El camino es muy largo, no se puede contemplar desde el castillo, entre mirillas, y con el descanso en la silla. Hay que andar, sudar, encontrar ese elemento oculto en alguna parte y luego volver a intentar, y seguir un itinerario que nadie sabe cómo es, ni en qué consiste. Salir de la rutina, encontrar un viaje al futuro, es cosa de un buen andante. Ese que debe estar en el lugar apropiado, en el paraje de esa esquina, a la hora donde haya quedado ese ángel que busca tu esfuerzo, tus ganas, tú atrevimiento a llegar donde nadie explora. Ese es el viaje ideal, las ganas de encontrar, de ser útil a tu imaginación.
No volar dentro de unas paredes manchadas de recuerdos, de ideas que no cambian, no por ganas, sino por no intentar buscar otra imagen nueva.
Hoy encuentro, mañana busco. Hoy estoy dentro de un laberinto, que no exploro por no tener ganas de salir de mi casa, esa que cada día es más pequeña, donde la rutina hace que sea todo igual, tanto hoy, como mañana.
Miro el cielo y observo una claridad en esa triste lluvia que engloba nuestro día de ayer y de hoy, pero me dan ganas, de saltar, buscar esa nueva ruta y entrar en una nueva dimensión.
Esa que me adentré en tener una senda donde poder caminar, agusto, o con deseos de no mojarme. Sentirse libre, buscar un lugar nuevo y sacar nuestra libreta y anotar un nuevo descubrimiento, una nueva quimera que será nuestro filón para un mañana donde sentarse a pensar y con una sonrisa mirar al Cielo y decir: “Gracias por esta experiencia de hoy”.






