Los vecinos de la Barriada del Serrallo han denunciado públicamente los continuos retrasos en el servicio público de autobuses, una situación que califican de insostenible y que afecta directamente a su día a día.
Según explican, los retrasos son constantes y, aunque se justifican habitualmente con excusas como el tráfico o incidencias puntuales, lo cierto es que la falta de puntualidad se ha convertido en algo habitual, generando malestar entre los usuarios.
Retrasos que afectan al día a día
En la jornada de hoy, comentan los vecinos, el autobús que debía pasar por la barriada a las 8:35 horas no lo hizo hasta las 8:44, provocando que muchos vecinos lleguen tarde a sus trabajos, citas médicas o compromisos personales. Nueve minutos que, según los afectados, pueden parecer insignificantes, pero que para quienes dependen exclusivamente del transporte público suponen una pérdida constante de tiempo y oportunidades.
Los residentes recuerdan que no se trata de un caso aislado. Estos retrasos se repiten día tras día, sin que desde el servicio municipal de autobuses se ofrezcan soluciones efectivas.
“El servicio debería funcionar por igual en todas las zonas de la ciudad”, señalan los vecinos, que lamentan que la barriada siga olvidada por las administraciones.
Esperas bajo la lluvia y falta de marquesinas
Durante los últimos temporales, los vecinos del Serrallo se vieron obligados a esperar bajo la lluvia, sin marquesinas que los protegieran. “Nos empapamos mientras el autobús no llega”, critican.
La falta de infraestructuras básicas, unida a los retrasos continuos, ha incrementado la frustración y la sensación de abandono en la zona.
En la barriada residen personas mayores, trabajadores y estudiantes que no disponen de vehículo propio, por lo que el autobús no es una alternativa, sino su único medio de transporte.
Reclamaciones vecinales
Ante esta situación, los vecinos exigen una revisión urgente de los horarios y un mayor control de la puntualidad del servicio. Reclaman también la instalación de marquesinas en las paradas para esperar con dignidad, especialmente en días de lluvia o frío.
“No pedimos privilegios”, insisten los residentes. “Pedimos puntualidad, respeto y un servicio público que funcione.”







El caso es protestar pero no piensan el caos de circulación y los retrasos que pueden suponer.