El Tribunal de Apelación de Tetuán ha puesto en libertad a Aymen, un joven diagnosticado con trastorno del espectro autista, después de que fuese procesado por interrumpir de manera no intencionada la comitiva real de Mohamed VI durante este verano en la zona de Malalien. La resolución, recibida con aplausos en distintos sectores sociales, ha sido considerada un ejemplo de sensibilidad judicial.
El episodio había generado un intenso debate en la opinión pública marroquí. Mientras algunos defendían la necesidad de aplicar estrictamente la normativa, otros insistían en la importancia de contemplar la situación particular de Aymen, quien no comprendía la magnitud de su acción. Finalmente, la justicia se inclinó por un enfoque más humano, subrayando que el derecho no debe limitarse a castigar conductas, sino también a valorar las circunstancias de cada persona.
La familia del joven mostró su satisfacción y alivio tras la decisión, agradeciendo a las autoridades judiciales la comprensión demostrada. “Aymen no representaba un peligro, fue víctima de un malentendido”, señalaron sus allegados, quienes habían expresado desde el inicio su preocupación por el impacto psicológico que un proceso judicial podía tener en su hijo.
La ley no está reñida con la empatía
Más allá del caso particular, este episodio ha reabierto la reflexión sobre cómo las instituciones marroquíes deben actuar frente a ciudadanos con necesidades especiales. Juristas y asociaciones de derechos humanos han coincidido en que la ley no está reñida con la compasión, sino que se fortalece cuando se aplica con empatía.
El caso de Aymen se convierte así en un precedente que, según observadores, podría servir para mejorar la relación entre justicia, seguridad y colectivos vulnerables, promoviendo un sistema más inclusivo y consciente de la diversidad de sus ciudadanos.
El desenlace del caso refuerza la idea de que la justicia marroquí puede avanzar hacia una aplicación más cercana, justa y comprensiva con quienes requieren una mirada distinta.






