Sin comerlo ni beberlo se enfrentaba a una petición de condena por delito de receptación. Todo ello por haber comprado un patinete eléctrico robado que fue descubierto por la Guardia Civil cuando desembarcaba en Ceuta.
El joven Y.J. se vio envuelto en uno de esos líos derivados de compras de objetos de segunda mano en donde la confianza sobre su origen puede terminar jugando una mala pasada hasta sentarlo en el banquillo.
Y en su caso así fue. La Guardia Civil le hizo saber que ese patinete valorado en 600 euros había sido robado a su legítima dueña en Castellón. Ahora le tocaba a él ofrecer una explicación convincente para que su señoría supiera que no era uno de esos amigos de lo ajeno sino más bien alguien que pensó que la palabra de uno sigue siendo válida, sin que haya nada que temer.
En este caso, lo ha conseguido, ya que la magistrada titular de la Plaza número 1 de la Sección Penal del Tribunal de Instancia ha absuelto a este joven a quien, hasta el último momento, la Fiscalía le consideró culpable de una receptación que conlleva cárcel solicitando 2 años.
El patinete robado que descubrió la Guardia Civil
En sentencia, a cuyo contenido ha tenido acceso El Faro, se considera solo probado que Y.J., en fecha posterior al 9 de octubre de 2025, compró por 250 euros un patinete eléctrico a su propio jefe.
Era propiedad de una mujer que denunció en la Guardia Civil de Benicarló que se lo habían robado y que lo había adquirido en una tienda por 600 euros.
El acusado fue interceptado en febrero, tras bajar del ferry procedente de Algeciras, en posesión de ese mismo patinete.
El guardia civil que registró su vehículo resaltó que lo habían encontrado en el maletero del coche que conducía, encima el equipaje y que, cuando le indicaron que era robado, les dijo que lo compró de segunda mano a su jefe que trabaja en una peluquería en Castellón.
Un viaje a Marruecos que afloró el delito
Había desembarcado en Ceuta con la intención posterior de cruzar a Marruecos para pasar unas vacaciones con su familia, habiendo pagado 290 euros por él sin pensar que tuviera un origen ilícito. No pudo aportar papeles sobre una compra de la que, por la confianza con su jefe, nunca dudó, pagando en metálico.
Tirando del hilo, se pudo concluir que ese jefe a su vez había comprado el patinete a un cliente habitual que, dijo, era su de novia. Pero nada se sabe de ese cliente, ni de su pareja, solo que el acusado terminó picando por adquirir bienes basándose en la confianza y sin cumplir las medidas más básicas de seguridad para corroborar si lo adquirido tiene un origen oscuro.
El patinete estaba en buen estado y sin daños. A ojos de su señoría, se considera que la versión del acusado es creíble, por lo que ha dictado sentencia absolutoria.
El cierre de la instrucción fue tan prematuro que no se practicaron diligencias de investigación a fin de determinar o perfilar una posible implicación del jefe del acusado o de la tercera persona que lo vendió.
Verificar el origen antes de comprar
Sucesos como el que ha terminado llevando a un joven al juzgado se repiten con asiduidad, sobre todo cuando se estila la realización de compras sin verificar el origen del producto.
Esto lleva a que, sin conocimiento, se pueda estar adquiriendo algo robado. Cuando esto es demostrado por las fuerzas de seguridad, el señalado como delincuente se ve en la necesidad de ofrecer una versión creíble de cómo estaba en posesión de un objeto robado y si realmente sabía de ese origen ilícito.
Esa es la clave, si era partícipe de una cadena de compra basada en el engaño o si, simplemente, ha sido una víctima más de la cadena.






