Recatados y sin llamar la atención, se erigen con sus formas geométricas tras siglos de existencia. Son patrimonio material e inmaterial vivo que aún cobijan cultos. Son los tres morabitos que todavía quedan en pie en Ceuta.
Sidi Bel Abbas, Embarek y Brahim son el rastro de un tejido de construcciones que en su día ocuparon el mapa urbano local. Muchos de ellos han desaparecido o han quedado camuflados en otras edificaciones. Los que actualmente permanecen han sufrido restauraciones, modificaciones y a día de hoy son refugios para creyentes. El primero de ellos es el más antiguo con diferencia. Luce renovado tras los cambios que ha experimentado.
Localizado entre cañas, algunas palmeras y arbustos, coloca su mirada en dirección al mar. El sonido de un canto de oración en un altavoz interrumpe la tranquila escena de las barriadas. Es la llamada al rezo.
“Surgen entre los siglos XI y XII tanto en toda la zona norte de Marruecos como la de la ciudad. Se extendieron mucho. Fueron parte del movimiento sufí”, explica José Luis Gómez Barceló, cronista oficial de Ceuta.
Se desarrollaron estas cubas con planta cuadrangular con una media naranja. Sirven de sepultura a personas notorios en su época. “Normalmente eran sabios con gran influencia religiosa”, cuenta. Alrededor de este enterramiento primario, se instalas espacios para la oración o pequeños cementerios.

Sidi Bel Abbas
El que florece en las inmediaciones de Fuentecubierta, en el Sarchal, es el que acarrea a sus espaldas la historia más longeva. “Aunque está muy restaurado y con muchas adiciones y anexos, es uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Puede estar datado tranquilamente en el siglo XIII”, destaca.
“Se dice que ahí está un Muley Bel Abbas, pero no se ponen de acuerdo en cuál de ellos es”, incide. “Es el más importante de los tres a nivel histórico. Los portugueses en su día lo respetaron. De hecho, en periodos de paz en el XVI y el XVII se permitía la celebración de una romería de integrantes de cabilas para que llevaran a cabo su festividad alrededor de este”, relata Gómez Barceló.
No siempre estuvo en su máximo esplendor. Durante un tramo temporal experimentó un estado de decadencia. “A finales del XVIII, cuando llegaron los mogataces de Orán, que vivía en el Paseo de Colón, lo utilizaron para la oración, pero, en especial, como un enclave para enterramientos”, narra. “Alrededor de él sepultaron a familiares hasta que, posteriormente, emplearon para este fin a Sidi Embarek. Está bien documentado en las fuentes”, comenta.
Pescadores y velas
“Es un enclave muy curioso. Es una ensenada dentro del Monte Hacho”, menciona.
“Esto era una zona de entrada y salida. Los pescadores, en determinados momentos, cuando venían a la tumba solían dejar sus barcos ahí para subir al morabito o a una cueva frente a él”, remarca el cronista.
Es parte también de la memoria de Barceló. Aún recuerda las estampas que se alzaban en la citada cavidad. “Cuando era niño, casi siempre estaba llena de velas y ofrendas de la población de los alrededores. Era una costumbre”, traslada. Se conoce que ahí se desarrollaron romerías y que las fincas de la barriada lindan con ‘el camino del cortejo’.
El nombre no es arbitrario. Se cree que procede de ese séquito de mogataces de Orán que desfilaba por la senda hasta llegar a Sidi Bel Abbas para rezar o hacer sepelios. “Seguramente, como pasaba por ahí, la gente lo empezó a llamar así”, detalla. La referencia aparece en escritos de finales del XVIII y el XIX.
Brahim y Embarek
El de Sidi Embarek preserva en buen estado sus formas y está fechado en el XVI en un punto de la cronología de Ceuta en la que los límites de la ciudad aún no habían arribado hasta la actual calle Capitán Claudio Vázquez.
El cerco de Muley Ismail lo reforzó. Otro factor de peso fue el cementerio, que en el presente se utiliza aún. Sus romerías son de las que más ha quedado constancia gracias a fotografías o documentos de prensa. “Se han hecho hasta comienzos del XX”, apunta. “Venían muchas personas y formaban cofradías musulmanas. Iban con banderas y trompetas; una imagen parecida a la que se ve en bodas”, matiza.
“El de Brahim es más pequeño y está cerca de la frontera”, subraya. “Probablemente su origen esté situado en el XVIII. Está vinculado con los campamentos del cerco, pero no es una cuestión que quede clara”, asegura.
Todos los morabitos han vivido circunstancias en las que han sido fruto de la denostación o en los que apenas cumplían alguna función. “Prácticamente incluso quedaron arruinados”, concreta. Sin embargo, finalmente, lograron resurgir de las cenizas.
Restauraciones
“Mientras que el de Bel Abbas y el de Brahim prácticamente llegaron a estar en ruinas en el siglo XIX, el de Embarek, el más importante, ya se sometió a una actuación porque se usaba como lugar de entierro”, traslada.
“Los ingenieros de la Comandancia fueron los que lo recobran y añadieron construcciones alrededor como un pequeño fondac”, especifica. Es en 1909 cuando se acomete un procedimiento en mayor profundidad tanto en este como en el Brahim.
“Los vecinos de la zona aprovecharon la visita del rey Alfonso XIII en ese año para pedirle que la restaurara. Nuevamente, estos expertos militares se hicieron cargo de trazar el proyecto. “Le dieron la forma que ha llegado a día de hoy”, remarca Gómez Barceló.

Personajes influyentes
No se sabe a ciencia cierta quiénes son los que descansan fuera de la vida terrenal en los morabitos. “Los historiadores no se ponen de acuerdo con el de Sidi Bel Abbas porque el nombre que mantiene no presenta ni la kunya ni la nisba, es decir, las partes que indican exactamente a qué familia pertenece y de dónde era”, explica.
Existen varias teorías que versan sobre un personaje en el XII, en concreto, del fundador de Marrakech. “No está aquí, obviamente”, puntualiza. Está la opción de otro que vivió en un siglo posterior al citado emparentado con el cronista Al Ansari.
Barajan otros dos más, un varón de poder y otro un tanto “curioso” que aparece en algunas leyendas del XV al XX. Dedicado a la meditación y el rezo, residía por la actual plaza de África. “Se dice que pronosticó que la ciudad iba a caer en manos cristianas”, incide.
El de Embarek está vinculado a guerreros y sabios. “Son varios los relatos porque al estimar que es una estructura del XVII y no se encuentra a una figura que se ajuste a ese periodo. Se plantea que más bien es del XVIII y que está ligado al cerco de Mulay Ismail. Contemplan que es un militar o un combatiente”, cuenta el cronista oficial de Ceuta.
Las ideas son más reducidas en el caso del de Brahim. “Posiblemente era alguien muy querido por las cábalas cercanas a la frontera”, narra. No está totalmente esclarecida la identidad de los difuntos ya que la información procede de fuentes orales “que van cambiando con el tiempo”.






Recuerdo de joven que había una cópula de un morabito entre lo que fue la escuela taller virgen de África y que le llamaban Sisi Sebti, actualmente hay un nuevo edificio que hace esquina von el solar donde estuvo el cine África y en lo alto del edificio, se reconstruyó esa cópula, me imagino por la identidad del lugar
Falta uno que no se habla de él y mucha gente de Ceuta desconoce ( Sibti ) que está estre los edificios que hay subiendo la subida del recinto enfrente del antiguo cine África .
La grandeza de Ceuta está en su pasado, en su patrimonio histórico, que por mucho que la ultraderecha ignore o desacredite, se respira en cada rincón de esta ciudad que fue una de las perlas del Mediterráneo.
Si, la Alhambra que estaba aquí....