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Le acusan de haber dejado que Vivas asuma todo el coste político y que el partido se encuentre ahora en unos niveles bajos
Que la gestión del delegado del Gobierno, Nicolás Fernández Cucurull, está resultando polémica, cuando se van a cumplir a finales de este mes dos años en el despacho de la Plaza de los Reyes, no pasa desapercibida para nadie.
Sin embargo, hay un sector dentro de su partido, que incluso es partidario de que presentara la dimisión o que, el propio presidente Vivas, que fue quien propuso su nombre al presidente del Gobierno, solicitara a Madrid su relevo. Se entiende que es el mejor favor que el delegado le podría hacer, en estos momentos, a las siglas del PP.
Es una opinión que ha ido creándose en determinados sectores del PP (miembros del Gobierno a todas las escalas, militantes con peso en la formación o incluso personas que han tenido una responsabilidad en tiempos pasados) a partir de la situación de inseguridad ciudadana que finalizó con una concentración y una manifestación, donde cientos de ceutíes salieron a la calle para pedir más presencia policial.
Y casi sin solución de continuidad, la problemática en el Tarajal: los problemas en el nuevo paso de mercancías, las colas de salida de vehículos patera, disminución escandalosa de compradores marroquíes que no vienen a Ceuta, concentración el pasado lunes de casi mil personas solicitando medidas urgentes por parte de Madrid y la escasez de soluciones aportadas por Madrid, por no decir ninguna.
En este sector del Partido Popular, donde algunos de lo que opinan de esta manera le han transmitido al propio presidente Vivas su pensar al respecto, se señala que la gestión de Fernández Cucurull no puede ser más nefasta para los intereses de la formación política, aunque reconozcan que está trabajando a destajo. Le culpan de haber dejado que el presidente de la Ciudad Autónoma haya tenido que asumir en primera persona un problema que no es competencia directa de la Ciudad, tanto en el tema de la inseguridad como en el del conflicto del Tarajal. Alegan esos cargos del Partido Popular que a Fernández Cucurull se le reconoce su preparación académica y económica, pero que para estar al frente de la Delegación del Gobierno hace falta ser un político y no un técnico como es su caso. Y por esa asunción del presidente de la Ciudad, muchos de los partidarios de la marcha de Fernández Cucurull opinan que el caudal político acumulado durante 16 años el presidente Vivas se está quemando a raudales.
Y dan gracias a que no hay unas elecciones autonómicas a la vuelta de la esquina, porque de ser así están convencidos de que el Partido Popular bajaría, por primera vez, después de cuatro legislaturas, de la mayoría absoluta.
Entienden que aún se está a mitad de la legislatura y que hay tiempo para reconducir la situación, por un lado, con un nuevo delegado que asumiera sus competencias, aunque tuviera el apoyo del presidente Vivas y, por otro, que el mismo jefe del Ejecutivo pudiera dedicar sus esfuerzos a menesteres directos de su responsabilidad y no a cuestiones que tienen más de seguridad y de orden público, que de intentar sacar adelante, por ejemplo, el Plan de Inversiones.






