Una familia residente en la barriada del Príncipe Alfonso, en Ceuta, está viviendo un auténtico infierno desde que hace cinco meses una persona adquirió la vivienda colindante a la suya, en la que viven desde casi 30 años.
Aunque en el catastro figura como vivienda única, lo cierto es que desde antaño se consideran viviendas independientes con sus propios suministros.
Tras toda una vida de tranquilidad, ahora viven un calvario del que El Faro se hace eco con el objetivo de frenar esta situación.
Molestias constantes
Según cuenta Mohamed Laarbi, inquilino de la vivienda afectada en este caso, su familia está siendo víctima de molestias constantes: golpes de madrugada, aporreos en la puerta exigiendo dinero y olores derivados de un corral de gallinas implantado en la azotea.
El nuevo propietario de ese inmueble, en un principio, exigía la vivienda situada en el Príncipe al completo, incluida la que ha habitado Mohamed casi toda una vida. Más tarde, les trasladó “haberles perdonado la vivienda”, pero indicándoles que le debían pagar un alquiler.
“Si tiene algún papel que justifique que ha comprado toda la vivienda, que nos denuncie, y el juez decidirá. Yo mañana mismo me iría”, asegura Laarbi.
Una terraza compartida
Finalmente, el nuevo propietario decidió que no les reclamaría la casa ni un alquiler, pero serían privados de acceder a la que ha sido la terraza compartida de ambos inmuebles durante largos años.
La familia de Mohamed necesita subir a la azotea para tratar problemas del techo, cuyas filtraciones se han convertido en goteras que calan en la vivienda, incluso intentaron abrir un acceso, pero la persona en cuestión colocó unas vallas que bloquean el paso.
“Hemos dicho de separar la azotea”
De esta manera, el acceso es imposible y el intento de solucionar las goteras provenientes del mal estado de la azotea se ha visto frustrado.
“Nosotros le hemos dicho de separar la azotea, y nada, no quiere”, dice Mohamed Laarbi con frustración.
Este vecino del Príncipe ha expuesto el caso en la Policía Local, cuyos efectivos le comunicaron que debía avisar al Seprona y que ellos mismos derivarían el expediente a Sanidad y Gobernación.
Acceso bloqueado a la azotea
El foco real del conflicto, y en el que ha hecho especial hincapié Mohamed, es la azotea de las viviendas. La familia afirma que siempre había podido acceder libremente hasta que, con la llegada del nuevo vecino, el paso ha quedado bloqueado.
Tiene montado un gallinero con palomas, gallinas y gatos corriendo detrás de ellas. Es insoportable, no descansamos”, relata el vecino del Príncipe, añadiendo que la convivencia se ha visto psicológicamente dañada.
Asimismo, esperan la intervención de asociaciones animalistas que puedan revisar la situación del gallinero.

Tensiones
La acumulación de tensiones ha derivado en problemas de salud en la familia. “Mi mujer ha ido hoy al médico por un ataque de ansiedad. No dormimos. Se acuesta a las 02:00 o 03:00 horas de la mañana y a las 06:00 horas ya vuelve a despertarse por el ruido”, lamenta Laarbi.
En cuanto a la situación legal del inmueble, señalan que la referencia catastral engloba las dos casas, pero que, según dicen, el nuevo propietario solo habría adquirido una de ellas.
“Un permiso para separar las azoteas”
Yusra Abdeselam, hija de Mohamed Laarbi, pide al Ayuntamiento una solución administrativa que, consideran, podría evitar un conflicto mayor, como sería un permiso para construir un muro que divida las dos azoteas y limite el contacto entre ambos vecinos.
“Lo único que pedimos es que nos faciliten el permiso para levantar un muro y que cada uno tenga su espacio. Así no habrá ruido ni problemas entre las familias”, explica Yusra.
Temen males mayores
Mohamed teme que, si la situación continúa igual, “pueda ocurrir alguna desgracia” debido a la tensión. Afirma que cada intento de entendimiento con el propietario “se olvida al día siguiente”, y que cada pocas semanas se repiten los episodios de enfrentamiento.
“Es un infierno”
La familia asegura estar viviendo un verdadero infierno, pues lejos de considerarse conflictiva, según cuentan, jamás habían tenido problema alguno con ningún vecino.
Mohamed y su hija insisten en que su objetivo no es iniciar un conflicto, sino recuperar la tranquilidad que, aseguran, habían mantenido durante casi treinta años de convivencia en el mismo domicilio.






Eso pasa por hacer dos viviendas de una referencia catastral como acostumbrais hacer
Ejemplo de buena vecindad en el barrio, que siempre lo arregla todo dialogando.