Ceuta ha vivido una de sus tardes más intensas y emotivas con la llegada del Viernes Santo, cuando la ciudad ha vuelto a acompasarse al ritmo de la devoción y el recogimiento. Sobre las 17:45 horas, las puertas de la Iglesia de los Remedios se han abierto lentamente, marcando el inicio de la esperada salida procesional de la Real y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora del Mayor Dolor.
El ambiente se ha transformado en cuestión de segundos. Un profundo silencio se ha adueñado de las calles, solo interrumpido por los aplausos contenidos de los fieles, los sones de la música procesional y el leve crujido del paso al avanzar. La escena, bañada por una luz tenue y solemne, reflejaba la identidad de una Hermandad que cada año imprime carácter y respeto en su recorrido.
El paso del Santísimo Cristo de la Buena Muerte ha avanzado con marcada sobriedad, despertando miradas de admiración entre los presentes. La talla, cargada de simbolismo, se ha convertido en el centro de todas las miradas, generando un clima de recogimiento que ha acompañado cada uno de sus movimientos por las calles ceutíes.

Devoción en las calles
Tras el Cristo, el paso de palio de Nuestra Señora del Mayor Dolor ha vuelto a convertirse en uno de los momentos más esperados de la jornada. La imagen mariana, envuelta en un ambiente de profundo respeto, ha logrado conmover a los asistentes desde su salida.

Mecida con delicadeza, la Virgen ha iniciado un recorrido por las principales vías del centro mientras se elevaban oraciones y muestras de fervor desde balcones y aceras. Cada gesto, cada mirada, evidenciaba el vínculo emocional que une a los ceutíes con esta advocación.
El discurrir del cortejo ha estado marcado por una atmósfera de recogimiento y solemnidad, en la que los cofrades han avanzado con paso firme, conscientes del significado de cada instante. La música y el acompañamiento han servido para reforzar ese sentimiento colectivo.
Una ciudad entregada
La multitud, que ha llenado las calles, ha seguido la procesión con un respeto absoluto, creando una estampa de profunda unidad. Familias, visitantes y devotos han compartido un mismo sentimiento, convirtiendo la jornada en una experiencia compartida.
Cada tramo del recorrido se ha vivido como un auténtico acto de fe, donde el tiempo parecía detenerse y la ciudad latía al compás de los pasos. La conexión entre los participantes y el público fue constante, generando momentos de gran intensidad.
Así, el Viernes Santo ha vuelto a consolidarse como una de las citas más significativas de la Semana Santa en Ceuta, dejando una huella imborrable en quienes fueron testigos de esta manifestación de tradición, emoción y espiritualidad.





