Un grupo reducido de inmigrantes magrebíes y subsaharianos residentes en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta ha abandonado este martes la ciudad rumbo a la Península. Los traslados forman parte del programa de atención humanitaria y a pesar de que se repiten con frecuencia, no llegan a suponer un verdadero alivio para las instalaciones del Jaral, que continúan en situación de saturación.
La salida se ha producido a primera hora de la mañana a bordo de un ferry con destino a Algeciras. Desde allí, los inmigrantes serán derivados a distintos puntos de la Península, donde serán atendidos en función de la disponibilidad de plazas en recursos gestionados por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. La imagen de los residentes caminando hacia la Estación Marítima acompañados por personal del centro se ha convertido en algo habitual, aunque insuficiente para frenar el colapso del CETI.
Un CETI desbordado y con un “segundo centro” improvisado
La realidad dentro del CETI es cada vez más complicada. Las plazas oficiales están completas desde hace meses, y las continuas llegadas de inmigrantes han llevado a la instalación de carpas y tiendas en espacios comunes, que han dejado de prestar los servicios para los que estaban diseñados.
Lo más preocupante es lo que sucede en el exterior. Cada vez son más las tiendas de campaña y asentamientos improvisados que se levantan a las afueras del centro, en una especie de segundo CETI sin regulación alguna. Colchones, plásticos y pequeños refugios se distribuyen en los alrededores del monte cercano, ofreciendo una imagen que oenegés y partidos políticos como Ceuta Ya! y MDyC califican de “inadmisible”.
Todo esto sucede cuando nada se sabe del futuro del director Antonio Bautista. Sigue ejerciendo su labor con jornadas maratonianas, conocedor del grave problema enquistado en unas instalaciones bajo su mando que están colapsadas.
Pese a las críticas reiteradas de estas organizaciones, la situación apenas ha variado. El flujo constante de personas que logra entrar en la ciudad, ya sea saltando la valla o bordeando los espigones, hace que cualquier intento de reorganización quede rápidamente desbordado.
Problemas de seguridad y salubridad
La presencia de decenas de inmigrantes a la intemperie alrededor del CETI genera también un problema de seguridad y salubridad. Vecinos de la zona han denunciado ruidos, y temen fogatas improvisadas que puedan descontrolarse. La Consejería de Gobierno ha encomendado a la Unidad de Intervención Rápida (UIR) la vigilancia del área, al tiempo que la Policía Nacional advierte del riesgo de incidentes más graves.
Las ONG, por su parte, alertan de las condiciones en las que se ven obligados a dormir quienes quedan fuera de las instalaciones oficiales. Sin acceso regular a servicios básicos como duchas o baños, la situación se vuelve insostenible para los propios inmigrantes y preocupante para las autoridades sanitarias locales.

La presión constante de las entradas
Los traslados a la Península apenas logran compensar el goteo incesante de llegadas. Cada día, adultos y menores logran entrar en la ciudad por mar o por tierra, lo que se traduce en una presión continua para el CETI y para los recursos de la ciudad.
A pesar del refuerzo de las patrullas marítimas y de la intervención de la Guardia Civil, la permeabilidad de la frontera sigue siendo un factor determinante en este escenario. El resultado es un centro saturado, rodeado de campamentos improvisados y con un futuro incierto en cuanto a su capacidad de respuesta.
Críticas políticas y silencio institucional
Partidos como Ceuta Ya! y MDyC han vuelto a señalar al Gobierno central como principal responsable de la situación. Ambas formaciones insisten en que la ciudad no puede seguir soportando sola la presión migratoria sin un plan claro de descongestión y sin un refuerzo real de los medios.
El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones guarda silencio respecto a los planes inmediatos para mejorar la capacidad del CETI. Tampoco ha habido novedades sobre posibles soluciones estructurales que permitan evitar la proliferación de asentamientos en el exterior.
Un futuro incierto
Mientras tanto, la realidad diaria en el CETI y en sus alrededores refleja una crisis enquistada. La salida de este martes hacia la Península supone un alivio momentáneo para quienes han conseguido viajar, pero deja tras de sí un centro colapsado, un entorno lleno de tiendas improvisadas y un ambiente de tensión creciente.
La falta de una estrategia clara para responder a este problema convierte cada traslado en un gesto insuficiente, mientras Ceuta sigue siendo punto de llegada para un flujo constante de inmigrantes que no cesa.






Alivio para el ceti, desgracia para algún de la península;continua la regeneración ,la España.
Ni niños, ni niñas, ni mujeres, ni ancianos... Todos jóvenes entre 20 y 40 años .. de que guerra huyen? Quién lucha en sus "guerras"?
Colonización silenciosa.