La comunidad judía ceutí culmina hoy la Janucá o ‘Fiesta de las Luces’, festividad que se celebra durante ocho días, y en la que se conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos sobre los griegos, así como la purificación del Templo de Jerusalén de los iconos paganos, en el siglo II aC. El origen de esta fiesta se sitúa en la época de la hegemonía helénica en Israel. Un grupo de judíos conocidos como Macabeos se rebelaron contra los soldados griegos, negándose a realizar actos que iban en contra de su propia religión. Tras una dura lucha, su estrategia, decisión y fe los condujeron al milagro de hánuca: ganar pocos contra muchos.
La tradición judía también habla del milagro, por el que, una vez finalizada la guerra, los macabeos regresan a Jerusalén y encuentran el Santo Templo profanado, con la menorá (un candelabro de siete brazos) apagada, y aceite ritualmente puro suficiente para encenderlo un sólo día. Tardaron ocho días en conseguir más aceite; y sin embargo, el poco que tenían mantuvo encendida la menorá durante todo ese tiempo. Esto dio origen a la principal costumbre de la festividad, que es la de encender, en forma progresiva, un candelabro de nueve brazos llamado Janukiá (uno por cada uno de los días más un brazo ‘piloto’).
La festividad acontece el 25 de Kislev del calendario judío, entre finales de noviembre y finales de diciembre del calendario gregoriano. Bien en los propios domicilios o en la sinagoga se van encendiendo las velas, hasta llegar al octavo día de esta festividad.
El martirio de Hannah y sus siete hijos también ha sido relacionado con Janucá. Según una historia del Talmud, una mujer judía llamada Hannah y sus siete hijos fueron torturados y ejecutados por Antíoco por negarse a comer cerdo, que habría sido una violación de la ley judía.
El Talmud también sugiere otro origen para la festividad: es una manifestación de la fiesta del solsticio de invierno, momento en que los días empiezan a ser más largos. El Talmud relata historias de Adán, el primer hombre, que vio ponerse al sol por primera vez en su vida y entró en pánico, y conectan esta historia con la festividad del solsticio de invierno.






