Opinión

Escapar desde la ventana de mi puerta violeta

Siempre he tocado la flauta desde desde que tenía tres años. No aprendí música porque tocaba de oído y no supe nunca saber interpretar una partitura.

Con los años flauta me ha sacado de muchos apuros, sobre todo ahora que la utilizo en las guardias del Instituto para amansar a alumn@s folloneros. Organizo un concurso de acertar melodías y se quedan con la boca abierta; el grupo ganador se lleva un bocata. No sé si será la flauta o el bocata lo que despierta su interés. Por lo que sea le doy gracias a Santa Cecilia me conserve las orejas.

También recuerdo mis primeros años de flautista anónimo en casa cuando los pitidos hacían el infierno de los vecinos. Pero con 7 años "Noche de paz" "En un mercado persa", “El himno a la alegría", " Villancicos" etc... me hice con un repertorio que incluía la petición del público.

En el Instituto me apasioné por las poesías de los libros de literatura, estaba en primero de BUP. Me las aprendía con una memoria prodigiosa y me convertí en un rapsoda; una de las culpables fue mi madre que recitaba como si las emociones y los sentimientos le salieran del alma: gesticulando, modulando la voz, subiendo los tonos según los versos y jugando con los silencios. Era parecida a la Lola Flores de rapsoda.

Recuerdo el romance del prisionero, la princesa está triste, poesías de Miguel Hernández, Pablo Neruda, Alberti, Jorge Manrique, Espronceda, Gloria Fuertes, Lorca,

Quevedo, Machado.

"La princesa está triste. Despierte te el arma dormida . Yo quiero ser llorando el hortelano, Antonio Torres Heredia, por Diez cánones por banda Las tres reinas magas: Gaspar, Melchora y Baltasara, el polvo enamorado de Quevedo y el Que por mayo era, por mayo, cuando hace la calor”.

Luego me dio por escribir y con 15 años me estrené con esta poesía que repito en ocasiones como si fuera EL TAMBORILERO de Raphael o el CARRO de Manolo escobar.

"Minero que trabajas en la mina.

Minero que te pudres lentamente

Minero que te pisan poco a poco

Minero que te trastornan la mente.

Trabajas sin descanso

Trabajas ya sin dicha

Trabajas con un único objetivo

Ganarte el pan de cada día.

Cuando te mueras, amigo.

Tu obra se rompe

La gente te olvida

Dirán en el entierro: era un gran hombre"

Y se irán lentamente a sus guaridas.

Te rompes las manos

Cojeas, deliras

Vomitas, te angustias, lloras y gritas...

Y para qué minero?

Si la gente, sin excepción que sirva

Te pisa diciendo con voz unánime...

Minero, Tú, a la mina”.

Tenía 15 años, se la dedico a Carlos.

Dedicado a Carlos, un adolescente que pudo caminar gracias a la música y a la literatura y que pintó, como Rozalen, una puerta violeta.

He tardado 45 años en dejar la adolescencia.

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