La frontera sur de Europa volvió a ser escenario indirecto de un nuevo intento de tráfico de drogas frustrado. En la noche de ayer, las autoridades marroquíes detuvieron a un hombre que intentaba introducir 54.000 pastillas de Rivotril a través del cruce fronterizo de Bab Sebta, el lado marroquí del paso terrestre que separa la ciudad española de Ceuta y Marruecos.
El sospechoso, de 34 años, circulaba al volante de un vehículo con matrícula extranjera. Su actitud levantó sospechas entre los agentes de Seguridad Nacional y Aduanas, que no tardaron en ordenar una inspección a fondo. Lo que encontraron dentro del coche confirmaba sus temores: decenas de miles de comprimidos de Rivotril cuidadosamente escondidos en compartimentos ocultos fabricados expresamente para burlar la vigilancia.
Rivotril: una droga legal convertida en amenaza
Las pastillas incautadas no eran cualquier cosa. Se trataba de Rivotril, un medicamento de uso sanitario que, fuera del circuito médico, se ha convertido en una de las drogas más buscadas en el mercado negro marroquí. Sus efectos sedantes y alucinógenos lo han situado en el punto de mira de las autoridades, que en los últimos años han visto cómo su consumo se dispara, sobre todo entre jóvenes.
Según fuentes de seguridad citadas por el medio local Tanja24, este alijo tenía como destino final el mercado interno. Se sospecha que formaba parte de una operación ligada a redes internacionales de tráfico de psicotrópicos, muchas de ellas activas en los entornos portuarios y fronterizos del norte del país.
Un coche, una frontera y un plan que salió mal
Todo comenzó con un control rutinario en el puesto fronterizo de Bab Sebta. El conductor, que pretendía pasar desapercibido, despertó las alertas por pequeños gestos y movimientos que no encajaban. Al inspeccionar el vehículo, los agentes se toparon con huecos artificiales en la carrocería: trampas perfectas para esconder droga.
Dentro de esos escondites viajaban las 54.000 pastillas. El peso, el volumen y el tipo de embalaje hacían evidente que no se trataba de un cargamento improvisado. Detrás había una logística pensada para cruzar la frontera sin dejar rastro.
Investigación abierta en Tetuán por las pastillas
Tras el arresto, el sospechoso fue puesto a disposición de la Policía Judicial de Tetuán, que ahora lleva las riendas de la investigación. Todo se desarrolla bajo la supervisión de la Fiscalía competente, que deberá determinar si hay más implicados, identificar posibles ramificaciones de la red y esclarecer si el detenido actuaba como mero transportista o tenía un rol más relevante.
Los investigadores tratan de trazar conexiones entre este alijo y otras operaciones recientes detectadas en puertos y pasos fronterizos, donde el tráfico de psicotrópicos ha crecido de forma preocupante.
Bab Sebta, un paso vigilado pero vulnerable

El cruce de Bab Sebta, que conecta directamente con la ciudad española de Ceuta, es uno de los puntos más sensibles del mapa de seguridad marroquí. Es una frontera viva, con miles de movimientos diarios, tanto legales como ilícitos. Aunque el control se ha reforzado, la ingeniería del contrabando siempre encuentra nuevas formas de colarse.
En este caso, la intervención rápida de los agentes permitió evitar que las pastillas llegaran a manos de consumidores. Pero no es un hecho aislado. Las pastillas como el Rivotril se han convertido en un negocio rentable para las mafias del narcotráfico, que ya no solo apuestan por el hachís o la cocaína, sino también por medicamentos que, fuera de control médico, se transforman en una amenaza social.
Marruecos intensifica el cerco a las redes de droga
Las autoridades marroquíes llevan meses aplicando una estrategia de presión constante sobre los puntos clave del norte del país. Puertos como Tánger, Nador o Alhucemas y pasos fronterizos como Bab Sebta están en el centro de una campaña para frenar el tráfico de drogas sintéticas y medicamentos convertidos en estupefacientes.
La operación de este 31 de julio se enmarca dentro de esa ofensiva. Y aunque el alijo no logró cruzar la frontera, el mensaje queda claro: el tráfico de drogas sigue muy presente, y Ceuta y su entorno inmediato siguen siendo zonas calientes en las rutas del narcotráfico internacional.






