La familia de Mohamed Chedadi ha recibido la peor de las noticias. Fue con vida a Ceuta y ahora su familia ya no puede contar más con él porque está muerto.
Era uno de los jóvenes que la Guardia Civil localizó sin vida el pasado miércoles 10 de septiembre. Gracias al reconocimiento del cuerpo por parte de un amigo que cruzó a nado junto a él, así como familiares, se ha podido constatar su identidad.
Hace solo unos días que Mohamed protagonizaba una de las peticiones de localización y auxilio que, sobre desaparecidos, acostumbra a publicar El Faro de Ceuta. Mientras se estaba pidiendo ayuda para dar con él, el joven ya estaba muerto. Los GEAS se habían encargado de sacar su cadáver del mar, en aguas del Sarchal.
Cuenta su familia que Mohamed era un joven lleno de sueños que intentaba emigrar en busca de una vida digna para su familia, que reside en condiciones sociales muy difíciles en la ciudad de Taounate, Marruecos.
Tenía casi 20 años y desde el pasado 9 de septiembre, sus familiares habían dejado de tener noticias de él.
Ahora, constatada su muerte, solo piden poder llevar el cuerpo a su país para enterrarlo y despedirle de forma digna. Sus seres queridos no tienen medios ni recursos para poder realizar los trámites de repatriación al objeto de que Mohamed pueda descansar por siempre en su propio país.
“Vivimos no solo el dolor de su pérdida, sino también la impotencia de no poder despedirnos de él como merece”, explican sus familiares a este periódico. Confían en que todos los trámites oficiales se resuelvan para poder facilitar su traslado a Marruecos.
Mohamed formaba parte de una familia marcada por circunstancias económicas y sociales difíciles.
Se graduó este mismo año en Secundaria, pero debido a la situación social de su familia, siempre soñó con marchar a Europa para apoyar a sus padres, familiares y hermanos menores.
Su pueblo natal está en las montañas de Taounate, concretamente en el pueblo de Ghafsai. Emprendió ruta a nado acompañado de un amigo que sí logró cruzar con vida.
Sus familiares quieren recalcar que Mohamed no huyó de la tierra de sus antepasados, sino de la injusticia y las adversas situaciones de vida que se dan en su país. La zona donde vive carece de agua potable y de los recursos básicos para subsistir.
“Era un joven en la flor de la vida, que había obtenido su certificado de Bachillerato y en lugar de continuar sus estudios en la universidad” optó por echarse al mar para “salvar a su familia del infierno de este mundo”, lamentan los familiares.
Atrás dejó a sus hermanas y a sus progenitores. Su padre está desempleado y su madre también depende exclusivamente del trabajo agrícola. Tras la disminución de las precipitaciones, la pobreza ha azotado fuertemente a la población que vive en este lugar.
El día en el que la Guardia Civil sacó del mar el cuerpo sin vida de Mohamed, recuperó otros dos cadáveres más. Fueron tres localizados solo en cuestión de horas, tanto en San Amaro como en el Sarchal, puntos donde suelen producirse desembarcos de las llamadas pateras de la muerte.
En lo que va a de año han sido localizados 31 muertos, todos ellos de casos asociados a la inmigración, tanto de adultos como de menores. Son muy pocas las identificaciones logradas, por eso desde el Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil siempre se hace hincapié en la necesidad de presentar denuncia para cerrar el círculo y conseguir más identificaciones.
La familia de Mohamed pide ayuda, apoyos, cooperación para conseguir el único deseo que les queda: poder despedirse del joven, rezarle y enterrarlo.
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