La oenegé Ca-minando Fronteras ha publicado su informe Monitoreo, derecho a la vida 2025, en el que recoge las cuantiosas tragedias ocurridas en el ámbito migratorio que, en el caso de Ceuta, han quedado focalizadas en las figuras de los llamados nadadores.
44 personas murieron bordeando espigones. Sus casos forman parte de las 3.090 que perdieron la vida en las fronteras españolas, “en un contexto de aumento de las tragedias, consolidación de la ruta argelina y la aparición de nuevas rutas migratorias más largas como la de Guinea Conakry”, explica la entidad.
Entre el 1 de enero y el 15 de diciembre de 2025 se produjeron esas muertes en los cruces fronterizos de la Frontera Occidental Euroafricana, incluyendo 192 mujeres y 437 niños, niñas y adolescentes.
En la ruta del Estrecho hubo 139 muertes. La entidad además recoge 3 muertes ocurridas en la valla, todas de inmigrantes que querían cruzar a Ceuta en historias que no fueron dadas a conocer.
Hay otro dato estremecedor: el de la desaparición de 70 embarcaciones de las que no hay rastro, significándose el “aumento de los riesgos y de las condiciones extremas en los trayectos” que se ha producido.
Causas del aumento de las tragedias

Para la oenegé Ca-minando Fronteras, el aumento de las tragedias en las fronteras del Estado español responde a “la combinación de la omisión del deber de socorro, la activación tardía o inexistente de los dispositivos de búsqueda y rescate y la falta de coordinación entre los Estados implicados”.
“Estas dinámicas se ven agravadas por las políticas de externalización del control fronterizo, que trasladan la responsabilidad del rescate a terceros países con recursos limitados, así como por el endurecimiento de las condiciones de los trayectos migratorios, con rutas cada vez más largas y peligrosas, el uso de embarcaciones precarias y sobrecargadas y la emisión tardía de alertas, factores que incrementan de forma directa el riesgo para la vida”, añade.
Ca-minando Fronteras denuncia la existencia de un aumento y sostenimiento de la financiación a países terceros para frenar los flujos migratorios, expandiendo la frontera hasta los países de origen.
“Estos modelos de externalización llevan consigo una aportación económica por parte de la Unión Europea y de países a título individual que consolidan espacios cada más globales y letales que amplían los espacios fronterizos y multiplican los espacios donde la vida está amenazada”.
“La criminalización hacia las personas migrantes sirve para encubrir la responsabilidad de las instituciones. Los mecanismos que deberían garantizar y proteger los derechos humanos de las personas migrantes se emplean para perseguir a víctimas, familiares y organizaciones defensoras”, añade Ca-minando Fronteras.
Información sobre las rutas

La ruta argelina hacia el Estado español se consolida como la más transitada y peligrosa, superando a la ruta atlántica hacia Canarias.
Se han documentado 1.037 víctimas en 121 tragedias marítimas, y la conexión hacia Ibiza y Formentera aparece como uno de los cruces con más riesgo, con recorridos más largos y expuestos en una zona donde no hay proactividad de los servicios de salvamento que dificultan las operaciones de búsqueda y rescate.
Aunque en 2025 se observa un descenso en las llegadas por la ruta atlántica hacia las Islas Canarias, que registró 1.906 víctimas, “esta reducción se explica por la intensificación de los mecanismos de control migratorio y por la externalización de fronteras hacia terceros países, no por una mejora real en la protección del derecho a la vida”.
Este 2025, la entidad destaca “una incipiente nueva ruta desde Guinea Conakry, un trayecto de aproximadamente 2.200 kilómetros, 750 más que desde Senegal. Esta ruta es de riesgo extremo y supone una travesía de más de diez días en medio del océano Atlántico”.
El cruce del Estrecho también ha mostrado un aumento significativo de intentos de llegada y tragedias, con 139 víctimas, de las cuales el 24% son niños y adolescentes.
Los nadadores, desafiadores de la muerte

Ca-minando Fronteras dedica un capítulo de su informe a Ceuta, haciendo hincapié en el aumento significativo de intentos llegada y tragedias en el cruce. Habla de los nadadores, “los desafiadores de la muerte”.
“Nuestro Observatorio de Derechos Humanos ha documentado 139 víctimas, de las cuales un 24% son niños y adolescentes”, expone con datos refereridos al Estrecho, ya que los cuerpos recuperados en Ceuta han sido 44.
“La proporción de fallecidas pertenecientes a la infancia asciende este año respecto a 2024, que estaba en el 20%, este dato sitúa a la infancia y la adolescencia como uno de los grupos más afectados y vulnerables en esta ruta”.
“El método de cruce más frecuente continúa siendo el nado desde la zona del espigón de Tarajal. Los jóvenes se lanzan al mar de madrugada, aprovechando la niebla y la mala meteorología para evitar ser detectados por los sistemas de vigilancia. Muchos utilizan flotadores improvisados, pequeñas balsas neumáticas o, en el mejor de los casos, trajes de neopreno. No es raro que se produzcan intentos simultáneos de cientos de personas, incrementando exponencialmente los riesgos y la mortalidad asociada”.
Testimonios de nadadores: “Cada vez que lo intentaba sabía que podía morir”
En el informe de Ca-minando Fronteras se recogen testimonios de chicos que lograron cruzar a Ceuta tras periodos complicados.
“He intentado cruzar a Ceuta a nado varias veces, creo que unas siete en total. En algunos intentos me rendí porque el cansancio era demasiado. En otros, la policía me detuvo, me llevó al cuartel y me soltaron, después de darme un par de golpes, cuando mi madre vino a buscarme”.
“Cada vez que lo intentaba sabía que podía morir. El día que por fin crucé había mucha niebla, casi no se veía nada. Llevaba un neopreno y unas zapatillas. Éramos dos. Nadábamos media hora y descansábamos 15 minutos. Cuando el cansancio era demasiado, nos poníamos de espaldas y dejábamos que el agua nos llevara”.
“Lo más importante era no separarnos: si uno avanzaba más, el otro se paraba y lo esperaba. Sabíamos que si nos perdíamos, no sobreviviríamos. Estuvimos casi seis horas en el agua. Salimos sobre las cinco de la mañana y llegamos a la playa de Ceuta alrededor de las 10:30. Llegué destrozado. Me dolían los brazos, las piernas, la cabeza... mi cuerpo entero. Era como si ya no fuera mío, como si estuviera muerto por dentro. Pero durante todo el camino no dejé de ver la cara de mi madre. Me daba miedo no volver a verla nunca”.
Todo esto lo cuenta S.M., joven marroquí.
Las consecuencias de la Generación Z

En cuanto a las nacionalidades, la mayoría de quienes emprenden el cruce a Ceuta son niños, niñas y adolescentes marroquíes procedentes de zonas colindantes a la ciudad autónoma como Castillejos, Tetuán, Tánger, Ksar Sghir y zonas rurales del centro del país.
El descontento profundo y estructural de la juventud en Marruecos se manifestó durante este año con las movilizaciones de la llamada Generación Z por toda la geografía del país.
Este movimiento generado de forma espontánea y organizado a través de redes sociales tuvo el punto de inflexión tras la muerte en Agadir de ocho mujeres embarazadas en el hospital regional Hassan II.
Entierros e identificaciones

La oenegé Ca-minando Fronteras recoge en su informe cómo muchos de los fallecidos aparecen en la costa de Ceuta, lo que genera el desafío de la identificación, el enterramiento digno y que las familias puedan ejercer sus derechos.
La mayoría de los fallecidos se siguen enterrando en el cementerio musulmán, y los no identificados son registrados con un número.
Si posteriormente alguna familia logra localizar información, se realiza una prueba de ADN que se contrasta con las fotografías del cuerpo, de la ropa y con cualquier rasgo distintivo archivado en el juzgado.
La valla
En el informe publicado, la oenegé hace mención a la ruta terrestre que incluye los accesos a través de las vallas de Ceuta y Melilla.
“Durante este periodo nuestro observatorio ha documentado tres personas fallecidas en la valla de Ceuta: dos de nacionalidad sudanesa y uno camerunesa”.
“Dos de ellas murieron a causa de las heridas provocadas por la caída del vallado y la demora en el tiempo de auxilio médico, mientras que la tercera falleció, según los testimonios recopilados, a consecuencia de los golpes recibidos por parte de los servicios de control migratorio”, expone Ca-minando Fronteras.
“Estos hechos reflejan la persistencia de la violencia asociada a las prácticas de vigilancia fronteriza”, añade.
En el caso de Melilla, desde 2022, a raíz de la masacre ocurrida en el perímetro fronterizo y de las redadas sistemáticas en el lado marroquí, prácticamente no se han registrado cruces.
Por el contrario, en la valla de Ceuta continúan entrando grupos pequeños de personas, aunque lo hacen asumiendo un riesgo extremo para su integridad física.







Enésima onegeta que vive del dinero público. Si se acaba la inmigración, se les acaba el chollo. Porqué creéis que les interesa que siga?
Lo mejor es quitar cualquier impedimento y pagarle el billete de barco, avión o tren a todos los qe quieran venir al "Estao panol", y por supuesto costearle el resto de su vida todos los gastos en el estao pañol.
Nuestro amigos de las naciones históricas están deseando que les lleguen más y más como.bien sabemos.
Y como sabemos los del norte de África son los que más se integran. No se les ocurre crear sociedades separadas. No, no. Que va.