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El Jum

Por Ana Isabel Espinosa
17/01/2014 - 22:40
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El día después de reyes magos, con las cajas –vacías– de los juguetes, sobresaliendo de los contenedores de basuras, se dice que las campanas del Apocalipsis sonaron en Cádiz y que hasta en Ceuta puede que se oyeran. Hay un testigo del hecho, paisano mío, con audiciones movilísticas de prueba, de profesión carpintero, como aquel otro visionario, que no escuchó el fin del mundo, sino que inició una nueva era en él. El Jum es un seudo fenómeno acústico de impresionantes dimensiones, tanto que como ya les digo, dicen que repercutió en varias ciudades. No es nuevo, sino que hay localidades inglesas donde, según dicen, lo sufren desde hace muchos años.                                                        
Puede que la clave del origen de estos hechos, no sea otra que las filas de inmigrantes dispuestos a pasar, como sea, las vallas de Melilla, porque ese rugir agudo que se te mete en el alma y que hasta te despierta, para no poder volver a conciliar el sueño,  puede que provenga del miedo de algunos a las “oleadas de inmigración que vienen a caérsenos encima”, como dijo uno de los inventores de ese nuevo partido político que nace con el nombre de Vox, como la editorial de diccionarios. Las oleadas es lo que tienen, gente perdida sin rumbo, en mitad de la noche, grabados por los helicópteros con infrarrojos, sin alma ni concierto, meras figuras, una tras otras, acompasadas en pasos desiguales y muy tajados por el hambre.
También hay  miles de gaditanos tajados sin trabajo, “pero con internet”, como dicen que dijo la señora alcaldesa, que no entendía como corre el dinero para comprar megabits y no pan, sin que entendamos los ciudadanos como los hospitales se inauguran cuando va a haber elecciones y en cambio se practican tajadas de pícaro, cuando ya se han ganado.                    
Lo del Jum, The Hum, en inglés de Oxford, puede también que sea la mala conciencia de algunos, no del carpintero, con su móvil de enseña, ni de otros que dicen haberlo oído, sino la  de muchos que se están forrando los bolsillos con sus estrategias, muchos que mandan a un trabajador a pedir limosna, antes que reconocerles sus derechos. Por otra parte, como ya saben, si de vez en cuando les da por perder el tiempo conmigo, no le doy mucho crédito a lo del fin del mundo y menos en Cádiz, que se salva de todo, no porque seamos la tierra de María Santísima como algunos pretenden, sino porque como no sea por la voracidad de un tsunami,  que vaticinan tremendistas, aquí nos quedamos obsoletos y peripatéticos, otros tres mil años.                                                                                
La vida cambia para peor, para encogérsenos más encima nuestra y los partidos extremistas que llegan con la crisis, ya afloran, como las setas sobre tierra putrefacta y podrida. Hemos abonado nuestra limitación y hemos abandonado nuestros sueños, hemos pagado prendas al pregonero y sacado los trapos sucios a relucir al sol de enero. Nos hemos quedado secos y Gamonal no son más, Vox populi, que “alborotadores y gente mala, revenida que quiere sacarnos de nuestras casillas”. Miraremos para otro lado para no ver la carrera de inmigrantes, ni sus ojos llenos , ni su ansia de libertad, que nosotros no tenemos, porque no escucharemos las campanas del apocalipsis, que para eso tenemos entradas en los palcos de primera fila y reposaremos ajustándonos los binoculares, para ver bien al tenor cantado la novena aria, la de la despedida.
Machacarán nuestros huesos en polvo rancio convertido y lo impondrán en la frente de nuestros hijos, no para que se sientan mortales, sino para que no sueñen ni joroben, para que vayan mansamente en la fila, descarriados, uniformados, vencidos, sin gamonales , que hace perder el buen sino. El carpintero de la Calle Dacarrete, será uno más en las filas, porque gaditanea a dos pasos, como todos, móvil en mano, estrujándose los pies para llegar a fin de mes, escuchando en carnavales una copla que diga cómo grabó al Jum a dos manos, que para eso en Cádiz tenemos mucho arte, igual que tiramos cocteles Molotov para convidar a los guardias civiles , cuando hay en Astilleros algarabía.

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