Opinión

Cuando un monte se quema

Infernal fin de semana −nunca mejor definida la situación− el vivido en nuestra ciudad. La vegetación de García Aldave era el sábado pasto de las llamas y tras denodada lucha de los bomberos, legión y ciudadanos fue sofocado el incendio. Lamentablemente, el domingo de nuevo el fuego escogió un lugar cercano para manifestar sus dolorosas consecuencias. Más de 60 ha de monte han sido presa de las llamas, en el desastre de este tipo más grande de los ocurridos en Ceuta. Lo único salvable de los sucesos es que afortunadamente no han ocurrido desgracias personales.

Sin embargo las consecuencias ambientales van a ser significativas. Una desaparición de masa vegetal, pulmón de la ciudad, una afectación a la fauna y unas consecuencias colaterales sobre el entorno y el paisaje van a ser los dolorosos resultados.

No parece estar aún claro el origen de ambos siniestros, aunque la coincidencia espacial y temporal de ellos pueda hacer pensar en posibles actos provocados. Es cierto que en esta época de altas temperaturas las facilidades para iniciarse un fuego pueden ser muy diversas, desde irresponsabilidades al arrojar colillas encendidas, fuegos en excursiones e incluso generadas el por efecto lupa de vidrios abandonados en el terreno. Sea como fuera debería aclararse el origen, para tomar medidas protectoras y, por supuesto, para detener y sancionar legalmente a los causantes, si los hubiera.

Ahora no queda más remedio que ponerse a trabajar, en manos de los técnicos, para recuperar en las mejores condiciones el estado original del terreno. Lo primero que se exige es limpiarlo de la madera quemada, reparar las infraestructuras dañadas e incluso realizar cortafuegos, zanjas o diques que eviten la erosión del terreno desnudo, cuando lleguen las lluvias. Al no existir la cubierta vegetal protectora, la acción erosiva arrastrará la tierra y las cenizas a lugares donde circulan cauces y arroyos, incluso al pantano, contaminándolos. Supone además dificultar la facilidad para el crecimiento y desarrollo de las regeneradoras semillas.

El periodo de recuperación de los terrenos afectados de incendios es muy variable, dependiendo de las características del propio suelo, de la pendiente, de la erosión, de los procedimientos de repoblación que se elijan y de las especies originales o implantadas.

Parece ser que en un sector de terreno afectado existen especies pirófitas −resistentes al fuego− y ello es positivo. También deben contemplarse aquellas que, aunque hayan perdido ramaje y parte exterior del tronco, siguen vivas en sus raíces y pueden recuperarse. A ello debe sumarse la existencia de especies, en cierto modo oportunistas, que se desarrollan precisamente favorecidas por la falta de competencia.

Si se opta por la regeneración natural, el tiempo de recuperación es mayor pero la vegetación nueva conserva la identidad y la biodiversidad original. Puede favorecerse la regeneración con la plantación de siembras de emergencia, a base de especies herbáceas y arbustos, que fijen el suelo, así como la inclusión de una capa o cubierta de mulch o acolchado −usualmente a base de paja de cebada o trigo− que proteja al mismo de la erosión y favorezca el desarrollo de las nuevas semillas.

Otra opción, que disminuiría el tiempo de recuperación, es la repoblación artificial. Es defendida por algunos técnicos a base de diversas especies, pero variaría la identidad del espacio repercutiendo incluso en la fauna original. Si quiere conservarse la especificidad, debería hacerse utilizando las especies autóctonas.

Una opción intermedia es combinar la regeneración natural con la repoblación artificial y sería una oportunidad a estudiar porque contribuiría a disminuir la erosión, serviría para ir ubicándose parte de la fauna y la regeneración se vería protegida por la existencia de los árboles adultos.

Tras estos lamentables sucesos, que van a repercutir de forma muy negativa sobre nuestro medio ambiente, es conveniente actuar con rapidez y sacar conclusiones positivas: necesidad de elaborar o mejorar unos planes de protección adecuados, vigilancia y limpieza sistemática de las área boscosas, dotación adecuada de instalaciones y personal para lucha contra eventuales apariciones de incendios, educación ciudadana y disuasorias sanciones penales a los causantes de incendios.

(*) Doctor Ingeniero y Académico.

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