Estimado lector o lectora. Le agradezco sinceramente su comentario al último reportaje sobre El Recinto Sur. Comparto con usted la vulnerabilidad residencial de ese barrio por su desconexión y su volumen de viviendas en estado de mínimas condiciones de habitabilidad. Según el catálogo de barrios vulnerables de Ceuta, elaborado por el Ministerio de Vivienda y la Universidad Politécnica de Madrid, El Recinto Sur tiene casi un 5% de viviendas sin cuarto de baño.
Ceuta junto a Melilla están a la cabeza de España en cuanto a la proporción de barrios vulnerables, estimado en función del bajo nivel de estudios o analfabetismo, la elevada tasa de desempleo y sus viviendas deficientes. El Príncipe, Loma Colmenar, La Almadraba, Juan Carlos I, Hadú, Recinto, Sarchal, San Amaro, Benzú son un claro muestrario de la marginación y de la segregación social con la que convivimos. Léase: Un barrio está en situación de vulnerabilidad residencial si el porcentaje de viviendas familiares que residen en edificios ruinosos, malos o deficientes supera el umbral del 17,50% sobre el total de viviendas del barrio. Pues bien, ese porcentaje es del 19,03% en el Centro, del 23,28% en El Recinto (Sur) y del 38,70% en Juan Carlos I (Oeste).
Por tanto, sí, es cierto que el anterior reportaje no mostraba esta cara de la realidad porque mi objetivo era enfocarme en las potencialidades del barrio y no en sus deficiencias o reivindicaciones. Entiendo que desde las asociaciones de vecinos y de los partidos políticos ya se habla de estos asuntos. Yo buscaba una mirada diferente de lo que habitualmente puede estar en los corrillos o en la prensa local, algo de lo que sacar pecho. El uso de un lenguaje proactivo y, por qué no, quimérico, también puede remar a favor de la búsqueda de soluciones y de la imaginación política.
Pienso ahora en El milagro de Candeal, de Fernando Trueba, la película documental, ganadora de un Goya en 2025, que narra cómo el músico Carlinhos Brown, a través de proyectos socioculturales como su escuela de música y la timbalada de los sábados, ayudaron a acabar con el tráfico de drogas en esa favela. Ahora tienen un conservatorio de música, un centro de salud, una plaza para el asambleísmo y el esparcimiento, y un estudio donde van a grabar músicos de todos los continentes, atraídos por los vibrantes sones afroamericanos. ¿Por qué volver a hablar de lo que ya todos vemos y sabemos? Lo cuentan los propios habitantes de estos barrios.
"Ya decía Charles Dickens que la virtud en el rico es obligación, pero en en personas menesterosas es doble mérito y heroicidad"
Este fin de semana, por ejemplo, recorriendo uno de los tramos del Cruce del Morro hacia abajo, pero, en sentido inverso, desde la zona de La Almadraba, Miramar Bajo, Pasaje Perla... unos vecinos se quejaban de la degradación del barrio. “¿Cómo se llama este barrio?”, pregunté a un señor mayor que regaba su calle empinada de escalones bermejos. “Son las calles 21 y 22”, contestó. “¿Las calles 21 y 22?”, remedé perpleja. Quizás me dijera 121, 122, pero no le entendí bien. A diferencia de Miramar Bajo, que la encontré sucia, grasienta, desconchada y con baches, a pesar de tener cerca las oficinas de las brigadas verdes, los callejones cerca del Cruce del Morro están más limpios y repintados, y conserva ese tipismo norteafricano y de la baja Andalucía de El Recinto Sur; es decir, su rostro de periferia y de barrio humilde.
“Antes, aquí se vivía mejor, entonces habían más cristianos y nos conocíamos todos; ahora todo ha empeorado. Hay mucha droga en el barrio y alrededores y no se hace nada. Entran en la cárcel y al rato ya han salido. A los jóvenes les cuesta salir de la droga. Yo sólo quiero vivir en paz, que me dejen estar en paz. Figúrese usted, yo vivía en un pueblo del Norte de España con mi hijo; me he arrepentido de volver. Ceuta está fatal, no es como antes, pero qué le vamos a hacer, hay que aguantarse con las decisiones que uno toma”, opinaba una señora mayor con rostro afable de abuela abnegada, y que lucía chilaba y coloridas babuchas marroquí.
Según el mismo estudio consultado de barrios vulnerables, el 70-80% de los vecinos perciben la falta de espacios verdes e interconectados y la delincuencia como los principales problema del Barrio Juan Carlos I, a los que pertenece esta ruta. Y claro, aquí también hay enganches de luz y agua; es lo típico de zonas depauperadas. Ya decía Charles Dickens que la virtud en el rico es obligación, pero en en personas menesterosas es doble mérito y heroicidad. Drogas, armas, requisadas, callejones sin salida, viviendas reparcheadas, alguna plaga de insectos... Sí, se parece más a un barrio de favelas que a los cármenes del Albaycín. Pero es el Ayuntamiento el que tiene que rotular las calles, dar uniformidad o armonía al urbanismo, controlar los enganches, los aparcamientos, el equipamiento. También es obligación de la policía controlar el tráfico de drogas y dar protección a sus vecinos, y de las ministerios dotar de los recursos suficientes.
Estos barrios también tiene sus iglesias y oratorios -musallas- como la del Carmen o el oratorio de La Almadraba y el de Juan Carlos I. En sus proximidades otean espigadas las Mezquitas de Sidi Embarek y de Muley El-Mehdi. A eso de la una del mediodía su letanía se oía en un tono bajo, amable al oido. Lo del martilleo de las mezquitas que usted, lector, comenta ya es otro cantar porque dependerá de los gustos.
Personalmente comulgo con la idea de que la religión debe ser una práctica privada ajena a las instituciones y al espacio público porque vivimos en un Estado secularizado. Quizás no sea lo mismo un repicar de campanas, un salve de Ángelus, procesiones esporádicas que una salmodia cinco veces al día en un lenguaje que la mitad de la población no podemos descifrar. Pero esa es la singularidad de Ceuta. Venimos de una tradición judeocristiana o nacional, católica, apostólica, y de siete siglos de conquista musulmana y de cruzadas contra los moros, pero también de luchas liberales y progresistas. Hemos avanzado y ahora somos un Estado laico donde se conservan las tradiciones no dañinas, todas las sensibilidades religiosas y no religiosas, siempre que no haya, claro está, coerción, prohibición u obligación. Es un logro, pero para mantener la convivencia pacífica, la concordia es fundamental como en un matrimonio: cada parte debe ceder en algo; el límite lo marca el respeto a la libertad individual, a la dignidad y a los derechos humanos. Que otros recen en público, a mí no me hace daño, siempre que no haya ánimo notorio de proselitismo ni de adoctrinamiento, porque cada uno cuenta la película o la Buena Nueva a su manera.
Pero volvamos a las flores del mal de Baudelaire, a buscar lo pintoresco y singular, lo decimonónico o lo sesentero, lo bello en lo aparentemente feo. ¿Qué me regaló el paseo de La Almadraba al Cruce del Morro? Pues unas vistas privilegiadas del entramado de casas de colores del Príncipe y de la frontera del Tarajal, una serena playa con espigón, rampa y marco de entrada, los referidos templos, un exquisito desayuno en su suculenta cafetería, la cantina del apeadero de Miramar, un anfiteatro de coloridos grafitis, y los ecos antiguos de aquella colonia Romeu con sus pescadores y almadraberos en pleno funcionamiento, mujeres afanándose en labores de despiece y enlatado en aquellas conserveras, el oficio de los tinteros protegiendo las redes de alquitrán, mientras los niños saltaban desde los arrecifes, y serenos pastores recorriendo al atardecer las antiguas cabrerizas; ese rincón costero, marinero y familiar, del que apenas quedan en uso las renovadas casetas de madera de salazones y un llano que hace de reclamo para aficionados a la pesca, al campismo, al avistamiento de aves y a la captura de fotos, al vuelo de parapente, al turismo cultural, a fin de cuentas. Por eso no me extraña que hayan colocado allí una caseta de la Oficina de Turismo. Bien hecho. Ahora sólo falta mejorar el pavimento y las zonas de aparcamiento, quizás poner césped, sombra y albero, aseos, un chiringuito, limpieza... Como reza uno de los grafitis que hicieron los jóvenes de esa barriada: “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo.” Y parece que ya, por fin, los vecinos de la Almadraba están despertando de su sueño de ver en pie una nueva capilla para la Romería de la Virgen del Carmen y, de paso, disfrutar de un paseo marítimo más ancho, mejor acondicionado, que cuida el litoral y regenera la riqueza paisajística y etnográfica del lugar. Y por soñar, ya sólo queda que vuelva a pasar el tren hacia Tetuán o un carril bici que conecte ambas ciudades, sin controles fronterizos terrestres y sin barreras físicas, como sucederá en la vecina ciudad de La Línea de la Concepción, el próximo 15 de julio de 2026. ¡Inshallah!
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