La caída de la natalidad y la presión migratoria que durante años soportó la ciudad con el retorno de muchas familias que regresaron a Ceuta forzadas por las crisis económicas ha paliado muy sensiblemente una de las taras del sistema educativo local, la de la masificación de las aulas.
Actualmente el alumnado matriculado en Infantil de 3 años en la ciudad apenas supera los 750 estudiantes y la ratio por unidad en los colegios públicos se sitúa en 17,1 niños por grupo, por debajo de la media nacional en ese mismo nivel.
Los mayores problemas de saturación se siguen registrando en los últimos cursos de Primaria que todavía digieren un contexto demográfico muy distinto al actual y al que se prevé para los próximos años.
La resolución parcial de ese problema largamente denunciado por todos los agentes de la comunidad educativa no exime, sin embargo, al Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP) de responsabilidades. La administración sigue siendo incapaz de poner en marcha la construcción de nuevos centros educativos desde cero.
Entre sus deberes pendientes también está cubrir la falta endémica de personal laboral para atender la inclusión, que alega ser incapaz de solventar.
Ha habido algún avance en materia de personal con el cupo con los que ahora no debería haber marcha atrás y en infraestructuras se han hecho actuaciones valorables en la antigua Facultad de El Morro y la vieja Biblioteca del Polígono, pero el caso del Brull retrata a un departamento que solamente tiene competencias directas en Ceuta y Melilla y que supuestamente pretende liderar la implementación del Plan Integral de Desarrollo Socioeconómico con el proyecto millonario bandera de la ‘Ciudad de la FP’.
A falta de ministras que vengan a dar explicaciones en primera persona, la próxima visita de la directora general de Planificación y Gestión debería servir para hacer propósito de enmienda y arrojar luz sobre qué pretende hacer el MEFP a corto, medio y largo plazo.






