Nueva escapada. Nueva fuga de dos ocupantes de una moto de agua que sigue las mismas características de todos los casos previos: el vehículo acuático tiene matrícula marroquí, es alquilado y ha servido para que dos inmigrantes lleguen a Ceuta.
El nuevo episodio de incursión asociado a la inmigración clandestina se ha producido a primera hora de esta mañana en el entorno de la playa de la desaladora.
Dos ocupantes de una moto de agua han embarrancado en este punto, huyendo después a la carrera sin poder ser localizados por los agentes del Instituto Armado.
Al lugar llegaron patrullas y una embarcación del Servicio Marítimo, procediendo a la retirada de la moto del lugar, tal y como han confirmado a este periódico fuentes de toda solvencia.
Se cumple el mismo patrón de los hasta 5 casos constatados oficialmente -ahora seis- de entradas siguiendo esta táctica.
Quienes entran en Ceuta desde Marruecos van con la premisa de perder la moto de agua, no llevan patrón y terminan acudiendo a puntos en los que consideran que habrá menos vigilancia.
Esa moto es alquilada, siempre matriculada en Marruecos. Los ocupantes, dos o tres personas, emprenden la escapada sin miramiento. El dinero que mueve este tipo de pases los hace rentables.
Las incursiones en moto de agua se hacen aprovechando la elevada presencia de embarcaciones o bañistas, lo que viene a dificultar las labores de persecución e intervención del Instituto Armado.
También en horas tempranas, buscando el despiste de las fuerzas de seguridad. Esta entrada se produce además tras una madrugada de repunte en el número de intentos de pase a Ceuta, protagonizados por hombres, mujeres, menores e incluso personas que presentaban alguna discapacidad.
La llegada de nadadores a Ceuta o de personas que sortean el vallado es una constante. Hablar de cifras como hace el Ministerio del Interior es faltar a una realidad que cualquier ciudadano ve.
Restos de prendas de trajes de neopreno tirados en puntos a los que llegaron inmigrantes sin ser vistos, muchos de ellos dejados por pateras de pescadores que los acercan a zonas desde Sarchal a Santa Catalina, o subsaharianos que saltan la doble valla y acuden por sus propios medios al CETI.
En el camino hacia un centro que supera ya los 900 residentes, se topan con ciudadanos que, incluso, les han dado alimento o agua.
Son las entradas por goteo constante de las que se tiene constancia cuando afloran en su llegada el centro de estancia temporal del Jaral o, ni eso, cuando alcanzan las costas peninsulares tras ocultarse en viviendas esperando un pase clandestino.
La asociación AEGC siempre ha hecho hincapié en la clave para luchar con ese tráfico de personas: la legislación.
No le duelen prendas a la asociación de la Guardia Civil con más fuerza en Ceuta a la hora de señalar a la necesidad de identificar plenamente todas las embarcaciones y sus titulares, al objeto de actuar si una de esas motos de agua se ve implicada en delitos.
De la labor hecha en Ceuta aprendió Marruecos, que ya el año pasado empezó a ejercer un mayor control en los puertos con este tipo de vehículos acuáticos. Ahora todos los casos están siguiendo el mismo modus operandi, alquilándose las motos en Marina Smir para, después, quedar tiradas en las playas de Ceuta.
Este verano la quiebra de la que han tirado quienes promueven este tipo de prácticas ha sido el negocio del alquiler.
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