En marzo de 1917, en plena Primera Guerra Mundial, el entonces gobernador militar de Cádiz, Miguel Primo de Rivera, protagonizó uno de los discursos más controvertidos de su carrera, proponiendo negociar con el Reino Unido un intercambio de Gibraltar por Ceuta.
El historiador José María García León, en un artículo de colaboración publicado en Diario de Cádiz, recuerda cómo aquella intervención, lejos de quedar en un ámbito académico, generó un intenso debate político y social en la España neutral de la época.
Aquel año, la caída del zar de Rusia y la entrada de Estados Unidos (EEUU) en la contienda habían cambiado el rumbo del conflicto. España, oficialmente neutral, disfrutaba de un respiro económico gracias al comercio con ambos bandos, aunque el problema del Protectorado de Marruecos seguía provocando divisiones.
La presencia militar en esa “zona árida en el norte, agreste y de cábilas rebeldes” generaba un creciente rechazo, hasta el punto de que figuras como Melquiades Álvarez, Unamuno o Ramiro de Maeztu cuestionaban su utilidad.
En este contexto, el 26 de marzo de 1917 Primo de Rivera ingresó como miembro de número en la Real Academia Hispanoamericana. Vestido con el uniforme que había lucido en Melilla, pronunció un discurso titulado La recuperación de Gibraltar, en el que calificó la presencia en Marruecos de “dispendio ruinoso” que “cuesta y preocupa a España”.
Según recogió el propio general, las tropas allí desplegadas no siempre estaban “facultadas para proceder dentro de los principios del honor y de la técnicas militar” y, pese a los esfuerzos, no se había ganado el afecto de los habitantes, “que solo están sujetos por el temor o la continua dádiva”.
Permutar Gibraltar por Ceuta

Además, reclamó mejoras en las comunicaciones de Cádiz con Algeciras y defendió la creación de un puerto franco para Ceuta. Sin embargo, lo que desató la tormenta fue su propuesta de “entablar negociaciones con el gobierno británico a fin de permutar Gibraltar por Ceuta” como “arreglo equitativo” para la restitución del Peñón. A modo de justificación, afirmó que “es en Inglaterra donde primeramente se ha tratado la devolución de Gibraltar a España”.
La polémica trascendió pronto de Cádiz. El marqués de Polavieja, desde las páginas del diario La Nación, rechazó la idea, advirtiendo de que España “perdería su porvenir en África” y que Inglaterra reforzaría su posición en la zona. Otros, como el cónsul de Colombia, José Manuel Pérez Sarmiento, alabaron “el patriotismo” del general y su “ansia por la restitución de Gibraltar”. Diario de Cádiz señaló que el discurso “tiene migas” y que Primo de Rivera lo había pronunciado “demostrando arrestos”.
El debate se enmarcó en una opinión pública dividida entre aliadófilos y germanófilos. Incluso hubo intentos de involucrar al director de Diario de Cádiz, Federico Joly Velasco, que pidió que “no asocien mi nombre a homenajes y ni suscripciones”. Apenas unas semanas después, en abril, Primo de Rivera fue cesado por el gobierno del conde de Romanones, favorable a la entrada de España en la guerra y autor de la frase: “hay neutralidades que matan”.
"Un soldado más allá del Estrecho es perjudicial para España" volvió a costarle el cargo
La intervención del general no solo marcó su trayectoria en Cádiz. En 1921, siendo gobernador militar de Madrid, reiteró que “un soldado más allá del Estrecho es perjudicial para España”, lo que volvió a costarle el cargo.
El interés por su discurso de 1917 fue tal que, tras agotar la primera tirada de 300 ejemplares, autorizó al periodista Joaquín Quero a reimprimirlo bajo el título menos conflictivo de Gibraltar y África, con 3.000 copias.
En una carta, Primo de Rivera bromeó con que la edición original le había costado “300 pesetas” y animó a Quero a “hacer lo que quiera y crea bien”, aceptando con simpatía el prólogo “donde, a pesar de sus lisonjas, me da Ud. un buen palo”.
Más de un siglo después, el episodio sigue generando interés histórico. De hecho, el general de división retirado Rafael Dávila ha abordado recientemente en sus análisis la figura de Primo de Rivera, el valor estratégico de Ceuta y la eterna cuestión de Gibraltar, recordando que las tensiones entre estos territorios y la política exterior española tienen raíces mucho más profundas de lo que a veces se piensa.







Ceuta inglesa? Teniendo en cuenta como defienden los ingleses lo suyo, mejor nos iría