Hoy todos callan, están con esa fantasía, esas orejas levantadas, buscando pistas para intuir dónde van a caer esos presentes, que algún mago de los corrientes, estará guardando en algún escondrijo de la casa, o será en aquel lugar donde nadie piensa y puede ese intelectual del encubrimiento esconder ese presente, que fue primero en el Nacimiento, y ahora, nos dan ese presente que los impactará en nuestro rostro y nos sacará una sonrisa y una deducción de que sabía lo que estaba por venir.
Quedan pocas horas, los nervios están ahí presentes, dejando esconder su misterio, sus artes de prestidigitación, ante nuestra cara, y sin poder pillar cómo lo había hecho.
Pero menos mal que son tan solo una vez al año, que si no estaríamos buscando los cuartos debajo de los asientos de nuestros utilitarios, ya que aunque sean detalles, ya han de ser un desembolso, llevado con una igual que nos hará no quedar por debajo de lo que nos han de traer esos familiares, amigos, o ese vecino que cuenta con ese detalle de acordarse de nosotros ese día proclamado como Los Reyes Magos.
Otros aparecen en una esquina escondiéndose de ese día, ya que no puede, o no desea, hacer ese encuentro con la ilusión. Son ventas donde los comercios acogen un día clave en su arqueo anual, ya que después solo quedarán los antojos de cuatro tonterías.
Pero ver a los nuestros contentos, no tiene precio y nuestro día debe de quedar marcado para la memoria histórica de ese niño, hombre o anciano, que desea, y puede alcanzar ese grado de alegría y satisfacción. Es solo un día, menos mal, pero hay que enrollarse.






