Ver dónde se encuentra una calle o una tienda es tan sencillo como acudir a Google Maps. Sin embargo, no siempre se ha tenido esta facilidad para orientarse por el entramado urbano de Ceuta. Antes, cuando no existían si quiera televisiones o pantallas, los mapas eran la única guía.
Sin embargo, el propósito de su trazado no respondía tanto a la localización de una vía pública. Eran más bien indicadores sobre la distribución de los edificios en la ciudad, su dimensión o la extensión de los parajes. La base que sustentaba su creación eran fines informativos, estratégicos, militares e incluso geográficos.
Recientemente el Archivo Histórico de Cádiz ha dado conocer a través de redes sociales un manuscrito cartográfico de la población enfocado en el Monte Hacho. El mismo fue desarrollado por la Comandancia de ingenieros de Marruecos en 1932 sobre uno general de 1899.
Más mapas del siglo XX
Los registros también reflejan uno de carácter castrense elaborado el 20 de septiembre de 1904 por Enrique Vidal. El mapa está vinculado a un proyecto de enlace telefónico del Serrallo con las Torres, tal y como plasma la Biblioteca Virtual de Defensa.
Cuatro años antes, el teniente de ingenieros Enrique Amado confeccionó un gráfico a color nominado ‘plano del terreno adquirido al frente de Ceuta’. Comprende la extensión situada al oeste del istmo que une el peñón del Monte Hacho con el continente africano.
Representa la orografía, los canales acuáticos y revela la división administrativa de las sucesivas ampliaciones del territorio. Originalmente fue una posesión del General Ibáñez de Ibero, fundador del actual Instituto Geográfico Nacional. Coincide en fecha con otro que refleja al Puerto. Es parte de la colección García Figueras. Hay otros mucho más cercanos al presente como el de guía de 1976.
Ceuta medieval
Sin embargo, mucho antes del siglo XX, se han registrado numerosos dibujos que exponen cómo era en el pasado. Los primeros surgen en la Edad Medieval. Los recopila Carlos Gozalbes Cravioto en su libro ‘Ceuta en los portulanos medievales’.
El estudio aborda desde finales de la centuria XIII hasta los años iniciales de la XVI. Caben destacar ejemplares como el anónimo fechado en 1327 conservado en el Museo Británico, el del mallorquín Angelino Dulcert de 1339 o el de los hermanos Pizzigani de 1367 que guarda la Biblioteca Palatina de Parma.
Otro de gran relevancia es uno de autor desconocido realizado en torno al año 1500. Contiene un sopesado análisis que vislumbra la posible estancia de Cristóbal Colón en la población. Se suman a los remarcados otros fuera de las páginas del investigador.
Un ejemplo a subrayar es un mapa de Ceuta del siglo XVIII, en concreto, del año 1779. El autor fue el geógrafo y editor francés Longchamps. Otro nombre de la misma nación aparece relacionado con los planos de la urbe. Es el de Nicolas Bellin. El documento que creó es parte de ‘Petit Atlas’, está coloreado a mano y cuenta con indicaciones en el idioma francófono. Titulado ‘Rade et Ville de Ceute’ fue trazado en 1764.
El motivo por el que los artífices no son españoles estriba en una explicación sencilla. Fundamentalmente las familias francesas eran las que manufacturaban los materiales cartográficos del país en esta época. A los dos últimos citados se unen representaciones de presidios que datan entre 1700 y 1800.
Ceuta en 1850
Cualquier ceutí sabe bien dónde está la plaza de los Reyes o dónde se encuentra la de África. Son algunos de los puntos emblemáticos que alberga la ciudad. Se sabe bien cómo es el aspecto actual del entramado urbano local, pero ¿cómo era hace siglos?
Existe la datación de una descripción adjunta donde se puede averiguar cómo era su fisionomía a mediados del siglo XIX. El mapa, bajo el título ‘Posesiones africanas de España’, pertenece al Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña y está fechado en 1850. El relato que acompaña a este material gráfico incide en aspectos como la arquitectura, la población e incluso la historia. La narración en sí revela que era un enclave militar.
“Tiene 442 vecinos y 2.210 habitantes entre los que se cuentan 214 electores, con exclusión del presidio y de la guarnición: esta consta generalmente de 2.500 infantes, 50 caballos y dos baterías de artillería; en cuyo número entran los cuerpos de creación fija y una compañía de moros mogataces”, indican en la exposición.
2.000.000 reales de coste
“El costo de la plaza, sin contar los sueldos de la guarnición se eleva a cerca de 2.000.000 de reales anualmente. El capital imponible es de 209.084 y el presupuesto municipal de 197.223 que se cubren con diferentes arbitrios”, explican.
Es definida como una ciudad, una plaza y un presidio mayor, así como la residencia del Capitán General. “Su clima es benigno y bastante saludable. Tiene magníficas fortificaciones que forman tres recintos. Las casas, aunque de mezquino aspecto son cómodas y adornadas por lo general con bonitos jardines”, prosigue el texto.
Había dos paseos, edificios militares y algunos de carácter civil. Disponía de tres hospitales, dos escuelas para niños “y otras tantas de niñas” todas ellas pertenecientes al ayuntamiento. Los templos presentes eran una iglesia parroquial, en concreto, la catedral del obispado de Ceuta, y otra auxiliar a las que se sumaban dos conventos suprimidos, varios oratorios y ermitas.
Producción e historia
“Los confinados que comúnmente ascienden a 2.000, se dedican a algunas faenas estando asistidos con esmero y recibiendo alguna instrucción”, manifiestan. El sector primario en la localidad era clasificado como “escaso”, pero completamente ausente.
“Las producciones consisten en infinitos nopales e higueras chumbas, verduras, frutas, algunas cepas y pocos pinos de manera. A excepción de la pesca, se tienen que importar de fuera todos los artículos necesarios para la vida”, concretan.
El escrito cierra con un repaso histórico. “Esta población que dominaron los cartagineses y ocuparon los romanos dándole el nombre de Septa ó Septem-Fratres por los siete montes que se distinguen en su recinto pasó luego al poder de los godos y los musulmanes. Don Juan I de Portugal la quitó a estas el 16 de agosto de 1416 y fue incorporada a la corona de Castilla en 1580 siguiendo desde entonces bajo nuestro dominio a pesar de las varias acometidas que ha sufrido”.
Diez años más tarde
El lenguaje cartográfico en esta etapa es cuantioso. Diferentes fuentes enseñan un gran abanico de trazos ya sean de color, aéreos o no. A partir de 1860 los planos comenzarían a ser testigos de una ampliación territorial en la ciudad, así como de las obras de acondicionamiento en la propia población y en su puerto.
Asimismo, esta etapa comprende las obras de fortificaciones, acuartelamientos, fuertes o baterías como, por ejemplo, las edificadas en la zona anexionada. Un año después, y hasta el 69, se contempla un proceso expansión urbana del que dan cuenta los mapas que han llegado a la actualidad.
Este comprende la ocupación del campo exterior, en especial, tanto el crecimiento urbano en el istmo y en la Península de Punta Almina como la renovación que experimentó parte del sistema defensivo en ese entorno y en los intramuros. Justo con el inicio de 1870 arranca la transformación del municipio hacia su aspecto actual, un tránsito que comienza en 1900 y finaliza en 1912.
El transcurso histórico en este tramo temporal puede consultarse en profundidad en la publicación ‘Ceuta en el siglo XIX: a través de su cartografía histórica y fuentes inéditas’ de María José Vilar publicado en el 2002 por la Universidad de Murcia.






