Se ha presentado este miércoles ante la puerta de la dirección provincial de Ceuta. Papel en mano y con la mirada en alto, ha contado a viva voz el problema que arrastra su hija autista en su centro educativo.
Tras una reunión en vano, Milagros García ha denunciado públicamente la falta de medidas efectivas para que Miranda reciba la educación digna que merece. Desde hace un mes trata de lograr que sea trasladada desde el CEIP Lope de Vega a San Antonio, un centro donde considera que verdaderamente puede amoldarse a su neurodivergencia.
La falta de unos refuerzos que permitan a la menor hacer un seguimiento de clase sin cambios en su rutina, un requerimiento esencial en este tipo de espectro, y de posibilidades de participar en actividades como eventos de Carnaval o Navidad unidas al acoso escolar son las que han empujado a esta madre a recurrir a los medios.
Negación
Tras la negación de su petición para desplazarla al centro de educación especial, se ha decantado por dar a conocer su historia. Esa ausencia de un programa efectivo que la ayude a proseguir en su camino educativo la ha llevado incluso a arriesgar su vida.
Miranda sufrió un episodio de ansiedad. Cerraron la puerta del aula y, ante la situación, la niña se encaramó a una de las ventanas. Este capítulo marcó un antes y un después en el seno de la familia. A partir de ahí decidieron solicitar el traslado.
“Marca un límite muy claro. Después de un riesgo vital real no hay margen para experimentos. Desde ese momento, este centro, a pesar de todo el apoyo mostrado por parte de su equipo directivo, que nos atendió al día siguiente y sin horas, no puede garantizar la integridad física y emocional de nuestra hija”, ha indicado la progenitora de la menor.

Lo que sí le han ofrecido es un cambio de modelo educativo para ella, pero estima que en su caso no es suficiente. “Es inverosímil que eso se modifique, pero no se la traslade de y que siga en un colegio ordinario sin las ayudas oportunas”, ha detallado.
La madre asegura que, los únicos que actualmente velan por ella son su hermana y un primo. Todos están ojo avizor con ella, especialmente tras las agresiones físicas que ha recibido en más de una ocasión.
La última consistió “en un juego” en el que se apostaron quién sería el primero en pegar a la menor de diez años. Aunque Milagros ha reconocido que los docentes y el equipo directivo se involucró en el asunto, ha admitido que, por lo que le consta, no se ha activado el protocolo por acoso escolar.
Desde hace tres cursos
“La situación que vivimos no es puntual ni reciente. Nuestra hija ha pasado por varios centros educativos debido precisamente a la falta de recursos adecuados y de una atención que tuviera en cuenta su condición”, ha expuesto García.
“Hace tres cursos tomamos una decisión difícil. Elegimos que regresara a su escuela de origen con la esperanza de que pudiera acceder al aula TEA, un recurso inexistente en el colegio en el que estaba en ese momento”, ha explicado.
“Nunca se produjo. Durante tres cursos consecutivos no ha tenido plaza en ese espacio. La única medida fue asignarle dos horas semanales de apoyo claramente insuficientes”, ha espetado.
Actualmente no se ha beneficiado de ese horario y tampoco se le ha ofrecido una alternativa, tal y como ha contado la afectada. A ello se suman los “cambios constantes de tutoría, de especialistas y la retirada o reducción de horas de pedagogía terapéutica”.
Impacto emocional
Ha aclarado que todo en su conjunto “ha tenido un impacto directo en su estabilidad emocional, generando desregulación, ansiedad e inseguridad. No hablamos sólo de apoyos educativos. Hablamos de inclusión real. Nuestra hija no puede participar con normalidad en actividades del centro”, ha expresado.
“No puede acudir a extraescolares si no va acompañada por su padre o por su madre. No participa en celebraciones como Carnaval o Navidad porque no están adaptadas a su sensibilidad sensorial”, ha mencionado.
“Durante la jornada lectiva no permanece de forma continuada en su aula de referencia. Pasa largos periodos fuera de ella, a veces sin supervisión educativa adaptada. Esto no es inclusión. La misma no es una declaración de intenciones, ni un término bonito en una ley. Es una práctica diaria que garantiza seguridad, permanencia y aprendizaje”, ha aseverado.
La propia madre de la menor ha reconocido que el centro “no puede hacer magia con los recursos que tienen” y que los profesores en todo momento se han implicado con la alumna. Sin embargo, ha señalado que realmente es una necesidad este traslado al centro, un cambio que espera que llegue a producirse lo antes posible.






Después al gobierno central y a la ministra de educación se le llena la boca con que toman muchas medidas para la inclusión y la diversidad... y en los dos únicos territorios donde tiene competencias solo nos encontramos con carencias, necesidades, falta de personal de apoyo especializado, orientadores, auxiliares, etc. Y la Dirección Provincial haciendo lo que puede con lo que le dan. Milagros a Lourdes.
Espero que este asunto se solucione pronto, mi total apoyo.