El próximo domingo tendremos elecciones autonómicas en Aragón. Todo indica que el PP no tendrá mayoría absoluta y que tendrá que gobernar con VOX. También las encuestas apuntan a la caída histórica del PSOE, salvo las encargadas al CIS que dependen del Gobierno; es el propio Gobierno el encargado de nombrar al director del Centro de Investigaciones Sociológicas.
No juego a ser la pitonisa Lola, pero esta dinámica se puede repetir hasta llegar a las elecciones generales
A la Chita callando, Vox aumenta significativamente y tendrá la llave del Gobierno en una posibilidad más que probable; es la dinámica de lo que está pasando en el mundo: el auge de la extrema derecha es un tsunami imparable que cambiará cualitativamente las formas y maneras de entender la política y todo lo que en ella subyace.
Trump es un buen ejemplo: la economía, los derechos humanos, la inmigración, la libertad de prensa, el respeto a las organizaciones internacionales, el saltarse a la torera los derechos humanos y el caso Venezuela y Groenlandia.
Es un aperitivo, un boceto de lo que nos tocará ver más pronto que tarde.
Mientras tanto la izquierda no reacciona, no se une, no combate, no se organiza; se limita a cerrar los ojos y a esperar que no suceda lo que sucederá.
Bulos repetidos miles de veces, populismos, cosechar miedos, aprovechar casos de corrupción en la izquierda, negacionismo, medias verdades y un etcétera de tácticas, llevan a la picota cualquier ideología progresista que intente plantarle cara.
Lo que sucederá, pronto lo sabremos y pocas dudas tendremos que despejar cuando hablen las urnas.
¿Qué sucederá con la izquierda? ¿Cómo se recuperará? ¿Qué tendrá que pasar para frenar a la extrema derecha?
Tal vez a Pedro Sánchez no le dará tiempo a escribir otro “ diario de resistencia”, y si lo escribe, corre el riesgo de que le den con el libro en la cabeza.
Un alto precio pagaremos y las consecuencias serán como este vendaval que visita nuestra ciudad.
¿Qué pasará con el medio millón de inmigrantes que se van a legalizar? ¿Qué pasará con la enseñanza pública, la sanidad pública, la libertad de prensa, la libertad de opinión, el aborto, la eutanasia y derechos conquistados por tantos colectivos marginados?
No hay escapatoria y, ahora que truena, nos acordamos de Santa Bárbara.






