Este lunes irán a juicio. No es el primero al que asisten y, por lo que se avecina, tampoco el último. Una familia de Ceuta tendrá que sentarse en el banquillo a raíz de las acusaciones de una hermanastra.
Es la segunda vez que se verán ante la ley. La mujer ya interpuso en su día una denuncia que se saldó con una sentencia absolutoria. El caso quedó sin condena por “una duda racional acerca de la veracidad de los hechos imputados”, sucesos que “no son legalmente constitutivos de delito leve alguno”.
Asimismo, se resaltó que “el juzgador solo cuenta con versiones contradictorias de las implicadas”. Se personaron en un juzgado en esa primera ocasión por una supuesta pelea en la que la hermanastra había recibido insultos como “guarra, puta y zorra”.

Orden de alejamiento
Actualmente tanto los afectados como la vecina que ha iniciado los procedimientos ostentan una orden de alejamiento mutua. Son tres los hechos que han llevado a dar parte de los mismos en comisaría.
El primero fue por la disputa citada, la segunda, por una supuesta agresión a dos de sus familiares y, la última, por haber roto un coche. “La denunciamos la última vez porque le dio con su coche al retrovisor del de mi hermana y porque fue a por mi padre”, indica a este medio.
El segundo altercado se produjo durante el apagón de electricidad e internet que sufrió el país. El relator de la versión de los hechos, aseguró en la declaración a la policía que su hermanastra se presentó en su domicilio y que pegó a su hermana junto a su hija, que la acompañaba.
Al mismo tiempo, dos desconocidos propinaron golpes al padre de todos los allegados involucrados en el suceso. Tras refugiarse de nuevo en su vivienda, fue testigo de cómo arrojó piedras a los vehículos de la familia.
Una agresión en Marruecos
El afectado, un hermanastro, asegura que el que más estragos sufre es el progenitor. “Le ha cogido miedo. No quiere salir a la calle”, asegura. De hecho, según su versión, también lo ha seguido en Marruecos.
El hombre de 78 años de edad cuenta con una segunda casa en el país vecino. Un día ella viajó hasta la puerta de la residencia. La visita se saldó con una agresión y con la consiguiente denuncia. “Lo único que queremos es vivir tranquilos”, manifiesta.
El afectado sospecha que la circunstancia actual parte de un interés por la propiedad del progenitor. Este es el dueño de una finca en la barriada del Príncipe. La misma está compartimentada en varios pisos, uno ocupada por la hermanastra.

Desde febrero
Los problemas comenzaron cuando, el narrador de esta versión de los hechos, se mudó al domicilio en la planta superior. Fue en febrero cuando comenzaron las disputas, los gestos y miradas.
El varón cuenta que, ante la inseguridad que le producía a él y a sus seres queridos las circunstancias, decidieron vender las casas e irse a otro lugar. Se encuentran en otro vecindario, pero temen que dé con su paradero.
Lamenta todo lo sucedido, pero aún más que su progenitor lidie con ello. “Tiene un pase que nos lo haga a nosotros, pero no tiene perdón de dios que cargue contra su padre”, señala. “No queremos nada de ella, solo que nos deje en paz. No sabemos ya qué hacer”, incide.
Este vecino incluso asegura que vino a su vivienda una mujer a practicar brujería. Él considera que fue enviada por la allegada con la que existe el conflicto desde hace meses. La razón que lo lleva a exponer públicamente su versión del relato es, precisamente, la búsqueda de una tregua con ella.






