Pasa el día postrado en una cama. No puede hacer grandes esfuerzos ni tampoco llevar una vida cotidiana sin apoyos. Cualquier gesto simple como asearse o ir al lavabo es para él un reto. Su tiempo transcurre encerrado en su casa, su único refugio en Ceuta.
Es la historia de A.A.B, un vecino de 72 años que convive con una discapacidad del 95%. A pesar de su dependencia, expone que, las ayudas con las que cuenta, no son suficientes para abordar su problema.
A las dificultades diarias, con las que le auxilian su esposa y sus hijos, se suman las trabas económicas que tratan de superar. Asegura que solo dispone en el presente de 1851 euros. “Gracias a dios tenemos un plato de comida en la mesa”, menciona. Sin embargo, no cuentan con apenas ingresos en la vivienda. Era él quien los traía al hogar.
Refuerzos
A.A.B expone que, el servicio que se ofrece a nivel local, no resulta “suficiente” dado su contexto. Manifiesta que los profesionales que acuden al hogar solo ejercen durante un breve periodo. Su informe indica que puede ser beneficiario de 70 horas mensuales. Esto se traduce a que, por ejemplo, solo dispone de un trabajador durante tres horas en un día.
Es esta la razón por la que no está de acuerdo con esa opción ni quiere disponer de ella ya que concibe que no resuelve su situación. “Cuando este empleado cumple su horario, ¿quién me atiende?”, se pregunta.
“¿El resto del tiempo no soy dependiente y ya puedo ir al baño o levantarme de la cama?”, añade. Actualmente es su cónyuge la que se encarga de echarle una mano cada vez que lo necesita.
Centro de Día
Inicialmente, en 2022, le fue reconocida la ayuda a domicilio de 20 horas mensuales por su discapacidad. Diez años más tarde, en 2023, fue modificado su expediente para recibir asistencia en un Centro de Día. Finalmente, en 2025, tramitó de forma voluntaria su baja de esta última prestación.
El vecino indica a este medio que, lo que motivó su decisión fue, precisamente, su estado de salud. Pasar la mañana sentado en una silla de ruedas se transformó, con el tiempo, en una experiencia dolorosa. “Mi espalda está hecha polvo por hernias discales. Tengo que estar tumbado. No lo digo yo, sino los médicos que me han visto”, asevera.
Al ver que ninguna de las dos alternativas puede cubrir sus necesidades reales, el ceutí ve que, en su caso, lo más idóneo es acceder a la subvención que se otorga al entorno familiar a cargo de una persona con dependencia. Esta posibilidad está estipulada en las ayudas financieras establecidas en 2019 dentro de la Ley de Dependencia.
Solicitud denegada
A pesar de haber solicitado formalmente este respaldo, le ha sido denegado. El argumento por el que no se ha aceptado su petición estriba en la resolución del cuatro de febrero de 2010 del acuerdo del Consejo Territorial del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia.
La misma indica que en el Programa Individual de Atención “no se admitirá que una persona que estuviera asistida en un servicio deje de hacerlo para percibir la prestación económica en el entorno familiar”. El vecino, por tanto, no entra a los parámetros indicados por tener derecho a acceder a un apoyo en casa por su discapacidad desde hace tres años.
Al leer las líneas de la repuesta a su demanda, A.A.B no se ha limitado a quedarse conforme. Sabe de buena tinta que las circunstancias que atraviesa tanto él como su esposa no son fáciles.
Es este motivo por el que ha entregado de nuevo el formulario para solicitar esta facilidad económica. Espera que, en esta ocasión, la decisión sea diferente ya que considera que lo hace por necesidad.
Su historia
La primera vez que reconocieron su discapacidad al menos podía andar con muletas. Fue en 2010 cuando oficialmente obtuvo el primer grado. “Tenía un 84%”, indica. Más tarde, con los años, el nivel fue in crescendo.
A pesar de que se le escucha alto y claro, en realidad, su cuerpo experimenta un desafortunado proceso de deterioro continuo. “Esto se agrava con los días y los meses”, destaca.
“Hoy hablo, pero dentro de unos cinco o diez días, quizá, lo que hablo normalmente, me cuesta más porque es más difícil aclarar la voz”, manifiesta. “Los huesos los tengo como si fueran de cristal. Cualquier caída me asegura una fractura”, añade.
“Aparte de la edad, las patologías que padezco hacen que empeore”, expresa. Le fue asignada la categoría de gran dependencia en 2020 dado a su elevado porcentaje. “Si llego a un 5% más, prácticamente estaría muerto”, remarca.







Ancianos que apenas sobreviven con lo que tienen... Para los menas no falta, todo gratis.
Esto es una broma ?1851eur al mes nada más,72 años y tiene molestias en la espalda,y habla fuerte,hoy que es 28 de diciembre?