R.E. se cargó de hachís. Fue a lo que se llama una guardería de la droga y ‘comió’ las bellotas que le facilitaron. Ese día había desembarcado en Ceuta y le quedaba tan solo volver a Algeciras, pero con algo más de peso.
Entre ese escenario y el pretendido se cruzó la Guardia Civil. Ahora tiene que cumplir una condena de 2 años de cárcel que no admite suspensión.
El Juzgado de lo Penal número 2 de Ceuta ha condenado a este marroquí residente en España por tráfico de drogas.
Por la cantidad, 2.158 gramos, la sentencia por delito contra la salud pública no es en su modalidad de notoria importancia.
Sí que se ha considerado su reincidencia en el delito, pero se ha tenido en cuenta también la existencia de una atenuante de colaboración con la justicia, al admitir, desde el primer momento, que estaba ejerciendo de culero.
Los 2.158 gramos de hachís intervenidos están valorados en 3.949 euros. El ahora condenado iba a servir de carga para dejar la narcótica sustancia al otro lado del Estrecho, en el punto de recogida que se indicara.
Pero esa parte de la historia es la que no se conoce porque no se investigó. Esta, la que integra esta crónica, ha terminado con el acusado cumpliendo prisión en Mendizábal. Una pena que, además, no admite suspensión por tener antecedentes por el mismo delito.
Los argumentos de su abogado, que señaló que lleva años trabajando en España, tiene familia y es toxicómano, no han variado la postura de su señoría. Es más, si no se presenta documentación que verifique su arraigo en España será expulsado.
R.E. ya fue condenado por sentencia de 17 de mayo de 2022 por un juzgado de Algeciras a 14 meses de prisión por un delito de tráfico de drogas.
Tres años después vuelve a escuchar por boca de otro magistrado una nueva sentencia condenatoria.
La detención que ha derivado en esta resolución judicial se practicó a las 20:30 horas del 4 de junio en la estación marítima, precisamente en el momento en el que iba a embarcar cargando 227 cápsulas de hachís. Sus nervios le delataron, después, su historial.
La ruta delictiva seguida por los denominados culeros es persistente, de hecho, este año ha repuntado notablemente.
A las ‘mulas’, personas que llevan adosada la droga, les siguen los culeros, quienes portan esas bellotas de hachís dentro de los organismos.
En este 2025 han sido decomisados más de veinte kilos de esta narcótica sustancia tras ser expulsada por quienes la portaban. Son los servicios más penosos para la Benemérita, y supone además una ruta que nunca termina de ser eliminada a pesar de los riesgos para la salud de quien se presta a ello.
Quienes se prestan a estas prácticas acostumbran a llegar a Ceuta en grupos y cumplen con un mismo perfil analizado por las fuerzas de seguridad.
En este año además de detenidos en el embarque, se ha procedido al arresto de culeros dentro de vehículos.
Una forma de intentar burlar las medidas de seguridad, ante la creencia de que no van a levantar sospecha alguna.
Los agentes, además de atender el comportamiento de los que terminan siendo detenidos, tiran de referencias, como, por ejemplo, visitas a Ceuta, antecedentes o coincidencias en los puntos de origen de quienes llegan en grupo para intentar irse en el mismo día de similar manera.
A pesar de ser una de las vías de pase de drogas más peligrosa para la salud de sus portadores continúa siendo de las más repetidas.
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