Mujeres que se arman con lápices, ordenadores y papel. Ciudadanas de sociedades de las que, en Europa, solo nos llegan noticias de guerra. Ellas, autoras de cómics, representan la cultura y los movimientos sociales del mundo árabe. Estarán de visita por Ceuta este viernes.
A través de Pilar Garrido se dan a conocer en una conferencia organizada en el salón de actos del Campus. La actividad pretende abordar el género en su faceta como canal de protesta y reivindicación. Al mismo tiempo, busca ceder un altavoz a esas creadoras y romper la balanza a favor de contar desde su propia perspectiva.
La doctora en Filología Árabe considera que aún pesa una visión muy occidentalizada hacia todo el conglomerado de naciones que componen el mundo árabe. Estima que el cómic es un vehículo que facilita trasladar una imagen completa de los mismos.
“A mi parecer es una herramienta muy potente para transmitir conocimientos y sensibilizar. Incluye información y formación”, señala. “Usa palabras y diálogos muy cercanos a lo conversacional”, cuenta.
“Puede reflejar asuntos sociales, literarios o emocionales, pero, también puede añadir humor, ironía, estética y sumar todo ello al activismo social”, comenta. Esa amalgama de características lo convierte en un producto liviano y fácil de consumir.
Esos ingredientes abren un amplio abanico de posibilidades en los que se pueden abordar personajes históricos u otras cuestiones desde un prisma pedagógico. El hecho de ser un equilibrio entre lo visual y la narración hace que sea un “formato ideal” para enseñar.
No solo se sirven de cómics para relatos. Parten de ellos para lanzar mensajes contra las injusticias o para remover conciencias. “Las ‘comicteras’ que presento en la ponencia utilizan este lenguaje para hacer denuncias contra la tiranía. Incorporan también sus experiencias y sentimientos”, incide.
La intención de Garrido es mostrar que, en esas naciones no solo hay conflictos. Pretende exponer que también existen las expresiones artísticas y las voces críticas, entre ellas, las de las mujeres.
“Cuando uno se adentra en este formato en esos países, uno se da cuenta de que, ante todo, hablan de la cotidianeidad y de historias que ocurren en el entorno. Representan heroínas, personajes. La guerra también está en algunos casos, pero no es el tema principal”, asegura.
Percibe que, a diferencia de lo que se crea en estos territorios, cuando desde España aborda ese mundo árabe, siempre se vincula precisamente a situaciones de violencia armada.
Son muchas las que se acogen al cómic para reivindicar. La doctora en Filología hace hincapié en que una de ellas estará en las jornadas. Se trata de la autora Zainab Fasiki, nacida en Fez.
“Es una mujer que ha roto fronteras. Ha abordado escenas eróticas, carnales y de crítica social”, traslada. “Su labor como ilustradora es genial”, destaca. La joven es una figura emblemática del feminismo marroquí en redes sociales y ha sido reconocida con el Premio Amnistía Internacional por los Derechos de la Mujer.
Otras originarias de lugares como el Líbano, también tienen peso en la opinión pública. Es el caso de Lena Merhej, que ha escrito más de treinta y cinco publicaciones. Resalta también a Zeina Abirached, con raíces en Beirut y afincada en París.
No es tarea sencilla alzar sus ideas de forma pública. Sin embargo, Garrido matiza que depende mucho del contexto de cada región. “No vive la misma situación política y social la que es de Marruecos que la que está en Yemen ahora a antes, cuando era comunista”, asevera.
“Estas cuestiones habría que tenerlas en cuenta. Nunca es fácil en realidad hacer esa denuncia social en ningún lugar. Es cierto que depende del gobierno y del grado de desarrollo social”, expone.
Sin embargo, sí cree que existe una pequeña facilidad que no es otra que residir fuera de la tierra natal. La experta puntualiza que muchas de las artistas están en la diáspora por lo que puede ser menos difícil contarlo al estar alejadas del foco de sus reclamaciones.
“Es cierto que cuando uno está a salvo de ese entorno, dispone de un caldo de cultivo propicio para dar voz a esas ideas y mensajes”, expresa. “Influyen también las posibilidades económicas de cada uno y de qué estados valoran lo que es importante más allá del arte y del medio”, concluye.
El cómic ha llegado al mundo árabe para quedarse y, tras al menos cuatro décadas, cada vez más toma fuerza como altavoz de reflexiones de mujeres y de sus denuncias hacia injusticias.
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