Nunca es tarde para volver a subirse a un escenario. Y mucho menos para un ‘heavy’. Hace años era fácil encontrarse con uno en la calle. Esas camisetas, casi siempre más grandes de lo habitual; esas melenas, esa alegría, ese ‘walkman’ a toda pastilla, ese ‘cachi’ en la mano... No era difícil identificarlos. Con el tiempo, como pasa con las modas, la mayoría desapareció. Algunos se hicieron viejos de repente, otros empezaron a trabajar en una oficina... Los que tuvieron peor suerte (¿o mejor?) se sacaron una novia de buena familia que prefería a Ricky Martin antes que a Iron Maiden. Sin embargo, quedaron los que más sentían la música. Gente como los ceutíes José M. Aliaga ‘El Vikingo’ y Salavador Díaz. Tienen ya 40 años, siguen tocando con fuerza y todavía visten camisetas con los nombres de sus grupos favoritos. Esta noche, pasada la una de la madrugada, estos dos músicos y el resto de su banda, de nombre Hèllixir, debutan en La Sala.
Cuando eran mucho más jóvenes, ‘El Vikingo’ y Díaz tocaban en varias bandas. Cosas de la edad, ambos dejaron la música para trabajar y buscarse un futuro. Uno se hizo profesor; el otro bombero. Así pasaron casi 20 años.
Hasta que un día se juntaron para tomar unas cervezas. “Nos preguntamos: ¿por qué no volvemos a tocar”, recuerda Díaz, el batería. “Y decidimos que había que hacerlo. Empezamos a buscar un local y nos pusimos a preparar todo”. Poco a poco la banda tomó forma. Se incorporó Inma Lara, también “vikinga”, que pasó de cantar en la ducha a hacerlo con una banda detrás. También llegó Franci Aliaga, que se encarga de los teclados, y Antonio Mauricio, bajista. Dicen que los años no les han ablandado. Prometen dar “caña” con un sonido que ha “perdido” terreno frente a lo comercial






