La madrugada y la mañana de este miércoles ha estado marcada por una serie de pequeños movimientos sísmicos, terremotos, registrados en el entorno del Estrecho, algunos de ellos perceptibles en distintos puntos de Ceuta debido a la cercanía de los epicentros y a la escasa profundidad a la que se produjeron.
Aunque la situación generó cierta inquietud entre algunos vecinos, los expertos insisten en que no existe riesgo para la población ni indicios de un terremoto de mayor intensidad inminente.
El Faro de Ceuta ha querido hablar con quienes saben de esto para que trasladen un mensaje a la ciudadanía. Esta es la explicación desde la geología.
Qué es lo que ha pasado
Según ha explicado el geólogo Manuel Abad, durante la noche y primeras horas de la mañana se registraron dos terremotos previos en la zona de M’diq y Cabo Negro, en Marruecos, ambos de magnitud 3,2, además de un tercer movimiento sísmico frente a Ceuta de magnitud 2,7.
Todos ellos se produjeron a poca profundidad y dentro de una misma dinámica tectónica habitual en el área del Estrecho de Gibraltar.

Abad detalla que estos fenómenos están relacionados con pequeñas fallas superficiales y con la actividad de la gran falla Azores-Gibraltar, el límite tectónico que separa las placas euroasiática y africana.
“Estamos en una zona de contacto entre placas y estos movimientos forman parte de su comportamiento natural”, explicó el especialista, quien quiso transmitir un mensaje de tranquilidad ante las dudas surgidas tras sentirse el temblor en la ciudad.
¿Un episodio de mayor consecuencia?
El experto recalca que estos seísmos “no deben interpretarse como precursores de un gran terremoto” y señala que la probabilidad de que desemboquen en un episodio de mayor magnitud es “muy baja”. Aun así, recuerda que en cualquier secuencia sísmica es normal que puedan registrarse pequeñas réplicas posteriores, aunque en este caso serían previsiblemente imperceptibles o de intensidad muy reducida.
Uno de los aspectos que más sorprendió fue precisamente que parte de la población pudiera notar los movimientos pese a tratarse de magnitudes bajas. Sin embargo, Abad aclara que la percepción de un terremoto no depende únicamente de su magnitud, sino también de otros factores como la profundidad y la distancia respecto al epicentro.
“Un terremoto de magnitud 3,2 es un terremoto pequeño. Puede sentirse y generar cierta inquietud, pero no tiene capacidad para provocar daños estructurales”, explica. En este caso concreto, los movimientos se produjeron a profundidades de entre dos y nueve kilómetros y algunos epicentros se localizaron a menos de diez kilómetros de Ceuta, una combinación que favoreció que las vibraciones llegaran a percibirse con claridad en determinadas zonas.
Diferencia entre magnitud e intensidad
El geólogo también diferencia entre magnitud e intensidad, dos conceptos que suelen confundirse cuando se producen este tipo de episodios. La magnitud mide la energía liberada por el terremoto, mientras que la intensidad refleja cómo se percibe en superficie y los efectos que puede ocasionar.
“Aunque la magnitud sea baja, si el epicentro está muy cerca y el terremoto es superficial, la población puede sentirlo con más claridad”, señala.
En cuanto a los posibles daños, Abad insiste en que la intensidad registrada fue muy baja, entre grado 2 y 3 en la escala de Mercalli, un nivel en el que únicamente pueden producirse ligeras vibraciones, pequeños movimientos de objetos o sensación de inquietud entre quienes se encontraban despiertos en ese momento.
Otro elemento que jugó a favor de Ceuta fue la composición geológica del terreno. Según explica el especialista, el sustrato rocoso sobre el que se asienta la ciudad dificulta la propagación de las ondas sísmicas y amortigua sus efectos. “Si Ceuta estuviera asentada sobre terrenos blandos, como arenas o fangos, la intensidad percibida habría sido mayor”, apunta.
Los expertos mantienen ahora el seguimiento habitual de la actividad sísmica en la zona, aunque recalcan que se trata de un fenómeno completamente normal en un entorno geológico como el del Estrecho. Mientras tanto, el mensaje sigue siendo de calma. “La Tierra es un sistema vivo y estos movimientos forman parte de su dinámica natural”, concluye Manuel Abad.






