Llevaba por bandera el socialismo. Nunca se escondió su honestidad ante la opinión pública. Fue leal a sus principios. Antonio Troyano era uno de esos políticos de pura cepa que nacen de casualidad. Ceuta fue testigo de su salto al mundillo y de su trayectoria ante los atriles. Marbella, lo fue de su dura despedida.
El docente y querido vecino dio su último adiós el 13 de octubre a los 78 años de edad. Detrás deja una estela de méritos y reconocimientos, así como los sentimientos de nostalgia en muchos allegados. A pesar de que han pasado unos días, a su hermano, Juan José, todavía le llegan vídeos e imágenes en las que aparece.
Lo recuerdan y, por eso, aún siente que está entre ellos. El retrato que dibuja de él es escueto, pero significativo. Más allá de su figura hacia el exterior, como persona era bondadoso.

Dispuesto a ayudar
“Ayudaba a todo el que acudía a él. Le daba respuestas e intentaba buscarle una solución a los problemas que él pudiera resolver”, explica. Si no estaba en su mano, le trasladaba dónde podía remediarlos.
No le pesaba estar para los demás. Cualquier momento era idóneo para sentarse a escuchar y echar un cable a quien lo necesitase. “Estaba disponible para todo el que lo quisiera. Su deseo era darle a la sociedad todo lo que pudiese”, añade.
Su actitud servicial no era lo único notable en él. Uno de sus rasgos más sorprendentes era su “memoria excepcional”, según cuenta. “Decía los nombres, los apellidos, las fechas de muerte y a qué edad fallecían los personajes históricos de la etapa anterior del socialismo”, expone.
“Le pregunté si se acordaba de algún compañero. Me respondía, ese es Antonio Fernández y lo conocí en tal año en Madrid”, detalla. “Eso se lo ha llevado con él”, comenta.
Amante del mar
Personificaba un amplio abanico de cualidades, entre ellas, su soltura con la tinta y el pape. “Tenía buena plumilla y la cabeza muy clarita. Su escritura era muy bonita, muy correcta. Poseía esa facultad de lectura y didáctica”, asegura.
Los discursos, los ideales y las palabras no eran sus únicas pasiones. Irremediablemente Troyano se veía cautivado por el mar. No diferenciaba entre una u otra estación del año.
Acudía a la playa para bañarse ya fuera invierno o verano. “Después de sus descansos cuando trabajaba en el instituto, cogía sus bártulos y se iba al Chorrillo, justo donde ahora está puesto el sistema de electricidad”, indica. “Ese era un punto de referencia para tomar el sol. Siempre estaba de cara a él entrecomillas”, señala.

Sindicalista y del PSOE
Antonio era, en primera instancia, maestro. Ejerció en el colegio de San Agustín y, más tarde, en el centro de secundaria Almina. La andadura más reconocida, la política, comenzó en terreno distinto a la misma. Lo que comenzó como una afiliación a UGT, se convirtió en su puente hacia la secretaría general del PSOE entre 1991 y 1997.
Antes de que llegara al punto álgido de su carrera, estuvo al frente del área de enseñanza en el sindicato. Pensaron en él para estar en las primeras filas de la formación política. Lo consideraban, con todo acierto, muy de izquierdas. Era un hecho innegable.
“Fue imposible fragmentarlo. Muchas veces, cuando le comentaba algo, me decía: ‘soy muy socialista, eso no puedo permitirlo’. Le respondía que estábamos ‘un poquito desviados del asunto’ y él contestaba que si el socialismo para allá y para acá”, rememora.
Esas charlas privadas eran la prueba fehaciente de que lo suyo no era pose. Era una creencia acérrima. “Leía muchos libros sobre los anales del movimiento en España”, asegura.

Socialista y crítico
El partido era por y para él, pero, tampoco permitía que se convirtiera en una debilidad en exceso. Durante sus últimos años, se mostraba inconforme ante la configuración del grupo en el presente.
“Él no quería dar su brazo a torcer al PSOE. Él, al ser una persona tremendamente equilibrada y honesta, no se prestaba a que ese movimiento tan raro que se produjo dentro de la formación”, menciona. “Él no lo veía. Decía que este no era en la que militaba y en la que creía.
“Cuando observaba cosas feas como las que se están divulgando, no le daba su apoyo. Expresaba que él no quería eso”, destaca. Ante el asunto, la procesión la llevaba por dentro.
Troyano nunca percibió en su fuero interno que la causa política fuese un medio para lucrarse “Nunca se enriqueció con nada ni con nadie, sino de su esfuerzo personal en la enseñanza y de su pensión”, puntualiza.
“Todo lo que escuchó al respecto le reventó en su interior”, asevera. “A mi parecer, era un socialista muy antiguo, pero con muchísimas ideas en dirección a hacia la sociedad como lo es la justicia”, aclara.
Artículos
El docente nunca se cerró puertas en la prensa. Ya fuera como entrevistado o como autor, compartía parte de su pensamiento y lo daba a conocer a los lectores en El Faro. Él fue quien opinó sobre la crisis del PSOE en 2016, una situación que le produjo inquietud.
Dio parte de sus valoraciones tras la decisión del Comité Federal, que favoreció la abstención del grupo en el Congreso. Indicó, en su día, que esa elección “facilita la continuidad de Rajoy al frente del Gobierno y en el partido se abren unas heridas que serán muy difíciles de coser”.
Su etapa como secretario general en Ceuta le brindó “buenos contactos” y “referencia en el Comité Federal”. Recalca que “fue el único que se levantó y dijo cuatro grandes verdades”.
Honesto
“Él no se callaba. Participaba de forma honesta. En cuanto no veía que se tomaba el rumbo perfecto, tomaba la palabra como secretario”, agrega. “Comunicó algo muy importante ese día en relación con que había que agitar las conciencias de los allí presentes en el grupo”, concreta.
“Era inquieto en el buen sentido. Era responsable de un partido y de una ideología que la asumía como muy suya”. Aunque se retiró y dejó atrás todo ese entorno, siempre estuvo en su mente un proyecto de semejante naturaleza.
Quería crear un grupo ciudadano al que cualquiera pudiese acceder para expresar sus opiniones. “Era un movimiento social. Crear un ambiente que hiciera partícipe a las personas”, expone.
Como hermano le recomendó que lo reflexionara detenidamente. “Le dije que él tenía buena voluntad, pero que quién lo iba a apoyar y a quedarse para llevarlo adelante”, manifiesta.

Fue futbolista
La faceta menos conocida de Troyano fue la de futbolista. Él jugó incluso en niveles más profesionales. Su juventud la pasó entre pases de balón en el campo del 54. Era portero de la Unión África Ceutí.
“Tenía una fotografía a en la selección norteamericana con otros tantos compañeros, Algunos eran íntimos amigos suyos”, afirma. “Estuvo en Sevilla y también tuvo sus pinitos en un equipo nacional. Según me enteré, era El Espanyol. Estaban detrás de él. Tenía 17 años entonces”, remarca.
No dejó descendencia ni se casó. “Era soltero y entero. Tenía muchísimas amistades”, relata. “Era solitario. Tenía una vida como de truhan”, especifica. Su hermano estima que, para Antonio, el libre albedrío era uno de sus tesoros.
Alegre, inteligente y lleno de principios, su rastro es imborrable ya aceptada su partida. “Ha dejado un hueco muy grande en mi persona. Como ser de luz que era, tengo que recompensarlo”, concluye.







Mi compañero y amigo del Almina. Genio y figura.
D. E. P. Amigo
Esto y muy triste al enterarme del fallecimiento de mi gran amigo Antonio lo quiero recordar cómo la gran persona que fue una persona muy querida por todo no tengo palabras lo siento mucho un abrazo para toda su familia descanse en paz
Una buena persona. Qed
Era mi profesor de ingles en el almina. Era dificil seguirle el ritmo (será q yo era lento en ingles) suspendí el ingles con el. Era un tío unico excepcional. Descanse en PAZ señor