En vísperas del inicio del mes sagrado del Ramadán, el delegado de la Comisión Islámica de España en Ceuta, Hamido Mohamed, analiza el profundo significado espiritual de este periodo para la comunidad musulmana y su proyección más allá del ayuno.
Desde la necesidad de “parar” en una sociedad acelerada hasta la importancia de la caridad, la educación religiosa y la convivencia en una ciudad plural, Mohamed ofrece una reflexión serena y didáctica sobre un Ramadán que define como “un viaje interior hacia la mejora personal y colectiva”.
Con una amplia trayectoria al frente de la Comisión Islámica ceutí desde 2017, subraya además el alto valor del diálogo institucional y social que ha permitido avances históricos en el reconocimiento y la integración de la comunidad musulmana en la ciudad.
–Estamos a las puertas de un nuevo Ramadán. ¿Qué cree que necesita reforzar la comunidad musulmana en este mes sagrado?
–El Ramadán es, ante todo, un viaje interior. Es un mes de reflexión, oración y autodisciplina. No se trata tanto de necesidades materiales —salvo la caridad, que luego comentaremos— como de una necesidad espiritual. Es un tiempo para preguntarnos qué hemos hecho con nuestra vida y cómo podemos mejorar. Cada Ramadán que uno vive es una oportunidad que Dios nos concede para intentar ser mejores personas.

–En una sociedad tan acelerada como la actual, ¿cómo puede el Ramadán ayudar a “parar”?
–El ayuno es una bendición para el ser humano. Nos aleja de muchos males y nos obliga a hacer una pausa. Hay personas que practican ayuno intermitente por salud; para el musulmán, el ayuno del Ramadán es una pausa del alma.
Hay una parábola muy conocida: una persona le dice a un sabio que ha vivido sesenta años, pero que siente que no ha hecho nada importante. El sabio le responde que aún tiene solución: intentar mejorar lo que queda para que Dios le perdone lo pasado y lo futuro. Eso es el Ramadán: una oportunidad anual para corregir el rumbo.
Muchas veces buscamos la felicidad fuera, en lo material, y no la encontramos. El sosiego está dentro de uno mismo. Para nosotros, ese descanso del alma solo se alcanza a través del amor a Dios, la oración, el ayuno, la recitación del Corán y las buenas acciones.
–Usted insiste en que ayunar no es un sacrificio. ¿Por qué?
–Porque ayunar es dar lo mejor que uno tiene. No es solo abstenerse de comer o beber; es abstenerse de mentir, de discutir, de hacer daño. El profeta transmite un hadiz en el que Dios dice: “Todas las obras del ser humano son para él, excepto el ayuno, que es para Mí y Yo sabré recompensarlo”.
Creemos que el ayunante tiene una puerta especial en el paraíso, la puerta del Al-Rayán (o Bab ar-Rayyan), por la que solo entran quienes ayunaron. Según la tradición islámica, es una de las ocho puertas del Paraíso (Jannah) reservada exclusivamente para quienes ayunan con frecuencia y devoción
Por eso el ayuno no es una carga, es un regalo espiritual.

–Ha mencionado ejemplos compartidos con otras religiones…
–Claro. El ayuno no es patrimonio exclusivo del Islam. Jesús ayunó, Moisés ayunó, Abraham ayunó. El rey David ayunaba un día sí y otro no durante toda su vida. Incluso María, la madre de Jesús, realizó un ayuno físico y espiritual: no hablar. Es uno de los ayunos más difíciles.
Cuando su pueblo la acusó, ella guardó silencio y señaló al niño Jesús, que habló siendo recién nacido. Ese relato nos enseña el valor del autocontrol, la fe y la confianza en Dios.
–¿Ha cambiado la forma de vivir el Ramadán con los años?
–Los fundamentos del Islam no cambian, pero vivimos en una sociedad más consumista. A veces se confunde el Ramadán con una gran fiesta social, como la Navidad, cuando en realidad es un mes de recogimiento. No es para comer más, sino para reflexionar más.
Me siento orgulloso de vivir en una ciudad como Ceuta, donde la convivencia entre cristianos y musulmanes es real. Es un ejemplo de tolerancia. Solo tengo palabras de agradecimiento hacia mis vecinos; siempre he encontrado respeto, cercanía y generosidad. La gente te saluda, te felicita, te desea lo mejor. Así debería ser siempre.
Recuerdo que cuando era niño, en mi barrio compartíamos las fiestas: intercambiábamos dulces en Ramadán y en otras celebraciones, y nos sentíamos como una familia. Eso hoy ya no se vive igual, quizá porque todos estamos más pendientes de nuestras rutinas y vamos con más prisas.
Creo que deberíamos recuperar ese espíritu, porque nos ayudaba a conocernos de verdad y a sentirnos más unidos. Ahora, en cambio, vivimos un poco más aislados unos de otros desde una perspectiva general como sociedad.

–¿Qué momento del mes considera más intenso espiritualmente?
–Todo el mes está lleno de bendiciones, pero la Noche del Destino, en los últimos diez días, es especialmente importante. Puede coincidir con varias fechas y muchos fieles pasan la noche entera rezando y suplicando. Es una noche que transforma al creyente.
El Ramadán es considerado el mes más sagrado del Islam, centrado en el ayuno (sawm) y la reflexión, conmemorando la revelación del Corán. Y aunque es el mes sagrado por excelencia, técnicamente no forma parte de los cuatro meses “sagrados” específicos mencionados en el Corán (Muharram, Rajab, Dhu al-Qa'dah y Dhu al-Hijjah).
Los cuatro meses sagrados (Ashur al-Hurum) en el Islam, son definidos por el Corán como momentos de especial paz y aumento de buenas acciones.
Durante estos meses, se enfatiza la evitación de conflictos y la intensificación de la devoción.
–¿Cómo percibe que lo viven los jóvenes?
–Las redes sociales están ahí, es inevitable, pero hay un vínculo muy fuerte entre juventud y ayuno. Los jóvenes se sienten identificados con el Ramadán. La mayoría lo vive con devoción y compromiso.

–¿Qué papel desempeñan las mezquitas y las familias en la correcta transmisión de valores a la comunidad?
–Fundamental. Durante el Ramadán se refuerza la caridad, un valor esencial: la zakat, que es obligatoria, y la sadaka, que es voluntaria. Es una forma de purificar la riqueza y acercarse a Dios. Las mezquitas organizan recogidas y distribución de ayuda, y eso fortalece la solidaridad comunitaria.
Por eso la caridad en el contexto del Ramadán no solo es un acto de bondad, sino también es un deber religioso. Y esto es lo que los imames hacen hincapié muchísimas veces en los sermones y en las conferencias.
–Ceuta es una ciudad plural. ¿Qué mensaje lanza el Ramadán al conjunto de la sociedad?
–Estoy orgulloso de vivir en Ceuta. La convivencia entre comunidades es ejemplar. Hay respeto, cercanía y afecto. Muchas personas sienten el Ramadán como algo propio. Antes los vecinos intercambiaban dulces en todas las fiestas; deberíamos recuperar ese espíritu. El Ramadán es también un puente entre culturas.
-En un contexto de inflación y dificultades económicas, ¿es un Ramadán más complicado?
–Sí, hay muchas necesidades. Nosotros hacemos lo que podemos, pero contamos con entidades como el Banco de Alimentos, Cáritas o la Ciudad. Hay mucha solidaridad y eso es esperanzador.

–Usted es delegado de la Comisión Islámica de España en Ceuta desde 2017. ¿Qué retos afronta hoy la CIE?
–Hemos avanzado mucho: legalización de mezquitas, regularización de imanes, diálogo interreligioso. Nuestro trabajo es diario y discreto, pero constante. Llevamos décadas trabajando por la comunidad.
–¿Cómo se preparan la Musal-la del final de Ramadán?
–Con coordinación institucional. Es un orgullo contar con el reconocimiento del día festivo, fruto del consenso político y del respeto a la comunidad musulmana.

–¿Qué mensaje lanza para este Ramadán 2026?
–Que lo vivamos consagrados a Dios y que intentemos mejorar espiritualmente. Hay un dicho que dice que el lobo ataca a la oveja que se separa del rebaño. Cuando estamos unidos, somos más fuertes. El Ramadán es un tiempo de concordia, solidaridad y paz.







Eso no te lo crees ni tu.
La penultima foto, Que imagen!! con el fondo del príncipe detrás y la furgoneta de la cruz roja. Impactante
Claro. El ayuno no es patrimonio exclusivo del Islam. Jesús ayunó, Moisés ayunó, Abraham ayunó. El rey David ayunaba un día sí y otro no durante toda su vida. Incluso María, la madre de Jesús, realizó un ayuno físico y espiritual: no hablar. Es uno de los ayunos más difíciles.
Cuando su pueblo la acusó, ella guardó silencio y señaló al niño Jesús, que habló siendo recién nacido. Ese relato nos enseña el valor del autocontrol, la fe y la confianza en Dios.
declaraciones que significan la CUARESMA , que no es una festividad como tal , veremos las noches del Ramadan