradores en esa trama de inmigración clandestina.
La cooperación que hay en el mar entre la Marina y el Servicio Marítimo de la Guardia Civil no se traduce con la esperada en tierra, ya que la Policía no acepta a ningún nadador que es conducido por la Guardia Civil tras haber llegado por sus propios medios a los arenales o haber sido conducido por embarcaciones a este punto.
Esta situación ha tenido unas consecuencias directas en las rutas de los nadadores, que se abren cada vez más para no cruzar directamente los espigones fronterizos, evitando así ser interceptados cerca y en el mar.
Esto aumenta el riesgo de morir en las travesías, ya que las distancias que deben nadar son mucho mayores. De hecho, ya no se arrojan al mar desde los puntos habituales próximos sino desde mucho más lejos y además lo hacen a cualquier hora del día, a plena luz, no aprovechando especialmente las madrugadas.
De momento, la situación no ha alcanzado los niveles de ese 2024, cuando el pico de llegadas tanto de adultos como de menores fue elevado, borrándose cualquier tipo de cooperación no solo en tierra sino también en mar.
Por aquel entonces, el Gobierno de España indicó que “las dificultades en los retornos efectivos” eran “diversas” y no “todas atribuibles al país de origen”. Nunca reconoció que existiera algún tipo de crisis con el país vecino.
Los gobiernos de España y Marruecos han confirmado en los últimos meses que atraviesan los mejores momentos de cooperación, algo que han significado por ejemplo en la reapertura de las aduanas y su funcionamiento.
En una última comparecencia de los ministros de Exteriores pusieron de manifiesto que no se había producido ningún problema entre ambos países, considerando esta etapa de las mejores en materia de colaboración.
A nivel Guardia Civil, es evidente que no hay aceptación como había ocurrido hasta hace unas semanas de los inmigrantes interceptados y trasladados. A nivel de Policía Nacional, algunas expulsiones pretendidas de marroquíes no han sido aceptadas.
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