La idea de que el aprendizaje tiene una fecha límite va evolucionando poco a poco, también en Ceuta. De hecho, al menos 414 personas mayores de 50 años están actualmente cursando algún tipo de formación en la ciudad. Se trata de una cifra modesta en términos relativos, pero que también muestra que el regreso a las aulas gana terreno entre quienes ya han superado la mitad de su vida laboral.
Si se analiza el conjunto de la población de más de medio siglo de vida que tiene fijada su residencia en Ceuta, la proporción de quienes estudian sigue siendo reducida, apenas en torno al 1,5%, pero suficiente para ratificar que existe un cambio cultural y social en este campo. Frente a la idea extendida de que “ya no es el momento”, este grupo de ceutíes demuestra que la formación puede retomarse en cualquier etapa de la vida.
Los datos permiten además radiografiar en qué niveles formativos se concentran estos estudiantes. La opción más frecuente es la universitaria y, de hecho, 83 personas que superan los 50 años cursan grados de hasta 240 créditos, lo que convierte a este nivel en el más numeroso. A ellos se suman quienes optan por estudios más avanzados, como 22 matriculados en másteres y 17 en programas de doctorado, lo que evidencia que el retorno a las aulas no se limita solamente a niveles básicos.
También destaca el peso de la Formación Profesional. En concreto, 53 personas están matriculadas en ciclos de grado superior, mientras que 47 lo hacen en alguna opción de grado medio. Este dato indica que una parte importante de este colectivo busca una formación práctica, orientada a mejorar o reordenar su perfil laboral.
Aprender por curiosidad o por necesidad
Otros itinerarios tienen menor presencia, aunque también forman parte del mapa de enseñanza en Ceuta para quienes están en esta franja de edad. Es el caso de los idiomas, con 14 alumnos, o la educación artística, que apenas cuentan con un caso registrado. Además, hay 49 personas de las que consta que están estudiando en otras áreas.
En conjunto, estas cifras reflejan una realidad que engloba desde quienes retoman estudios básicos hasta quienes se adentran en la universidad o incluso en el doctorado, aunque con una misma idea, la de seguir aprendiendo.
Detrás de esta decisión hay motivaciones distintas. Dar el paso de volver a estudiar a partir de los 50 años, como señalan algunas entidades especializadas en este tipo de formación, obedece a factores como el temor a no adaptarse al entorno digital, la falta de hábito académico o las cargas familiares y laborales, que en ocasiones son un obstáculo. Sin embargo, quienes dan el paso suelen coincidir en que merece la pena.
Para algunos, la formación es una herramienta de adaptación. En un mercado laboral en constante transformación, actualizar conocimientos o nuevas competencias puede resultar clave. Para otros, el objetivo no es profesional, sino personal, con el fin de aprender por curiosidad, satisfacción o por el simple deseo de mantenerse activos intelectualmente.
Más mujeres que hombres
En este sentido, los expertos coinciden en que volver a estudiar contribuye a mejorar la memoria, mantener la agilidad mental y reforzar la autoestima. En muchos casos, además, supone una vía de socialización y de conexión con nuevas generaciones.
El contexto nacional refuerza esta tendencia que también se aprecia en el caso de Ceuta. Así, en España, el 14,3% de los hombres y el 17,7% de las mujeres de entre 25 y 64 años participan en actividades de educación o formación permanente, según el INE. Son cifras superiores a la media de la Unión Europea, situada en el 12,3% y el 14,8%, respectivamente. Sin embargo, la participación disminuye con la edad, lo que sitúa a los mayores de 50 años como un colectivo clave para el desarrollo de políticas de aprendizaje a lo largo de la vida.
En este escenario, los más de 400 ceutíes que han decidido volver a las aulas escenifican un síntoma de cambio en una sociedad que empieza a entender que la formación no termina con la juventud y que hacen bueno el dicho popular de que aprender no tiene edad.
A nivel continental, existen diferencias entre los países de la Unión Europea respecto al valor de este indicador. Los países que destacan por una mayor participación de los adultos en actividades de formación permanente son Suecia (44,9% de mujeres y 30,3% de hombres) y Dinamarca (36,6% y 26,0%); y los de menor actividad son Bulgaria (1,9% y 1,7%) y Grecia (4,6% y 4,2%).






