El Festival de Cannes ha acogido el estreno de ‘La más dulce’, la nueva película de la directora marroquí Laïla Marrakchi, una cinta que ha sacudido la sección Una cierta mirada al abordar de frente una realidad incómoda: los abusos, la explotación laboral y los maltratos que sufren muchas temporeras marroquíes en los cultivos de fresas del sur de España.
La película, coproducida entre varios países y con participación española, sigue la historia de Hasna, interpretada por la actriz marroquí Nisrin Erradi, una mujer que abandona por primera vez Marruecos para trabajar en los invernaderos andaluces durante la campaña agrícola. Lo que comienza como la promesa de una oportunidad laboral acaba convirtiéndose en una experiencia marcada por la precariedad, el miedo y la vulnerabilidad.
Junto a otras trabajadoras, como el personaje de Meriem —interpretado por Hajar Graigaa—, la protagonista descubre un sistema en el que muchas temporeras quedan expuestas a situaciones de explotación y abusos que, según refleja la película, se producen bajo una preocupante sensación de impunidad.
Una historia que obliga a mirar una realidad incómoda
La película no solo ha llamado la atención por su contenido social, sino también por la forma en la que construye sus personajes y retrata las complejas relaciones de poder que se generan en estos entornos laborales.
La actriz española Itsaso Arana, que interpreta a una abogada que ayuda a las trabajadoras a denunciar los abusos, explicó en declaraciones a EFE que el filme aborda “una de tantas realidades complicadas a las que nos mantenemos un poco ciegos o anestesiados”.
Arana destacó además el importante trabajo de documentación previo realizado por el equipo de la película. Según explicó, una amiga de la directora elaboró una investigación “muy profunda” sobre las temporeras marroquíes en los campos de fresas españoles, publicada por el diario estadounidense The New York Times.
La intérprete aseguró que esa labor permitió construir una historia “muy fundamentada”, elaborada “a pie de campo” y alejada de relatos simplistas o maniqueos. Precisamente, uno de los aspectos que más valoró fue que la película evita dividir el relato entre buenos y malos de manera evidente.
La dureza del trabajo y el miedo al abuso
Uno de los elementos más duros del filme es la forma en la que muestra las condiciones laborales y personales que afrontan muchas trabajadoras migrantes durante las campañas agrícolas.
Según explicó Itsaso Arana, la película retrata cómo “los cuerpos a veces tienen un precio”, en referencia a las dinámicas de abuso de poder y a la vulnerabilidad que sufren las temporeras.
La cinta refleja además el miedo, el silencio y la dificultad de denunciar determinadas situaciones cuando las trabajadoras dependen económicamente de esos empleos y se encuentran lejos de sus hogares y redes familiares.
Aun así, la película también pone el foco en la dignidad, la resistencia y la unión entre mujeres. Las protagonistas pasan de la ilusión inicial por trabajar en España a la decepción, pero esa misma experiencia termina generando una forma de conciencia colectiva.
La actriz española explicó que el filme habla también del “empoderamiento con la rebelión”, mostrando cómo las protagonistas empiezan a apoyarse mutuamente frente a un entorno hostil.

Personajes llenos de contradicciones
Otro de los aspectos destacados de la película es la construcción de personajes complejos y alejados de los estereotipos habituales en este tipo de relatos sociales.
Itsaso Arana insistió en que ni ella ni la directora querían convertir a la abogada que interpreta en “una heroína blanca que venía a salvarlas”. Por eso, su personaje también muestra dudas, contradicciones y limitaciones.
La actriz explicó además que las propias trabajadoras retratadas en la película tampoco aparecen idealizadas, sino como personas reales, con miedos, egoísmos y dificultades para ayudarse entre sí en algunos momentos.
Ese enfoque, según defendió, permite construir una historia mucho más humana y creíble, alejada de discursos simplificados sobre víctimas y verdugos.
El cine como herramienta de concienciación
Aunque reconoció que el cine no puede cambiar por sí solo la realidad, Itsaso Arana sí defendió su capacidad para sensibilizar al público y despertar conciencia social sobre problemas que muchas veces permanecen invisibles.
“A mí ya me ha sensibilizado, así que ese cambio sí que se puede dar”, afirmó durante su intervención en Cannes.
La actriz también elogió la mirada cinematográfica de Laïla Marrakchi, a quien definió como una directora con una visión “intercultural” y capaz de abordar cuestiones sociales complejas sin caer en lugares comunes.
Marrakchi ya había logrado reconocimiento internacional con películas como Marock, donde abordaba cuestiones relacionadas con la identidad, la religión y las diferencias sociales en Marruecos.
Un retrato de una realidad que sigue generando debate
Con ‘La más dulce’, el Festival de Cannes vuelve a convertirse en escaparate de historias que abordan desigualdades sociales y situaciones de vulnerabilidad que continúan generando preocupación en distintos sectores.
La película pone bajo los focos europeos la situación de miles de mujeres migrantes que cada año cruzan la frontera para participar en campañas agrícolas temporales en España, muchas veces en condiciones marcadas por la precariedad y la dependencia económica.
Más allá de la denuncia, la cinta plantea preguntas incómodas sobre el coste humano detrás de determinados modelos de producción agrícola y sobre el papel que desempeñan tanto las instituciones como la sociedad frente a situaciones que llevan años siendo objeto de debate y denuncias públicas.






