Cada cierto tiempo vuelve a circular un video de Carlos Salvador Bilardo en el que el legendario técnico argentino pronostica el auge del fútbol africano. “El futuro, lo dije en 1975 cuando fuimos a jugar una Copa a Marruecos, dije: ‘Acá está el futuro del fútbol. Porque la gente todavía juega al fútbol. En África juegan en todos lados, tiene países fuertes que juegan. Tienen técnica”, decía con convicción hace décadas.
Sus palabras resuenan con fuerza nuevamente, después de que los Leones del Atlas se proclamaran campeones del Mundial Sub-20, un logro que consolida la progresión de una generación que sueña sin límites.
El seleccionador Mohamed Ouahbi lo tiene claro: “No queremos esperar al Mundial 2030 para ser campeones del mundo; Marruecos lo va a intentar en 2026”. Una declaración que refleja el momento de confianza y ambición que vive el fútbol marroquí.
El momento dorado de la selección marroquí
El camino hacia esa meta está respaldado por hechos. Semifinalistas en Qatar 2022 y medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024, Marruecos ha demostrado que ya forma parte de la élite.
En el torneo juvenil, el equipo ha vencido a grandes potencias como España, Brasil y Argentina, esta última seis veces campeona del mundo en la categoría.
Grandes nombres que ya resuenan
Entre los nombres que más ilusionan destacan Othmane Maamma, elegido Balón de Oro del Mundial Sub-20, y Yassir Zabiri, autor de dos goles en la final. Ambos representan la nueva camada de talento que se suma a los consolidados Yassine Bounou, Achraf Hakimi o Youssef En-Nesyri, pilares del histórico cuarto puesto en Qatar.
El secreto del éxito tiene un origen claro: la Academia Mohamed VI, inaugurada en 2009 a las afueras de Rabat. Este centro de alto rendimiento ha transformado la formación del futbolista marroquí, combinando educación, disciplina y metodología europea. De allí han salido figuras de talla internacional y los recientes campeones mundiales sub-20.
Marruecos ya no es solo promesa. Es presente y futuro del fútbol mundial.







Pan y circo decían los gobernantes de Roma. Futbol sin pan es la oferta de los gobernantes marroquíes a su pueblo. Un pueblo que responde con protestas y emigrando masiva e ilegalmente a España. Menos futbol y más pan es lo que necesita el pueblo marroquí.