Es la isla menos explorada desde el punto de vista submarino, y la que presenta un medio marino mesofótico insólito y desconcertante. Por diversas razones no pude estar en la misión científica que se organizó en 2025 para poder bucear en un par de puntos, se organizó con demasiada premura y oportunidad como para preparar un viaje tan difícil saliendo desde Ceuta con pesado equipaje de campaña científica por esas profundidades de Dios. Apenas se pudo trabajar pero los datos tomados dejaban claro que por el momento, La Gomera es la única ínsula de las Canarias que presenta unas divergencias profundas que serán tratadas y explicadas en la segunda parte.
Mi relación con la isla colombina ha sido escasa pero muy intensa. Me explicaré, se han realizado pocas campañas de buceo a lo largo de los proyectos de Canarias que tocaran esta isla, durante mi época de formación científica. Sin embargo, gracias a un compañero del laboratorio de ciencias marinas, Gustavo Lorenzo, y a su gran amigo “Fran”, pudimos cruzar en varias ocasiones desde Punta Teno hasta el litoral gomero en una rápida zodiac de color rojo y blanco, del mismo color del faro que otea en el puerto que conocía Cristobal Colon.
Esta travesía, solo era posible en los días de mucha calma de vientos y aprovechando que el mar estaba absolutamente calmado o con muy escaso oleaje. Puede que cruzáramos una siete u ocho veces, pero los resultados fueron satisfactorios, pues por aquella época estábamos realizando un monitoreo y control de las poblaciones de moluscos de interés marisquero en todo el Archipiélago. Así que mientras hacíamos nuestras mediciones de las lapas (varias especies que se comercializan en Canarias) también aprovechábamos para explorar los ambientes mas someros de la isla, hasta unos 10 metros de profundidad.
Esto me permitió, obtener datos sobre algunas especies de corales y muestras interesantes que todavía no he podido trabajar en detalle. Recuerdo con especial agrado algunas especies de anémonas incrustantes, llamadas zoantídeos, que llamaron mucho mi atención en aquel momento. Todo este grupo de corales blandos esta sujeto a gran controversia taxonómica porque se han estudiado utilizando características convergentes con otras especies para describirlas, y eso hace que se haya organizado un gran lío científico. Digamos, que no se conoce a ciencia cierta, nunca mejor dicho, el número de especies diferentes que hay en Canarias y los estudios genéticos no han resultado satisfactorios por el momento. Ciertamente, me había fijado que algunas especies observadas en esta isla tenían colores más oscuros, y formaban colonias de manera distinta a la de otras zonas de Canarias.
Todo esto acrecentó mi interés por conocer más sobre La Gomera, que además poseía el esplendido Garajonay, un espectacular parque nacional con unos bosques de laurisilvas maravillosos y poblaciones de aves y plantas únicas en el entorno de la Macaronesia. Una cosa lleva a la otra, y como disfruto integrando información científica y cultural, enseguida llamó poderosamente mi atención la relación de San Sebastián (la capital de la isla) con la historia del nuevo mundo, y el descubrimiento de Cristobal Colon.
La torre del Conde de la Gomera, y en general tienen una historia épica ensangrentada por varias muertes, en acto de servicio. Varios condes de La Gomera, Hernán Peraza el joven, que fue muerto por el guerrero Hautacuperche en 1488, anteriormente Guillen Peraza cayó en La Palma, a manos de los beahoritas de Tazacorte cuyo líder era Atomactoma. Esta torre también guarda una leyenda con visos de realidad por una historia que se cuenta de la señora de la Gomera, y el Almirante de la mar Oceana, título otorgado por los reyes católicos al insigne marino. Puede ser, solo podría haber sido, que vivieran un romance en esa torre del conde, o fortín donde los señores de la Gomera residían y afrontaban el difícil gobierno de una isla insurrecta durante mucho tiempo. Los gomeros, como a muchos otros pobladores canarios previos a la conquista castellana del archipiélago, eran hombres acostumbrados a vivir en sus comunidades y habitar su territorio de forma austera y adaptativa, no aceptaban fácilmente las imposiciones de los europeos.
Y claro, las rebeliones eran frecuentes, y en La Gomera, hubo varios levantamientos importantes, que mantuvieron a los aguerridos gomeros sublevados en armas contra el poder señorial y autoritario, impuesto en su bella isla. El caso es que el almirante, tuvo que abastecerse antes de partir al descubrimiento, y la señora Beatriz de Bobadilla y Ulloa (condesa de La Gomera y del Hierro), le facilitó el avituallamiento en varias ocasiones entre los años 1493 y 1498. Cuentan que se detuvo más de la cuenta en la isla antes de partir a las Américas, y que quedó absolutamente impresionado por la belleza de la condesa. Otros historiadores dicen que realmente, nunca llegaron a coincidir en la isla. Esta bella dama, se casó en segundas nupcias con el Adelantado Fernández de Lugo, conquistador de Tenerife y La Palma.
Mi relación con La Gomera, se estrecho cuando un intimo amigo de Ceuta se casa con una chica de la capital gomera, y un nutrido grupo de sus mejores amigos fuimos invitados a la boda. En esa ocasión conocí algo más del interior de la isla, y unos años más tarde en las visitas que hacía para saludar a mi amigo, hicimos alguna que otra excursión por el medio forestal de la mentada laurisilva.
El puerto y litoral de la capital están unidos fuertemente pues es una ciudad pequeña que se abre al mar y está rodeada de imponentes acantilados de lava de colores claros que al contacto con el mar se oscurecen e incluso se tiñen de rojo ladrillo.
Es un mar que bate incesantemente y no cesa de producir callados moldeados por la erosión del agua salada. El precioso faro blanco y rojo, domina el alto de San Sebastián, y se siente orgulloso de su sencilla y bella construcción, nada pretenciosa y acertada en sus líneas perfectamente armoniosas con el paisaje deslumbrante que lo rodea. Desde allí hice algunos buceos hasta cotas de 30 metros y exploré algunas zonas de penumbra en cuevas y cornisas. En ellas, observe un buen número de ejemplares de la rara anémona Telmatactis cricoides de variados colores; esta especie tan bella protagonizó un capítulo sobre etología en una guía que se edito en España hace unos años, donde tuvimos el placer de participar con dos aportaciones. Otras muchas especies de corales de menor tamaño se reparten por todos estos ambientes, en aquella época casi todo el medio superficial de Canarias estaba dominado por una especie de erizo de púas enormes, el famoso Diadema africanum, cubría los fondos fotófilos del archipiélago por doquier y se había convertido en una auténtica pesadilla ecológica. Hace unos años que esta situación se revertió y una epidemia los ha diezmado, ahora las algas suelen cubrir amplias zonas del submareal canario, y las zonas de penumbra también cuentan con praderas algales entre las que destacan sobretodo el grupo de las feofíceas (algas pardas).
De forma sorprendente, los fondos circalitorales gomeros son muy diferentes a todos los que conocemos del archipiélago canario. En vez de escarpes rocosos, nos encontramos con inmensas planicies ocupadas por preciosos fondos de rodolitos, algas calcáreas libres que formas los famosos lechos de anises que llaman los pescadores por su estridente olor cuando estas algas calcáreas están fuera del agua. Y en vez de arrecifes de rocas y grandes bloques el aspecto del fondo mesofótico es el de unas llanuras plenas de sedimentos arenosos con estos rodolitos colonizados tímidamente por preciosos plumeros de algas pardas del género Sphoroccnus, que debido a la corriente se mantienen pegados al fondo.

También se desarrollan sobre estos pequeños oasis duros, las mentadas algas calcáreas, grandes concentraciones de hidroideos que forman abigarrados plumeros de intenso color amarillento dando un llamativo contraste de coloración a estos entornos sumergidos. Todo tiene un aspecto algo espectral, incluso podrían intuirse los espejismos propios del desierto, querríamos ver aparecer grandes rocas y bajas en mitad de estas inmensidades. Algunas lacónicas estrella de mar de la especie Echinaster sepositus se pasean tintadas de rojo sangre, pero sin duda el espectáculo más impresionante e inesperado lo construyen unos larguísimos corales negros del género Stichopathes que a modo de espectros zoológicos van poblando de extraña belleza alienígena estos entornos desolados y completamente ignorados por los buceadores canarios. Todo esto lo puedo contar, no por mi experiencia propia en estas profundidades sino por las grabaciones artísticas y musicales de Rafa Herrero. Mucho queda por contar sobre biología y geología de la isla colombina pero no será en este relato.
Aquí termina mi contribución de hoy, lo quiero continuar en la próxima colaboración y así poder incluir imágenes reales de todo esto que motivó mi relato. Unido a otras letras de literatura científico-trascendental que dejo anotadas para una segunda entrega y encuentro amoroso con esta preciosa isla.






