Durante veinticinco años hemos dibujado en Acefep una línea en el tiempo. Una línea discontinua, marcada por el signo del gozo, pero también por la dificultad. Siempre con el objeto de luchar por los derechos y bienestar de las personas con problemas de salud mental.
Sin embargo, es ahora, cuando el destino implacable muestra sus cartas, el momento de exhibir nuestra energía contenida, la rabia, la capacidad de respuesta, el saber acumulado. Es ahora cuando la noción de sociedad debe manifestarse en toda su plenitud.
Sueño con que la medida del confinamiento dé los resultados esperados, y volver a experimentar el bullicio que ocurre en los locales de Acefep.
Allí, un grupo de usuarios encuentra un horizonte hacia el que dirigir sus pasos; forman una pléyade de estrellas luminosas, conectadas por los vínculos de la amistad; brillan al calor de los programas que les sirven de guía, y allí, el futuro de lograr un proyecto de vida independiente gana realidad.
La falta de esta referencia diaria, o costumbre, hace que estemos muy preocupados a raíz del confinamiento, y dadas las flaquezas de las personas con problemas de salud mental; nuestra familia.
Así que, como no sabemos cruzarnos de brazos, estamos dando vida a los programas con las posibilidades que ofrece la tecnología y la telemática. Para que los nuestros perciban que hay alguien a otro lado, y que esto es un mal sueño que tenemos que pasar, y que algún día quedará lejos, entre los recuerdos que no se han de tocar.
El bosque amenaza con hacerse ceniza, pero entre la luz apacible del sol y la lluvia incesante del buen hacer, germinará la flor de la belleza, y el árbol firme de la prosperidad echará raíces para siempre.
En cuanto a mí, estoy poniendo a prueba mi disciplina y entiendo la necesidad. Realmente es una situación con múltiples aristas, aunque hay algo positivo: es la primera vez que percibo cómo las personas se comportan como eslabones de la misma cadena; y esto, cuando menos, es motivo de esperanza.
Acabo de cumplir cincuenta años, la edad de la madurez según algunos filósofos, y quiero disfrutar de ella. Si hay algo extraño y placentero a la vez en todo esto, es que tengo tiempo para escribir un poco, para revisar mis esquemas y profundizar en mis ideas.
Yo también cumplo veinticinco años intentando dar con los secretos de la escritura, que me trasporten a otros escenarios. Busco cómo enhebrar el hilo eterno de la creación, pero todo esto se tendrá que demostrar.
En fin, tan solo enviar el mensaje de que Acefep está al servicio de la sociedad Ceutí, en estos días en los que la salud mental no encuentra la mejor medicina: la tranquilidad.
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