El Instituto de Gestión Sanitaria (Ingesa) completará a la vuelta de pocos meses un año con la cafetería del Hospital Universitario cerrada, una situación que causa un perjuicio evidente tanto a los usuarios del equipamiento como a los trabajadores, tal y como lamentan hoy en este periódico todas las centrales representativas.
La administración sacó a concurso por última vez a finales del año pasado el servicio de gestión de la cafetería, por la que reclama el abono de un canon mínimo de 55.200 euros con IPSI por dos años, es decir, un total de 2.300 euros al mes. El Ingesa recibió dos ofertas, pero desechó ambas por no haber acreditado la solvencia técnica requerida.
Es evidente que la institución licitadora no puede mirar hacia otro lado con los requisitos exigidos para la prestación del servicio requerido, pero también parece claro que si el impedimento para poner en funcionamiento el servicio es el canon reclamado este debería reducirse o ligarse al negocio que realmente se produzca en el establecimiento, que cuenta con una demanda casi cautiva de clientes entre pacientes (visitas y acompañantes incluidos) y trabajadores del clínico de Loma Colmenar. Simplemente no hay alternativa.
Acudir al Hospital en coche es desde su construcción un pequeño incordio por no haberse pensado en espacios adecuados de estacionamiento para los usuarios y no es de justicia que la estancia en un espacio al que nunca suele ser de agrado acudir se haga todavía más difícil por condicionantes de índole económica o burocrática.
El Ingesa debe dar otra vuelta a las condiciones de la licitación para salvar este problema.






