Aduaneros destinados en el paso de Bab Sebta -el lado marroquí de la frontera que separa Marruecos de Ceuta- han abortado esta tarde una operación de tráfico de pastillas psicotrópicas.
Tal y como informa el medio achtari24.com, en un control policial ejercido sobre un vehículo que entraba desde Ceuta en el vecino país fueron localizadas 30.285 pastillas que eran transportadas en un coche matriculado en el extranjero.
Según datos oficiales, la Brigada Regional de la Policía Judicial de Tetuán abrió una investigación judicial bajo la supervisión de la Fiscalía para esclarecer las circunstancias y detalles de la operación, tras la detención de un ciudadano marroquí de 39 años que era el que introducía la carga.

Colaboración
La operación fue el resultado de una estrecha coordinación entre los agentes de la Seguridad Nacional y los servicios de Aduanas que operan en el puesto fronterizo.
Las medidas de control y la inspección minuciosa permitieron descubrir las pastillas, que estaban escondidas en el coche, que ha quedado también decomisado.
El sospechoso fue puesto bajo custodia policial a disposición de la investigación judicial, a la espera de avanzar más en las investigaciones para saber qué personas pueden estar detrás.
Esta operación se enmarca en los esfuerzos continuos de las fuerzas de seguridad para combatir el tráfico ilegal de drogas y proteger a la sociedad del peligro de las sustancias que afectan la mente.
Bab Sebta
El cruce de Bab Sebta, que conecta directamente con Ceuta, es uno de los puntos más sensibles del mapa de seguridad marroquí. Es una frontera viva, con miles de movimientos diarios, tanto legales como ilícitos.
Aunque el control se ha reforzado, la ingeniería del contrabando siempre encuentra nuevas formas de colarse.
En este caso, la intervención rápida de los agentes permitió evitar que las pastillas llegaran a manos de consumidores. Pero no es un hecho aislado.
Las pastillas como el Rivotril se han convertido en un negocio rentable para las mafias del narcotráfico, que ya no solo apuestan por el hachís o la cocaína, sino también por medicamentos que, fuera de control médico, se transforman en una amenaza social.






