Nosotros en la Plaza de los Reyes.
Son recuerdos vividos como navegando por el tiempo, hablando de vivencias por los sustos y sobresaltos.
No me enteré que el hombre había pisado la Luna porque tenía tres años.
Con seis años si me enteré del asesinato de Carrero Blanco.
Con ocho años las abuelas vestidas de negro nos quitaron de jugar aquella tarde de junio en Ceuta con las bombas de la Comandancia de Marina y Hotel La Muralla.
Con ocho años rezamos en clase por la Marcha Verde.
Con ocho años escuchamos cañones al amanecer porque había muerto Franco.
Con ocho años después del entierro de Franco coronaron a los Reyes Juan Carlos y Sofía.
Con ocho años me operaron de amígdalas y aquello parecía la cornada de un torero.
Con once años escuché a 150 metros la bomba del Hotel Ulises.
Entre medias el "fenómeno Travolta" me disparató las feromonas.
Con doce años escuché la bomba del Ateneo hoy Comisaria.
Con trece años "todos al suelo" con Tejero.
Con catorce años el suceso del aceite de Colza desnaturalizado.
Con catorce años me recorría todo Hadú y las Carmelitas buscando una tienda de comestibles porque dieron las casas y no había donde comprar un refresco y una barra de pan.
No recuerdo la de ostias que me llevaba desde que ponía los pies en suelo por la mañana desde tus padres, al llegar a clase mientras no estaba la profe, en el recreo, al salir, en el barrio,
Al colegio por la tarde, en los callejones y emboscadas, y por supuesto las que repartía yo de lo lindo, porque había una frase que decía " si te pegan tu pega también ".
Entre medias aprendí a pegarme el lote en el fondo del cine Matinal del Africa así como en los portones del Polígono y esos dolores pubertinos de entrepierna que no te menees.
Con 17 años me fui a trabajar a Madrid y saber lo que era fumarte un cigarro paseando por la Gran Vía madrileña.
También me pegaba el lote con las madrileñas pero ya en sus casas.
Paquirri y el Yiyo encumbraron el arte de morir en una plaza
Luego me fui a San Fernando de marinero voluntario.
16 meses sirviendo a España con los buenos momentos, arrestos por un tubo y aprendiendo que es gerundio.
Por aquellas épocas ardía Chernobil.
ETA nos acribillaba todos los días a los nuestros por las Vascongadas y resto de la piel de toro.
Eso sí nunca nos invadieron.
Por toda esta mi reflexión y seguíamos saliendo cada mañana con la ilusión de cambiar la película en el video-club, grabar las canciones en un radio cassette o comprarnos un disco la víspera de Reyes.
Nuestros santuarios para el tonteo y la ilusión de conocer alguna chavala eran la Plaza de Africa y la Plaza de los Reyes para ir pensando en eso del Moonlight que era algo ya superior.
Por todo lo que he vivido, que me quiten lo bailao.
PD. Me decían "la juventud de hoy no vale ná".
Quizá los abuelos no se imaginaban lo que estaba por llegar.
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