Habla Nora, la madre del pequeño de 10 años que fue brutalmente agredido, quien ha presentado una petición de manifestación en la Delegación del Gobierno, que se desarrollará el 21 de enero, a las 17.00 horas, desde la Plaza de la Constitución a la de Los Reyes. El lema: ‘Protestar contra la inseguridad ciudadana’ de forma pacífica

El pasado día de Reyes la vida de Nora Tbatou dio un giro completo. Un giro no deseado, de esos que terminan por convertir en desorden la normalidad de las rutinas. Su hijo Yusef, de 10 años, era víctima de un brutal atraco cometido por tres individuos de los que dos ya han sido condenados.

Sucedió a unos metros de su casa, situada en uno de los bloques de las recién estrenadas 317 viviendas. Le golpearon y arrastraron para robarle las dos barras de pan que había ido a comprar a la tienda del barrio y los únicos 4 euros que portaba, la ‘vuelta’ que debía entregar a su madre.

Nora, agradecida por la labor del Grupo III de la Policía Local, de la Justicia y del Hospital, no quiere que este episodio, que ha afectado de forma sangrante a toda su familia, quede en el olvido. Madre de cuatro hijos, ha presentado una petición de manifestación en la Delegación del Gobierno, que se desarrollará el 21 de enero, a las 17.00 horas, desde la Plaza de la Constitución a la de Los Reyes. El lema: ‘Protestar contra la inseguridad ciudadana’ de forma pacífica.

“Mi niño se está recuperando pero las lesiones psicológicas por lo ocurrido ahí siguen”

“Con lo de mi niño se ha hecho justicia, pero hay muchas más agresiones que se están produciendo en las barriadas. Este caso me ha afectado mucho, mi niño se está recuperando pero las lesiones psicológicas ahí siguen. Este problema nos afecta a todos, por eso he hecho este llamamiento a la ciudadanía, para que salga a la calle”, explica en una entrevista mantenida en su vivienda con FAROTV.

Yusef tiene pesadillas con lo ocurrido. El impacto de verse rodeado por tres adultos, golpeado, arrastrado y amenazado con armas blancas pasa factura en quien es solo un niño. Pero de forma indirecta ha afectado a toda la familia que intenta, como una piña, superar este trance. Nora deja claro que su convocatoria de manifestación así como su protesta no se dirige contra un colectivo en concreto, sino contra la propia inseguridad.

“Llega la noche y empieza el calvario, mi niño el 6 de enero, a las 15.00 horas, volvió a nacer”

“A mi niño no le atracaron unos MENA, eran tres indocumentados de Marruecos que se hicieron pasar por menores. Soy una madre desesperada porque esto le podía pasar a cualquier otro niño. Esto no termina aquí porque llega la noche y empieza el calvario para mí, mi vida ha dado un giro de 360 grados, mi niño el 6 de enero, a las 15.00 horas, volvió a nacer. Después de cogerlo del moflete, arrastrarlo por unas escaleras abandonadas, agredirle a punta de navaja para quitarle dos panes y cuatro euros… le propinaron codazos y rodillazos… Fueron dos pero hay un tercero cómplice que no ha sido detenido y que nunca ayudó a mi hijo. Los dos no tuvieron suficiente con la paliza que le habían dado a mi hijo que querían sacar otra navaja y ese tercero fue el que le dijo a mi niño ‘huye, huye’. Ahora quién me quita de la cabeza que no han querido asesinar a Yusef o tirarlo hacia el monte abandonado que hay al lado. Las barriadas las tenemos dejadas, con gente que campa a sus anchas”.

La vida de esta familia ha cambiado radicalmente. El pequeño sufre consecuencias físicas de la paliza, derivadas de los golpes recibidos, pero sobre todo vive con temor. Una sensación que, una semana después de los hechos, afecta a toda la unidad familiar.

Los dos condenados pasarán más de 5 años en prisión. La Justicia ha tenido en cuenta el agravante de superioridad. Eran dos hombres de más de 20 años, dos “monstruos”, como los califica Nora, que no dudaron en atacar a un pequeño de 10, para arrebatarle los pocos euros que portaba, a plena luz del día.

“Solo quiero que se haga justicia, que Juan Vivas se dé una vuelta por las 317 y vea el abandono”

“Son personas que solo quieren hacer daño”, expone la progenitora, que, emocionada, recuerda cómo se enteró del atraco a su pequeño. “Le mandé a comprar el pan a la tienda que tenemos al lado. Eran las tres menos diez, no regresaba y mandé a otro de mis hijos a buscarle. Vio al hermano que no podía andar, subió y me lo dijo. Cuando llegué apenas podía respirar, estaba llorando… Solo quiero que se haga justicia por todas las víctimas que han sido atracadas. Que el señor Juan Vivas se dé una vuelta por las 317 viviendas y compruebe que esto está abandonado, que los delincuentes campan a sus anchas. No hay derecho a que mi hijo salga a comprar pan y pase esto, que atraquen a los niños”.

Nora es una víctima indirecta más de esa suerte de sucesos que impactan en el ciudadano por la crudeza de los actos de quienes los ejecutan. Atracar de esta manera a un pequeño es inconcebible, como lo son otros actos que han coronado la particular crónica negra de esta ciudad. Niñas a las que les fracturan la nariz para robarles un teléfono móvil, que las lesionan para quitarles sus pertenencias… En algunos casos, como es este, se ha terminado por hacer justicia; otros, en cambio, siguen encerrados en el particular cajón de los asuntos no resueltos.

“A mi niño no le atracaron unos MENA eran indocumentados que se pasaban por menores”

“Mayores, pero también pequeños, son víctimas. Mi hijo psicológicamente está mal, se asoma a la ventana y cree ver a los que le atracaron, teme que cuando salgan de prisión vayan a por él. Gracias a Dios que está vivo”, explica, reiterando la rápida actuación de la Policía Local y de un ciudadano anónimo que colaboró activamente para la detención de los implicados que habían escapado ya hacia Los Rosales.

“Dio un frenazo en seco y uno de los individuos se asustó y cayó, los pudieron detener. Cuando los localizaron estaban a la altura del Matadero, tan tranquilos. Yo había dado parte inmediatamente a la Policía Local de lo que había ocurrido, pudieron actuar con rapidez para detenerlos y mi hijo los reconoció. Estaban junto a 7 u 8 personas tan tranquilos y al ver a la Policía empezaron a correr. Así pudieron ser detenidos, donde la antigua prisión”.

“Justicia existe en este país. No culpo a la Policía, porque hace su trabajo, culpo a los políticos que son los responsables de esta ciudad. Los ciudadanos ya no vivimos tranquilos. No quiero violencia, basta ya de esta delincuencia, de que esta gente campe a sus anchas. Hablo indignada porque me da miedo de que le pase a otro niño, hasta que a uno no le toca esto no sabe lo que es. Al delegado del Gobierno y al señor Juan Vivas les pido que le metan mano a este asunto. Mi hijo está vivo gracias a Dios, los ceutíes deben ponerse la mano en el corazón y luchar para que no haya más actos así”, reprocha.

“Después de quitarle dos panes y cuatro euros, le propinaron codazos y rodillazos”

El llamamiento de la familia Tbatou ha contado con el respaldo de muchos vecinos que le han ofrecido su cariño al conocer lo sucedido. También a través de las redes sociales ha existido una gran indignación por las connotaciones del suceso. Ha faltado la solidaridad de una clase política que ni siquiera, como resalta Nora, ha hecho una llamada para conocer el estado del pequeño, que ha requerido de varios ingresos hospitalarios.

“Mis hijos están traumatizados, no estamos tranquilos en el barrio, está abandonado, hay robos cada dos por tres. Somos ciudadanos que queremos vivir tranquilos, no mandar a nuestros niños a la tienda y que los agredan, como hicieron con mi hijo. Los ciudadanos debemos manifestarnos en contra la delincuencia y de la violencia, queremos estar tranquilos. A mi niño, que le peguen por dos barras de pan y 4 euros, ¿usted cree que hay derecho a esto señor Juan Vivas, delegado del Gobierno? Yo no digo que ustedes sean los culpables pero sí son los responsables de esta ciudad y tienen que limpiar las calles. Pedimos una Ceuta más segura, llega la noche y para mí es una pesadilla que no acaba, qué iban a hacer a mi hijo después de haberlo agredido, robado y tirado… mi hijo podría estar en Sidi Embarek, muerto”.