J. Carrasco de las Heras CEUTA
Supongo que cuando han pasado más de treinta años de su estreno, si te queda en la memoria una película, es más, si te apetece revisionarla, es que ha sobrevivido al del inexorable destino de la mayoría de las producciones que se estrenan cada año, que no es otro que caer en el olvido. ¿Podríamos pues denominar a La chica del gánster como un “clásico contemporáneo”? Cada hijo de vecino que etiquete como quiera, pero el caso es que se trata de una muy buena recomendación que mezcla con destreza géneros como el humor negro, el crimen o el romance.
Con producción de Martin Scorsese, crimen y Robert de Niro como uno de los protagonistas, en realidad la producción, segundo trabajo del realizador John McNaughton toma distancia del del cine de Scorsese con un toque romántico y a rato agradable, con pinceladas de humor, que sorprende por evitar lo descarnado o excesivo del género, eso sí, con inevitables elementos violentos sin caer en lo desagradable.
Precisamente De Niro interpreta en esta historia a un fotógrafo de la policía, apodado desde la ironía como “perro rabioso” precisamente por su carácter tímido y apacible, cuya vida se cruza con la de un peligroso gangster (inquietante y divertido, como siempre impecable Bill Murray) al que le salva la vida. El agradecimiento de este último, y ante la clara necesidad del policía de no sentirse solo, le lleva a “prestar” la compañía de una muchacha (jovencita y arrebatadora Uma “Kill Bill” Thurman) que trabaja para él por tiempo limitado. A partir de ahí, lo inevitable y el grueso del divertido guión.
A priori, aunque el reparto funcione y los tres protagonistas (al que le añadiría para el buen funcionamiento final a meritorios elementos secundarios como David Caruso o Mike Starr) se luzcan en un triángulo interpretativo poderoso y de relumbrón, muy probablemente hubiese funcionado mejor y con mayor química entre la pareja si se hubiesen intercambiado los papeles Bill Murray y Robert De Niro, encajando todo de manera mucho más natural. Con todo, la capacidad para la comedia de Murray, el don natural para el tipo duro con riqueza interior de De Niro y que son enormes actores hacen que el barco navegue igualmente hasta buen puerto.
La extraña complicidad entre dos hombres cuyas maneras de vivir, que diría Rosendo Mercado, les imposibilita una amistad a la que parecen tan destinados como predispuestos, el valor de la palabra (“no me traiciones, no me subestimes, y seré el artífice de tus sueños”, dice uno al otro al principio de la historia entre ambos y acaba siendo una frase capital en el desenlace), y la inocente ternura entre en tímido policía y “la chica”, serán puntos definitorios de esta película y del por qué se trata de algo menos y también algo más que una maxi producción de mafias, represalias, thriller del más clásico.
Se trata pues de una de esas ocasiones en las que te quedas como espectador con un regusto agradable que tarda en desaparecer y del que te acuerdas cada vez que, por el motivo que sea, esta película vuelve a tu memoria, y ello te despierta las ganas de volverla a ver. En eso consiste, ¿no?
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