No una, ni dos ni tampoco tres. Hasta en más de tres ocasiones se hace referencia al trastorno del espectro autista como “una enfermedad” y a los menores que presentan este diagnóstico como “enfermos”. Son las palabras empleadas en el documento de solicitud de una subvención en Ceuta, un lenguaje que despierta alarmas en familiares de los niños que conviven con esta afección.
Uno de los allegados denuncia a este medio que no es de agrado encontrarse con este uso de los términos y que existen otras opciones más adecuadas para hacer referencia a los usuarios. A pesar de que aún haya quien lo confunda con una enfermedad el TEA es, en realidad, una condición del neurodesarrollo. La persona que lo manifiesta nace y vive con él.
El estigma y el peso psicológico que acarrea para los menores y sus seres queridos hace necesario que ser cuidadoso a la hora de hablar del mismo sea imprescindible. Aunque la Administración local se ha disculpado y se ha comprometido con el denunciante a subsanar el desacierto, no está de más repasar las indicaciones oficiales.
Palabras incorrectas
La Confederación de Autismo de España resalta cuáles son los mejores usos, qué debe evitarse y otra serie de recomendaciones para que, por desconocimiento, no se vuelva a producir un error.
La entidad incluye la utilización de conceptos como “enfermedad” o “enfermo” como un empleo peyorativo dentro del vocabulario disponible para aludir al trastorno. Otras manifestaciones que entran dentro de esta especie de lista negra es hacer del autismo una broma o crítica.
“Se lee o escucha con frecuencia expresiones como “este Gobierno es autista” o “el comportamiento autista de esta persona” que esconden una clara intención de descalificar o dar a entender que a quien se hace referencia vive ajena a la realidad o no muestra empatía”, señalan desde la organización.
Estigmatizante
“Insistimos en que las características del TEA son inherentes a la condición y no fruto de conductas conscientes o elegidas, de modo que decir que alguien “actúa de manera autista” resulta injusto y estigmatizante para el colectivo”, aseguran.
“El uso de ‘padecer autismo’ también debe ser evitado. Estos verbos implican una clara connotación negativa y se vinculan tradicionalmente con enfermedades”, recalcan.
Aconsejan sustituirlo por ‘presentar TEA’, ‘tener autismo’, ‘estar en el espectro autista o del autismo’ o ‘ser autista’.
Hacer referencia a ellos como ‘personas con un desarrollo normal’ tampoco es de buen recibo. “Es preferible utilizar expresiones como ‘personas con desarrollo típico’ o ‘neurotípicas’ para hacer alusión a quienes no cuentan con TEA”.
Autista o con autismo
Mencionar que alguien tiene autismo o es autista son fórmulas más idóneas. La primera, según la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, si se ajusta a un lenguaje respetuoso.
“Entiende que es una situación provocada por la interacción entre las personas, sus características, así como por un medio físico y social no habilitado”, indican. “El ente no lo plantea como cuestión de salud o de rehabilitación, sino de Derechos Humanos, impulsando una visión positiva, alejada del modelo asistencialista, que la considera como una enfermedad que hay que curar”, explican.
“Esta perspectiva, por tanto, pone en primer lugar a la persona y, después, a su condición”, añaden. “El CERMI se manifiesta en esta misma línea cuando se refiere a utilizar el término de persona con discapacidad como el más adecuado para referirse al colectivo”.
Desde la confederación reseñan que, cada vez más personas se llaman a sí mismas autistas ya que, para ellas, es algo inherente en su vida. Este grupo considera que la identidad debe primar en el uso de las palabras para hablar de su trastorno.
“Creen que “persona con” coloca el autismo fuera de sí mismos y que contribuye a aumentar el estigma. Asimismo, sostienen que es una condición con suficiente importancia y prevalencia como para poder conversar sobre ella sin el paraguas de la discapacidad”, remarcan.






