A sus 98 años, Agustín Marañés guarda en su memoria casi un siglo de vivencias y sabiduría. Ha visto cambiar el mundo, su ciudad natal, Ceuta, y hasta la forma de vivir, pero él mantiene intacta la lucidez y su forma de ser.
Cada día, sale con su señora a desayunar por las mañanas. Por la tarde, se da un paseo por las calles de la ciudad. Y, entre medias, aprovecha el tiempo haciendo manualidades, mirando sus recuerdos o ampliando sus colecciones.
Este viernes, Agustín nos ha abierto las puertas de su casa y nos ha enseñado una habitación en la que guarda de todo, desde diferentes colecciones hasta recuerdos de su vida, su familia y manualidades y obras de arte que él mismo realiza.

Una habitación cargada de historias
Sentado en su sofá, nos ha sacado álbumes de diferentes colecciones que ha ido haciendo a lo largo de su vida. Las había de todo tipo. Una de cupones de lotería, otra de billetes de países de todo el mundo, propaganda de películas de cine de hace décadas e incluso varios álbumes con sellos de Ceuta.
También nos ha enseñado un álbum familiar con recuerdos de bodas, bautizos y comuniones, así como un libro con papeles y datos de su padre.
Otras de las cosas que Agustín nos ha dejado ver han sido las manualidades que él mismo hace, como un barco realizado a raíz de una bellota o un muñeco con palillo. También tiene cuadros y muchos dibujos que ha venido haciendo desde hace años y que son dignos de admirar.
Para él, lo que guarda en esta habitación es “lo que yo he vivido durante tantos años como tengo. Yo no soy bebedor, ni tengo vicios. Entonces, desde niño empezaba a hacer cositas y tal y continúo, y espero todavía continuar unos pocos años más. Pero vamos, eso ya es cosa de Dios”.
Casi 100 años de vida
Agustín Marañés nació el 20 de agosto de 1927. Fue testigo de la Guerra Civil, la dictadura y la transición a la democracia. De lo primero, recuerda cómo “estuve en cola para coger alimento, porque estaba todo racionado”.
“Vi los bombardeos de Ceuta, no solamente naval, sino aéreo. También, el hambre que empezó a aparecer por todos sitios y vi enfermedades. Yo, por ejemplo, caí enfermo y creían que era tuberculosis. Pero resulta que no”.
Cuando tenía 24 años, abandonó su hogar familiar y se fue a Marruecos a trabajar en una conservera. También estuvo en una base americana de camarero y luego abrió una sastrería en Alhucemas.
Más tarde volvió a Ceuta, viajó por el mundo y tuvo la oportunidad de conocer muchos lugares. Por eso, hoy puede decir que, “de lo que yo he conocido, que he estado en Boston, Dinamarca, Inglaterra, Egipto, México… Donde mejor se vive es en España”. Aunque, “desgraciadamente, hoy la están echando a perder los políticos.”
Por otro lado, Agustín ha querido dar su opinión sobre la Inteligencia Artificial, expresando que “eso va a ser un problema grande en el mundo”.
Su secreto para vivir casi un siglo
A punto de cumplir 100 años de vida, no podíamos irnos sin preguntarle cuál es el secreto para llegar hasta aquí tan bien como él, aunque asegura que “no hay secreto ninguno”.
“Yo te puedo decir cómo he vivido. Soy una persona traumatizada, porque desde que tuve uso de razón, en la familia había ciertos problemas y claro, un niño es como la esponja, se queda con todo. No sabe el significado, ni sabe lo que puede traer un choque o una conversación, pero sí los guarda en su mente. Y entonces, conforme va uno avanzando en los años, esos recordatorios, porque eso nunca se olvida, encajan con un puzzle, encajan unos con otros”, reflexiona Marañés.

Antes de finalizar, le hemos pedido que nos dé un consejo de vida en base a su experiencia y lo tenía claro: “Que moderen la forma de vida que llevan hoy, que sean dadivosos y que sean corteses. Y que vivan pensando con el corazón y no con la cabeza”.
Agustín Marañés es una persona muy especial. Cuando se despide, lo hace con una sonrisa tranquila, como quien sabe que ha vivido mucho y bien y recordando que “yo amo a Ceuta, pero no lo digo. Lo he demostrado fuera”.
A sus 98 años, sigue demostrando que la verdadera riqueza no está en los años que se cumplen, sino en la vida que se llena de vivencias, aprendizajes y sentimientos.





