Rosa de Castro es la nueva presidenta de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Cádiz en Ceuta.
Acaba de tomar posesión de su cargo hace apenas unos días en un acto en el TSJA en Granada.
Llega al cargo para solo dos años, ya que se jubila, pero señala que ilusión y ganas de trabajar no le van a faltar.
– Para quien no la conozca todavía, ¿quién es Rosa de Castro?
– Pues soy una malagueña que ha encontrado su sitio en el mundo en esta época de su vida en Ceuta, un magistrado vocacional, un juez vocacional que intento hacer cada día bien mi trabajo, vivir la vida lo mejor posible y hacer pasar lo mejor posible a la gente que me rodea, poca cosa más.

– ¿Qué significa para usted asumir esta nueva responsabilidad?
– Un reto muy importante, porque lo primero que me planteé cuando solicité la plaza es que suceder a Fernando Tesón es una de las cosas más difíciles que se puede plantear a una persona.
Fernando para mí es mucho más que un compañero, pero además ha sido un enorme maestro profesional en estos últimos diez años. Es un magistrado como la copa de un pino, una persona inmensa. Sucederle a él, y mantener el listón a la misma altura, es tan difícil que es un reto personal muy importante para mí.
“La decisión de pedir la Sala fue por responsabilidad. Me parecía que era lo que tenía que hacer”
– ¿Qué cambios le gustaría introducir en la Audiencia en esta nueva etapa?
– Yo llevo diez años aquí. Diez años dirigiendo en la parte administrativa, porque el presidente de la Sección hace poquito más que los demás. Tiene a su cargo la organización de la Sala en cuanto al reparto y la dirección general de los juicios.
Fernando trataba que todo fuera conciliado entre los tres y que no hubiera ningún problema. Yo en esa línea quiero seguir.
Sí que pienso, lo pienso para todas las facetas de la vida, que cuando hay un cambio, la persona que viene puede refrescar algunas cosas. No quiero mejorar nada. Es muy difícil, pero sí hay algunas cosas que caen en la inercia del tiempo. Siempre en la vida hay algo mejorable. Y si puedo aportar algo en ese sentido, ya me daría con un canto en los dientes. Tenemos una sobrecarga de trabajo muy muy importante que tampoco te permite hacer muchos preciosismos en las cosas.
Pero, bueno, el ambiente en la Sala va a seguir siendo muy bueno, porque el compañero que viene ya los conocemos. Es la tercera vez que viene a Ceuta. Lo conocemos. Sí que creo, porque lo creo en todos los ámbitos de la vida, que los cambios producen esa pequeña llamita de ilusión nueva que a lo mejor redunda el beneficio de todo. Pero no te puedo ofrecer una programación de cambio porque no lo va a haber, o por lo menos no de forma inmediata, ni yo los tengo en la cabeza. Si con el tiempo algo es mejorable, se cambiará. Si no, continuaremos, pero continuaremos con una energía renovada.

– Ha comentado antes que la solicitud de esta plaza la cursó usted, pero luego, una vez que toma la decisión, ¿es algo que ya asume totalmente o hay momentos de duda?
– Me costó mucho trabajo, y él lo sabe. Me costó mucho trabajo aceptar que Fernando [Tesón] se iba. No me lo quería creer y me costó mucho trabajo. Luego le entiendo personalmente mucho y ahora que ya lleva él algún tiempo en su nuevo cargo, le veo tan contento que no puedo más que alegrarme muchísimo por él.
Pero yo asumí la plaza no por ningún afán de ser presidente de nada, nunca me lo había planteado, nunca pensé que Fernando pudiera irse. Los dos somos iguales, de la misma edad, los dos nos vamos a jubilar, apenas no llegaría a dos meses de diferencia. O sea, yo nunca me lo planteé.
Y luego la decisión de pedir la Sala fue, a lo mejor mal entendido, pero yo lo asumí por responsabilidad. Me parecía que era lo que tenía que hacer, y por eso lo hice, pero no por un afán de ser presidente de nada. Lo único que puedo garantizar es que voy a poner todo de mí. No sé si ese todo será significativo, o será valorable, o servirá para algo, pero todos mis esfuerzos, toda mi ilusión y todas mis ganas las voy a poner.
“Este es un trabajo que algunas veces me han oído decir algunas personas que es como un sacerdocio”
– ¿Qué es lo que más le apasiona de su trabajo?
– Este es un trabajo que algunas veces me han oído decir algunas personas que es como un sacerdocio. Tú eres juez desde que te levantas hasta que te acuestas. Eres juez todas las horas del día y te llevas a tu casa todos los problemas que tienes. ¿Qué me gusta? Me apasiona todo. Lo que más me gusta es el tiempo que paso estudiando.
Eso es lo que más me gusta de todo. Todo ese tiempo de preparación y de resolución. Soy una persona sociable y me gusta mucho la sala. No me gusta lo que es innecesario. Nosotros tenemos la obligación de poner sentencias, de resolver conflictos. Me gusta resolver conflictos, pero no me gusta darle demasiadas vueltas. Tenemos que saber muy bien lo que hacemos, cómo lo hacemos, por qué lo hacemos, fundamentarlo jurídicamente, pero no es necesario dar lecciones de vida, dar lecciones de nada. No es necesario creer que esta es la última palabra. A nosotros se nos puede recurrir prácticamente todo lo que hacemos. Me gusta mi trabajo. No sé cómo decirlo.
A la hora de redactar, en la última lectura trato de ir quitando y limpiando para que sea más fácilmente comprensible y quede una resolución que pueda todo el mundo acceder a ella.
– Usted tiene ya una larga trayectoria profesional. ¿Cómo ha evolucionado el papel de la mujer en la carrera judicial?
– Yo creo que el papel de la mujer ha evolucionado en la judicatura exactamente igual que en el resto de la sociedad. Cada vez dicen menos que hay pocas mujeres en las altas esferas de la Justicia. Pero esto que ha sido real ya está empezando a dejar de serlo por una razón de tiempo. O sea, cuando yo estudiaba las mujeres no podíamos ser juez. Y luego se ha ido accediendo a la carrera despacito, como toda la evolución, como todo en la sociedad, hasta que somos bastante mayoría.
Va a haber que hacer ahora una discriminación positiva a favor del hombre, porque en unos años todos los altos puestos de los altos tribunales van a estar cubiertos por mujeres, sobre todo porque somos más. La evolución es la misma de las mujeres en la sociedad. No solo en España, sino en todo el mundo.
“Aquí hay pocas entradas en casas, pocos tirones, incluso peleas callejeras fuera de determinados ámbitos”
– ¿Le preocupan los índices de criminalidad que se publican puntualmente sobre Ceuta?
– Los índices de criminalidad en Ceuta, como una información abstracta, de números, puede preocupar. Pero Ceuta es una de las ciudades más seguras que yo conozco. Lo que pasa es que, en Ceuta, por sus especiales características, hay muchos problemas de tráfico de droga y de inmigración irregular. Pero por las especiales características de Ceuta, necesariamente no va a haber este problema en Palencia.
Y luego tenemos algunos barrios o zonas concretas más conflictivas, como lo hay en todas las ciudades españolas. Y todos lo conocemos y todos lo concentramos muy bien. Pero a nivel de seguridad ciudadana, es muy segura. Aquí hay pocas entradas en casas, pocos tirones, incluso peleas callejeras fuera de determinados ámbitos. Sí me preocupa una cosa que últimamente se está dando mucho, pero también se está dando en todo el país, que son los delitos sexuales. No creo que haya más que antes, creo que se denuncia más.

– ¿Qué medios necesita la Audiencia en Ceuta y que usted eche de menos?
- ¿Lo que más? Un cuarto magistrado. Para mí es absolutamente básico. Posiblemente, nosotros en números abstractos tengamos menos que otras ciudades españolas. Posiblemente sea así. Pero nosotros estamos más allá del mar. Nosotros solo somos tres. Tenemos que trabajar siempre los tres juntos. Un día que uno está enfermo, viene enfermo. Un día que hay cualquier problema de una sustitución más larga por una enfermedad más larga o por cualquier otra cosa, es un verdadero problema tener aquí a nadie. En el mes de julio cubrimos las salas con tres personas distintas. Esto es un verdadero problema.
Y luego no se tiene en cuenta, aparte de esto, que nosotros somos una Audiencia mixta con un nivel de juicios muy alto y que por lo menos dos o tres días a la semana tenemos sala. Mientras los tres magistrados están en sala, nadie pone resoluciones por nosotros.
Tenemos previstos macrojuicios bastante importantes que nos pueden llevar tres, cuatro o cinco semanas. Tenemos una de las ciudades con más índices de jurados de España, por las especiales características de la delincuencia en Ceuta.
Tenemos el gravísimo problema del aumento Civil en Ceuta. Yo llevo aquí diez años y hemos tenido hasta hace unos pocos años 200 asuntos civiles al año. Ahora llegamos a los 600 y seguimos siendo los tres mismos magistrados.
– ¿Y ese cuarto magistrado será posible?
– Ojalá, pero cada vez que lo decimos no dan los números. Entienden lo que decimos, pero somos muy pocos magistrados dentro de España. También necesitaríamos más medios. Nosotros somos una de las pocas ciudades de España que tiene un nivel de papel cero. Nosotros o lo vemos por el ordenador o no lo vemos.
Yo llevo sin ordenador desde el miércoles, esta mañana me lo están poniendo. Llevo desde el miércoles trabajando en mi ordenador personal, pero sin visor. Luego tenemos aquí en Ceuta otro problema muy peculiar que no lo tiene nadie más, y solo en el Ceuta Center, que es que ni el sábado por la tarde ni el domingo tenemos acceso a nuestros despachos, no puedes entrar.
“En estos momentos tan peculiares, darle la instrucción penal a la Fiscalía no me parece lo más apropiado”
– Me gustaría preguntarle por estos cambios legislativos que pretende el Gobierno, desde la Ley Orgánica del Poder Judicial, el Estatuto Orgánico del Ministerio Público. ¿Hay motivo para esta movilización de jueces y fiscales como hemos visto estos días?
– No solo hay motivo, sino que yo no entiendo por qué toda la sociedad no está en la calle para impedirlo, para manifestarse en este sentido. Yo no pertenezco a ninguna asociación. Nunca he perdido un cargo de libre designación y no estoy politizada jurídicamente porque yo como magistrado soy absolutamente neutra, y punto. Pero es que los cambios que se pretenden meter de pronto en una carrera donde somos 5.500, de los 5.500 aproximadamente 1.400 por ahí están en servicios especiales, están en cargo de libre designación y en servicios especiales.
Y en ese colectivo pequeño de 4.000 y pico personas, meter 1.500 ajenos a la oposición y a las formas de entrada que había ajenos a esto, por nombramiento prácticamente político, es desde luego desestabilizar absolutamente lo que ahora mismo son los jueces o tal como está configurada la carrera judicial. Y en estos momentos tan peculiares, darle la instrucción penal a la Fiscalía no me parece lo más apropiado.

– De todas maneras, que sean los fiscales los que instruyan es una idea que viene ya de anteriores etapas y se ha planteado en otras ocasiones.
– Pero no se ha hecho nunca. Habría que preguntarse por qué ahora con prisas y de esta manera. No lo sé. Yo desde luego solo puedo manifestarme a favor de la huelga de jueces y decir que no me parece el mejor momento para introducir estos cambios.
Desde luego el de la Fiscalía podría ser bueno si fuera más independiente y si los fiscales estuvieran más en ello, que tampoco están, porque la huelga también es de fiscales. Y la forma de acceso a la carrera judicial, cambiarla por otro sistema no objetivo no me parece en absoluto procedente, ni ahora ni nunca.
– ¿Qué visión cree usted que tiene la sociedad de la Justicia en general y en Ceuta en particular?
– Es verdad que en España tenemos una peculiar cultura judicial y que habrá oído muchísimas veces eso de “a mí si no me lo dice un juez...”. Aquí todo se judicializa. ¿Por qué? Parece que confianza en la Justicia se tiene, aunque se critique, aunque seamos lentos, aunque vayamos tarde y mal. Pero nosotros estamos aquí para resolver los problemas cotidianos de la gente y parece que la gente solo quiere que lo sigamos resolviendo nosotros, porque se intentan hacer otras fórmulas de arbitraje, de mediación, pero ninguna sale.
El “a mí que me lo diga un juez” es un síntoma, pero somos nada más que 5.500. También hay una cosa que la gente que me rodea me ha oído mucho decir. Si hubiera 5.500 panaderos, ¿quién comería pan cada día? Y si hubiera 5.500 médicos, ¿cuánta gente se moriría por la calle sin asistencia? Este es el problema.
Parece que somos vagos, pero no hay una sola tarde de mi día a día que yo no trabaje si no es por enfermedad, ni un solo fin de semana que no le dedique un buen rato a trabajar. Y así, todos.





