La Península Ibérica experimenta un giro geológico constante en el sentido de las agujas del reloj, un movimiento imperceptible para sus habitantes pero de una relevancia colosal para la ciencia, que tiene en Ceuta, el Estrecho de Gibraltar y Marruecos el epicentro de sus mayores tensiones.
Bajo las aguas que separan Europa de África, la corteza terrestre libra una batalla de fuerzas donde los bloques continentales se empujan, se deforman y rotan en un baile tectónico que dura millones de años.
Esta región, conocida como la zona de transición Atlántico-Mediterráneo, es actualmente uno de los laboratorios geológicos más activos del mundo, donde el avance de la placa africana hacia el noroeste obliga a la tierra a reajustarse constantemente.
En el entorno más cercano a Ceuta, el panorama es especialmente dinámico. El llamado Arco de Gibraltar, que incluye las cordilleras béticas en España y el Rif en el norte de Marruecos, no se limita a recibir el impacto del choque de placas, sino que muestra un comportamiento independiente.
Los datos indican que mientras la mayor parte de la masa continental sigue el ritmo de las grandes placas, el bloque de Gibraltar se desplaza hacia el oeste, "invadiendo" el Océano Atlántico. Este fenómeno explica por qué el norte marroquí y el área del Estrecho registran una actividad sísmica recurrente, ya que es aquí donde se concentra gran parte del acortamiento de la corteza terrestre producido por la convergencia de los dos continentes.
Este complejo análisis ha sido liderado por el investigador Asier Madarieta-Txurruka, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), junto a un equipo multidisciplinar de expertos de instituciones como el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia y varias universidades españolas.
Los resultados de este estudio, titulados 'New insights on active geodynamics of Iberia and Northwestern Africa', han sido publicados en la prestigiosa revista científica Gondwana Research.
Para llegar a estas conclusiones, los autores han combinado el análisis de miles de mecanismos focales de terremotos con mediciones de alta precisión obtenidas mediante redes de satélites GNSS, logrando una resolución sin precedentes sobre cómo se estresa y se deforma el suelo que pisamos.
El estudio de Madarieta-Txurruka y su equipo define el límite entre las placas de Eurasia y África como una frontera "difusa", donde el Estrecho de Gibraltar actúa como una pieza clave.
A diferencia de otras zonas donde el choque es directo, en el sector de Gibraltar la geodinámica está influenciada por procesos profundos en el manto terrestre.
Los científicos sugieren que el hundimiento de antiguos fragmentos de corteza (conocidos como slabs) bajo el mar de Alborán genera un flujo de material que empuja al Arco de Gibraltar hacia el oeste.
Para Ceuta y las ciudades del norte de Marruecos, esto se traduce en una realidad geológica muy concreta: la región vive bajo un régimen de compresión constante.
Mientras que el centro de las Cordilleras Béticas en la Península Ibérica experimenta cierta extensión o "estiramiento" debido a estas fuerzas contrapuestas, el sector de Gibraltar y el Rif absorben el empuje directo, lo que se manifiesta en fallas activas y terremotos de magnitud baja a moderada que, ocasionalmente, pueden alcanzar intensidades mayores.
El hallazgo de que la Península Ibérica experimenta un giro geológico constante en el sentido de las agujas del reloj es uno de los puntos fuertes de la investigación.
Según los datos del campo de velocidades GNSS, este giro se estima en una tasa de entre 2 y 4 nanoradianes por año, lo que equivale a una rotación de aproximadamente 0,1 a 0,2 grados cada millón de años. Aunque la cifra parezca pequeña, en términos geológicos es suficiente para dictar el comportamiento de las fallas en toda la región.
Este movimiento rotatorio se debe en gran medida a la forma en que África golpea a Iberia. En el sector atlántico, frente a las costas del Golfo de Cádiz y Portugal, el empuje es oblicuo, lo que facilita que la Península Ibérica pivote.
Sin embargo, a medida que nos desplazamos hacia el Mediterráneo, la convergencia se vuelve más perpendicular, quedando Iberia "atrapada" contra el bloque europeo, lo que fuerza la rotación de su extremo suroccidental.
Para organizar la vasta información recopilada, los investigadores han dividido el límite de placas en cuatro sectores diferenciados, cada uno con su propia "personalidad" geológica:
La ciudad de Ceuta se encuentra integrada en el complejo del Rif, una cordillera que, según el estudio, es una de las zonas con mayores tasas de deformación de todo el área de estudio.
La investigación confirma que el Rif occidental se desplaza hacia el suroeste a una velocidad de hasta 3,5 mm al año con respecto al continente africano estable. Este movimiento es fundamental para entender el riesgo sísmico de la zona, ya que la energía acumulada por este desplazamiento se libera a través de fallas que atraviesan tanto el mar como la tierra.
El estudio destaca que, aunque en el pasado se pensaba que la zona del Estrecho funcionaba como un bloque uniforme, la realidad es mucho más fragmentada. La presencia de fallas activas con diferentes comportamientos (algunas de compresión, otras de deslizamiento lateral) crea un mosaico de riesgos que ciudades como Ceuta deben monitorizar de cerca para la seguridad de sus infraestructuras.
Aunque el foco principal es el Estrecho, la investigación de Madarieta-Txurruka y sus colaboradores también arroja luz sobre lo que ocurre lejos de las fronteras de placas. Sorprendentemente, zonas del interior de la Península Ibérica, como los Pirineos, o el Alto Atlas en Marruecos, siguen mostrando signos de vida tectónica.
En los Pirineos, la actividad no parece deberse al choque de placas actual, sino a un proceso de rebote isostático. Tras millones de años de erosión, la cordillera ha perdido peso y ahora se eleva lentamente para recuperar su equilibrio, lo que genera terremotos de baja intensidad y activa fallas normales.
Por el contrario, en el Alto Atlas, la elevación se atribuye a un ascenso del manto (material caliente del interior de la Tierra) que empuja las montañas hacia arriba, complementando el empuje de la placa africana.
Este mapa detallado de cómo la Península Ibérica experimenta un giro geológico constante en el sentido de las agujas del reloj no es solo un logro académico. Es, ante todo, una herramienta vital para la protección civil y la ingeniería sismorresistente. Al conocer con precisión qué fallas están bajo mayor estrés y hacia dónde se desplazan los bloques de tierra, se pueden predecir mejor las zonas de mayor riesgo.
Para las poblaciones del Estrecho, desde Ceuta hasta las costas gaditanas y malagueñas, entender que vivimos sobre una tierra que rota y se desplaza es el primer paso para convivir de forma segura con la naturaleza. La ciencia, gracias a trabajos como el publicado en Gondwana Research, nos permite hoy escuchar el latido de la Tierra con una claridad que hace solo unas décadas era inimaginable.
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