Miré a la Luna y vi como me estaba sonriendo, me acerqué un poco más y disfruté de una imagen singular, un árbol que portaba un fruto del tiempo de color naranja: mandarinas. ¿Era una coincidencia o me quería decir algo?
Me dejaste con las dudas, en aquella calle solitaria, donde solo se escuchaban sonrisas procedentes de los bares. Mi hijo te hizo una instantánea, para añadir un poco más de salsa a aquella interrogante.
Solo me hacías que te mirara.
Sé que eres muy coqueta, y por este motivo yo también te hice un guiño.
El mío era sereno, lleno de dudas, pero con una tranquilidad pasmosa.
Al llegar a casa y ver que mi hijo cenó con un zumo de naranjas, comprendí algo, que aunque no puedas hablar se que te puedes comunicar. Era el anuncio de una futura visión. Te pusiste de mujer de: "la buena ventura", y me hiciste un augurio donde el cítrico tenía esa presencia.
Hoy me he levantado con una mucosidad desmesurada y dentro del cuarto de baño, con el papel higiénico en mis alrededores de las fosas nasales comprendí tú labor de precursora de mi futuro, ese que cabía pensar en estar con los efectos de un catarro, que es lo más normal de esta época, y más cuando tanto mi hijo, como mi mujer ya han pasado por estos síntomas, de ese cuadro de tos, mocos y esputos. Ahora me toca la "china" a mi, esperemos que sea por un periodo de tiempo corto.
Pero debo de agradecerte que me hayas avisado, de esa forma tan original. Para que luego digan que no existen los buenos augurios, el leer el futuro y muchas artes más.






