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Donde cada segundo cuenta: así es un turno en Urgencias del Hospital Universitario

Eva Naranjo Domínguez, enfermera en el HUCE desde 2019, relata su experiencia y su día a día con motivo del Día Internacional de la Enfermería

En las primeras horas de su turno en Urgencias, Eva Naranjo Domínguez (enfermera desde 2019 en el Hospital Universitario de Ceuta) recorre con paso ágil los pasillos de un servicio donde cada minuto cuenta.

Con motivo del Día Internacional de la Enfermería, conversamos con ella para conocer desde dentro cómo transcurre una jornada marcada por la incertidumbre, la presión y, sobre todo, la vocación.

El turno arranca con un momento clave: el cambio de guardia. “El equipo anterior nos informa de los pacientes que están en nuestras salas de espera, qué les ocurre y qué procedimientos se les han realizado o quedan pendientes”, explica.

Es un intercambio de información esencial para garantizar la continuidad asistencial. A la vez, revisan espacios como críticos, pediatría y observación, además de comprobar los carros de parada, preparados para responder ante cualquier emergencia.

A medida que avanzan los primeros compases del turno, Eva deja claro que no todos los horarios son iguales. “El turno de día suele ser más duro por el mayor volumen de asistencias”, señala, aunque subraya que la noche tampoco está exenta de exigencia. En ambos casos, el trabajo está marcado por un elemento constante: la imprevisibilidad. “En Urgencias siempre existe el factor sorpresa; una urgencia vital puede aparecer en cualquier momento”.

Cuando la afluencia de pacientes se multiplica, la organización resulta determinante. “Utilizamos el triaje, un sistema que clasifica a los pacientes según su prioridad”, explica. Este procedimiento, basado en la gravedad, las constantes y los antecedentes, permite ordenar la atención y asegurar que cada caso reciba la respuesta adecuada en el menor tiempo posible.

Entre la presión y la toma de decisiones

La rutina en Urgencias está atravesada por momentos de máxima tensión. Eva reconoce haber vivido situaciones en las que la actuación debía ser inmediata: “Hay casos en los que la vida del paciente está en riesgo inminente, y son momentos muy duros”. Aun así, la experiencia le ha enseñado a reaccionar con firmeza.

“Intento centrarme en los pasos que hay que seguir; así consigo dejar los nervios a un lado”, comenta. La capacidad de mantener la serenidad en situaciones críticas es, según explica, una de las habilidades más importantes en su trabajo, ya que de ello depende en gran medida el resultado de la intervención.

En ese contexto, el triaje adquiere un valor aún mayor. “Todos necesitan ayuda, pero no con la misma prioridad”, insiste. La toma de decisiones rápidas y acertadas se apoya tanto en la formación como en la experiencia acumulada.

Aun así, el trabajo nunca es completamente individual. “Ante cualquier duda nos apoyamos en el equipo multidisciplinar”, explica. La coordinación con otros profesionales sanitarios permite reforzar la seguridad en cada intervención y afrontar mejor los momentos más complejos.

"Existe mucho compañerismo, y eso hace que en situaciones de alta tensión todo sea más fácil de gestionar"

El peso emocional del uniforme

Más allá de la técnica, el trabajo en Urgencias tiene una profunda carga emocional. Eva recuerda especialmente una experiencia al inicio de su carrera que la marcó: “Me hizo ver lo bonita pero dura que iba a ser esta profesión”.

El contacto constante con el dolor, la enfermedad y, en ocasiones, la muerte deja huella. “Empatizas con los pacientes y sus familias; a veces haces tuyos sus problemas”, reconoce. En su día a día conviven tanto la cara más luminosa (como el nacimiento de nuevas vidas) como la más difícil, la del final.

En este contexto, hablar de salud mental dentro del equipo se vuelve imprescindible. “Entre nosotros sí lo tratamos; nos desahogamos y compartimos lo vivido”, explica, rompiendo con un tabú que durante años ha estado presente en el ámbito sanitario.

Cuando el turno termina, llega el momento de desconectar. “Una buena ducha, estar con la familia y descansar”, resume. Pequeños gestos que ayudan a recomponerse tras jornadas especialmente intensas.

Una realidad poco comprendida

Eva considera que una de las grandes dificultades del servicio es la percepción externa. “Muchas veces llegan patologías que deberían atenderse en Atención Primaria, y eso termina colapsando Urgencias”, señala.

A pesar de ello, destaca el buen ambiente entre compañeros. “Existe mucho compañerismo, y eso hace que en situaciones de alta tensión todo sea más fácil de gestionar”, afirma. La relación con médicos y otros profesionales se convierte en un pilar fundamental del día a día.

Sobre el respaldo institucional, se muestra prudente pero clara: “Nos sentimos apoyados, aunque a veces haría falta más ayuda, porque es un servicio muy duro”.

"Ha habido situaciones en las que hemos temido sufrir alguna agresión, y en ocasiones hemos tenido que recurrir a seguridad o a la policía"

Al límite, pero en equipo

En cuanto a los casos más habituales, Eva explica que predominan aquellos que requieren analgesia y pruebas de laboratorio. Sin embargo, los más complejos son los que comprometen la estabilidad del paciente y exigen una actuación inmediata.

Cuando se producen situaciones excepcionales, como la llegada de múltiples heridos tras un accidente, el protocolo vuelve a girar en torno al triaje. “Es nuestra gran herramienta para saber por dónde empezar”, afirma. La coordinación del equipo permite incluso atender a varios pacientes de forma simultánea.

No obstante, también existen momentos de miedo. “Ha habido situaciones en las que hemos temido sufrir alguna agresión, y en ocasiones hemos tenido que recurrir a seguridad o a la policía”, relata.

Vocación en estado puro

A pesar de todo, Eva tiene claro por qué sigue en Urgencias. “Me gusta mucho mi trabajo; es un servicio donde la enfermería se desarrolla en cuanto a técnicas y habilidades”, asegura.

Sobre posibles mejoras, cree que siempre hay margen. “Es un ámbito que requiere debate y la participación de un equipo multidisciplinar para avanzar”, apunta.

Y si alguien se plantea seguir sus pasos, no duda en su respuesta: “Sí, la recomiendo, pero debe hacerse desde la vocación”. Porque en Urgencias, como demuestra cada jornada que comienza con un cambio de guardia, no solo se trabaja: se vive al límite de lo humano.

En Urgencias, donde el tiempo se mide en latidos y cada decisión puede cambiar un destino, profesionales como Eva Naranjo Domínguez sostienen, turno tras turno, una labor tan invisible como imprescindible.

Su historia, compartida con motivo del Día de la Enfermería, es también la de quienes eligen cuidar incluso en los momentos más inciertos, convirtiendo la vocación, la humanidad y el compromiso en el verdadero pulso de la sanidad.

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