Opinión

El filandón

Llega el verano y solemos retirarnos a descansar. Especialmente en el mes de agosto. Para los que tienen una actividad laboral, las vacaciones suponen un alivio a su frenética actividad. De la misma forma, las aulas se vacían de estudiantes. Y aunque no toda la ciudadanía puede costearse viajes y actividades extraordinarias, al menos pueden cambiar el ritmo. Un simple paseo en la tranquilidad de un parque. O un desayuno con churros y chocolate en el quiosco más cercano, son actividades reparadoras que nos ayudan a encontrarnos con nosotros mismos. O con nuestras amistades. También los jubilados necesitamos disfrutar de esto.

En estos momentos cobra especial relevancia la vuelta a nuestros pueblos. Y la recuperación de las costumbres ancestrales. A lo largo de la geografía española, las reuniones al aire libre durante las noches de verano han sido una costumbre profundamente arraigada. Sillas y bancos se sacaban a la calle, creando un ambiente familiar donde se compartían historias, anécdotas y canciones mientras la brisa cálida acompañaba la charla. Estas reuniones fortalecían los lazos de la comunidad y permitían que la tradición oral siguiera viva bajo las estrellas.

Entre estas costumbres hay una especial, como es la del filandón leonés, que es una antigua tradición oral que se practicaba en las zonas rurales del norte de España, especialmente en la provincia de León. Era una reunión nocturna en la que vecinos, especialmente mujeres, se juntaban para hilar lana, tejer o trabajar en otras tareas domésticas, mientras se contaban historias, cuentos, leyendas o canciones. Las reuniones también se hacen en el verano, en la calle, habitualmente sentados en frente de la casa del mismo vecino que suele sacar sillas y bancos para todos. Yo no la conocía. Pero me la puso en valor mi buen amigo César, que la practica a diario en su pueblo leonés.

Pese a que se trata de una sana tradición, a veces llegan noticias de que en algunas localidades se ha intentado prohibir estas costumbres, aunque no existen datos ni casos ampliamente documentados que apunten a una tendencia generalizada de pueblos que busquen prohibir de manera específica las reuniones vecinales al aire libre en verano. Sí es cierto que, en ocasiones puntuales, pueden surgir normativas municipales que regulan el uso del espacio público, el nivel de ruido nocturno o el horario de actividades al aire libre, motivadas principalmente por la convivencia, el descanso vecinal o la seguridad.

Sin embargo, estas regulaciones no suelen tener como objetivo eliminar tradiciones populares, sino más bien garantizar el respeto de todos los habitantes. En la mayoría de los pueblos, estas tertulias veraniegas siguen siendo valoradas como parte fundamental de la identidad cultural y el tejido social. Es decir, la prohibición de reuniones vecinales al aire libre en verano no es una tendencia reconocida ni extendida en los pueblos de España. Lo que sí existe, afortunadamente, es la convivencia entre la tradición y la adaptación a las normas que buscan equilibrar la vida comunitaria con el bienestar general.

En mi pueblo, como en otras zonas de Andalucía, es habitual, y casi necesario, pasar parte de la noche al fresquito. Esto ayuda a sobrellevar las altas temperaturas del verano, agudizadas actualmente como consecuencia del cambio climático. Si esa actividad la compartes con otras personas, lo normal es que surjan conversaciones interesantes. La mayoría de las veces relacionadas con lo que ha acontecido en el municipio. Pero también relativas a la política nacional.

De momento, el tema estrella sigue siendo el de las “mordidas” de los políticos corruptos. Destacan en las conversaciones las actividades del despacho de consultoría que montó el exministro Cristóbal Montoro. Pero también está cogiendo fuerza el asunto de los títulos y currículos falsificados por algunas personas que se dedican a la actividad parlamentaria o desempeñan cargos públicos. Y algo que va y viene son los casos de corrupción del novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Pero para nota han sido las declaraciones de Feijóo sobre que las vacaciones están “sobrevaloradas”. Toda una reflexión de alguien que acostumbraba a veranear con un conocido narcotraficante gallego.

Pero en mi pueblo se comenta mucho, aunque casi de forma clandestina, el caso de la citación por parte del Tribunal de Cuentas al Alcalde de la localidad para que declare por haber acordado “perdonar” un impuesto local a una exconcejala de su partido, sin haber llevado a cabo todas las averiguaciones pertinentes.

El científico Albert Einstein nos dijo que mirando profundamente la naturaleza lo entenderíamos todo mejor. Es un buen mes para ponerlo en práctica, antes de volver a la vorágine de la actualidad en el mes de septiembre. Esto nos ayudará a sobrellevarlo mejor.

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